Biografía de Carlos Puebla

Manzanillo, ciudad nacida en las orillas del Golfo del Guacanayabo, en el oriente cubano, tiene el honor de ser la cuna donde naciera -el 11 de septiembre de 1917- Carlos Manuel Puebla, quien andando el tiempo llegaría a ser conocido como “El Cantor de la Revolución”. Hijo de un humilde matrimonio, por las circunstancias en que se desenvolvieron su infancia y juventud, tuvo que aprender y ejercer los oficios de carpintero, mecánico, obrero azucarero y zapatero; sin embargo, latente en su corazón estaba el artista, prueba de ello es que desde niño, cuando hacía el camino desde la casa a la escuela y viceversa, se acompañaba con su filarmónica, o cuando contemplaba extasiado las manos de los maestros de su hermana en el momento en que le enseñaban los acordes de la guitarra, gestos que más tarde trataba de imitar... así, de manera autodidacta, ayudándose de un extinto método “para aprender a tocar la guitarra sin maestro” , más tarde consultando simultáneamente a los maestros Pedro Estacio (Director de la Banda Municipal de Conciertos de Manzanillo) y Juan García (Maestro de piano) , o el “Método de Solfeo”, de Hilarión Eslava, llegó a ser el gran trovador que conocemos.

Ya en la década de los años treinta los manzanilleros tuvieron la oportunidad de conocer su obra difundida a través de la emisora local (CMKM).

Como casi todos, Puebla se inicia con canciones de corte romántico, algunas de las cuales se convirtieron no sólo en grandes éxitos, sino que forman parte del patrimonio musical cubano como son: “Quiero hablar contigo”, “Qué sé yo”, “Te vieron con él” o las popularizadas por el dúo de Clara y Mario: “Cuenta conmigo”, “Quién se lo iba a imaginar”, “Hay que decir adiós” y “Dejemos de fingir”, entre otras.

En la etapa pre-revolucionaria este prolífero autor comienza a producir sus primeros discos; también en esta etapa se hacen evidentes en sus canciones sus inquietudes sociales apareciendo en ellas fuertes denuncias de los males de la Cuba de entonces; pueden mencionarse, entre otras, “Plan de machete”, “Este es mi pueblo” y “Pobre de mi Cuba”, respecto a esta última hay una anécdota que revela la valentía del cantor en esos años de represión: Humberto Bravo, productor y director de la televisión, invitó a Puebla a participar en su programa “Esta noche en C. M. Q.”, programa en el que intervenían las primeras figuras nacionales y artistas extranjeros de paso por La Habana. El compromiso del cantor era el de interpretar tres canciones, luego de hacer las dos primeras, dedicadas al universal sentimiento del amor, cantó la guajira “Pobre de mi Cuba”, que terminaba con esta estrofa:

“Aquí falta, según veo,
un nuevo gesto mambí,
la palabra de Martí
o el machete de Maceo”.

Cuentan que al finalizar el programa nadie se atrevía a salir del estudio temiendo a la represión y sólo cuando comprobaron que afuera no los esperaba la policía, se atrevieron a retirarse.

En la década de los cincuenta, ya Carlos Puebla incursionaba en la Radio y la TV nacionales acompañado por “Los Tradicionales”, agrupación de pequeño formato integrada por: Santiago Martínez, Pedro Sosa y Rafael Lorenzo. En esta época ya habían “descubierto” el local de “La Bodeguita del Medio”, donde no ganaban ningún salario por interpretar sus canciones pero, como el mismo Puebla solía decir: “pasaba los ratos cantando con la barriga llena y el corazón contento”. Este lugar fue el escenario ideal para estrenar muchas de sus canciones, allí compartió con otros artistas y con importantes personalidades del mundo y allí se le recuerda aún como parte indisoluble de aquella historia.

La guaracha “Y en eso llegó Fidel” marca el inicio de una etapa diferente en la creación del Carlos Puebla, signada por las transformaciones que a partir del triunfo revolucionario del 1º de Enero de 1959 se operaron en el país; otras canciones fueron conformando la crónica de los acontecimientos más relevantes, se cuentan entre ellas: “La Reforma Agraria”, “Duro con él”, “Ya ganamos la pelea”, “Son de la alfabetización”. La obra revolucionaria constituyó fuente de inspiración para este hombre de fuerte raíz popular; sus cualidades de músico y poeta, unidas a su condición de artista comprometido con su tiempo marcaron de manera indeleble su obra toda.

En 1961 comienza su primera gira por varios países, le acompañan los textos de sus canciones, la música (exponente de lo mejor de los ritmos cubanos), la sabiduría y el gracejo popular y el prestigio de su pueblo; todo ello lo lleva a alcanzar el éxito, alcanzando una notable repercusión no sólo desde el punto de vista artístico sino también político. A ésta le suceden otras giras y el público de más de treinta y cinco países tuvo la oportunidad de disfrutar de las actuaciones de quien también fue conocido como el “Juglar de la Era Moderna”. Siempre acompañado por los inolvidables “Tradicionales”. Puebla visitó y actuó en grandes ciudades y pequeñas localidades, en fábricas y universidades, en majestuosos teatros y en escenarios improvisados, y siempre recibió los aplausos y el reconocimiento de los distintos públicos no sólo como artista sino como representante de su pueblo, de su Revolución. La antigua URSS, Polonia, Bulgaria, Portugal, Francia, Venezuela, Perú, Ecuador, Angola, fueron -entre otros-, países visitados por nuestro “embajador musical”, de ellos volvió siempre cargado de anécdotas, de nuevas canciones y de un sano orgullo de ser cubano.

A su Manzanillo natal, volvió siempre, generalmente durante la celebración de las Semanas de la Cultura y las Jornadas de Homenaje a su entrañable amigo, el poeta Manuel Navarro Luna –a quien dedicó dos hermosos boleros-. Veíasele entonces andar por toda la ciudad, fábricas, escuelas, parques y casa de vecinos, más, su sitio preferido era la Casa de la Trova (que hoy lleva su nombre), donde solía colocar un taburete en una esquina del patio y desde allí evocar amigos y acontecimientos, deleitarse con un trago del exquisito Ron Pinilla ( de producción local) y cantar, cantar, cantar ......

La noche en que Fidel dio a conocer al pueblo la carta de despedida del Comandante Ernesto Che Guevara, Carlos Puebla no pudo conciliar el sueño, estremecido por la noticia, se fue a su estudio y no salió de allí hasta haber concluído la que es, quizás, su más conocida canción: “Hasta siempre”. Cantada en diversos idiomas, interpretada por agrupaciones corales, orquestas sinfónicas, solistas, tríos...., se ha convertido en un himno, en un canto de amor y de esperanza.

Carlos Puebla dejó escrito un poemario de alrededor de 70 textos en los que a través del humor, la sátira, la crítica a la irracionalidad, nos relata un suceso trivial, un chiste, un hecho cotidiano, o critica algún mal social. Es esta una faceta poco conocida de este hombre excepcional.

El 12 de julio de 1989, luego de una larga enfermedad, que no pudo vencer su carácter jovial y dicharachero, fallece Carlos Puebla en La Habana. Sus restos fueron trasladados a Manzanillo, su ciudad natal, el 11 de septiembre de 1994, y allí reposan en la Necrópolis Municipal en un panteón de mármol coronado por dos versos suyos que rezan:

“yo soy ésto que soy
un simple trovador que canta”

Desde esta humildad que siempre le caracterizó, desde su condición de artista revolucionario, desde su raíz y su voz de pueblo, Carlos Puebla continúa cantando

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