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Los Prisioneros
LOS PRISIONEROS 
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BIOGRAFÍA DE LOS PRISIONEROS

Los Prisioneros fueron una banda de rock chilena considerada como la más influyente e importante de su país. Además es referida como una de las agrupaciones de rock más importantes e influyentes de Latinoamérica. Formada en San Miguel, estuvo constituida desde 1983 por Jorge González (voz y bajo), Claudio Narea (guitarra y coros) y Miguel Tapia (batería y coros). Al comienzo, el grupo desarrolló un simple sonido punk con matices de new wave, luego se acercaron al tecno pop, haciéndose conocidos en la década de 1980 por canciones en que criticaban diversos aspectos de la contingencia en Chile y el resto de Iberoamérica, siendo utilizadas por la gente como herramientas de protesta contra la dictadura militar de Augusto Pinochet, despertando a una generación oculta. Por ello fueron vetados en los principales medios de su país hasta el retorno de la democracia en 1990, coincidiendo con el primer quiebre de la banda.

Claudio abandonó la agrupación a principios de la nueva década, y en su reemplazo se incorporaron Cecilia Aguayo (teclados y coros) y Robert Rodríguez (bajo y coros) hasta 1992, fecha en que Los Prisioneros se separaron. En esta primera fase Los Prisioneros publicaron cuatro álbumes, tres de ellos incluidos dentro de la lista de los 50 mejores discos chilenos de la historia según la revista Rolling Stone: La voz de los '80 (n.º 3), Corazones (n.º 9) y Pateando piedras (n.º 15). La canción «Tren al sur» fue elegida por los lectores de la revista digital Satélite Natural como la séptima mejor canción del rock latino de todos los tiempos mientras que su videoclip fue nominado en la categoría de «Mejor video latino» para los MTV Video Music Awards 1990. De igual manera, «We are sudamerican rockers» fue el primer vídeo emitido para la filial de MTV Latinoamérica en octubre de 1993.

En 2001 la formación original se volvió a reunir, ofreciendo dos conciertos en el Estadio Nacional con más de 140 000 asistentes en promedio. Durante los dos años siguientes realizaron giras en todo Chile con alrededor de 200 000 espectadores, Latinoamérica, Estados Unidos y España. Hasta 2003, sus álbumes vendieron más de 800 000 copias, con más de cuarenta discos de platino en Chile, un millón de discos vendidos en el extranjero, cerca de 15 millones de unidades. Ese año Narea fue despedido la banda. González y Tapia decidieron continuar con nuevos integrantes, pero finalmente Los Prisioneros se disolvieron en 2006, esta vez de forma definitiva.

Historia

Formación y primeros años (1979-1985)

A los trece y catorce años de edad, Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia entraron a primero medio, siendo compañeros de sala, en el Liceo 6 (actual Liceo Andrés Bello) de la comuna de San Miguel, en Santiago, en marzo de 1979. Jorge inició una amistad con Claudio, pues a ambos les gustaba el grupo Kiss. En 1980, los dos junto con los hermanos Álvaro y Rodrigo Beltrán (vecinos de Claudio), crearon Los Pseudopillos, cuyo nombre surgió en clase de biología, cuando su profesora mencionó la palabra «pseudópodo». Este era un cuarteto vocal con el que grabaron más de un centenar de canciones humorísticas escritas principalmente por Jorge y Claudio, empleando únicamente objetos caseros como percusión. Paralelamente, Jorge se juntaba a componer con Miguel. Los dos tenían planificado un proyecto musical más en serio y querían ser famosos como The Beatles. Inspirados en la dupla Lennon-McCartney (que, erróneamente, creían que se dividían las labores de composición), Miguel escribía la letra de las canciones y Jorge componía la música en piano o guitarra, pero al poco tiempo Jorge decidió hacerse cargo también de los textos. Claudio, viendo que Miguel se refería a los Beatles como «Los Escarabajos», los bautizó como Los Vinchukas haciendo referencia a la vinchuca, mencionado también en clase de biología. Posteriormente, invitaron a Claudio a unirse a la banda, y poco después, se unió Álvaro Beltrán. Además la banda consiguió su primera batería, que le había pertenecido a un grupo de cumbia, comprada gracias a un préstamo obtenido por la hermana de Miguel.

El cuarteto hizo su debut en vivo el 14 de mayo de 1982 en su colegio. Dos meses después se volvieron a presentar en el Liceo 1 de Niñas, también de la comuna de San Miguel. A fines de ese año, el grupo tuvo sus primeras diferencias a causa de un pedal de bombo, lo que ocasionó la salida de Claudio y Álvaro a pocos días de egresar de cuarto medio. Narea estuvo alejado de Jorge y Miguel alrededor de tres meses. Un día, su amigo y ex compañero del liceo, Roque Villagra, visitó a Claudio y lo convenció para que se reconciliara con sus amigos y regresara a la banda.

Los Vinchukas, ahora convertidos en un trío conformado por Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia, estaban decididos a dedicarse a la música de lleno, por lo que optaron por usar un nombre más serio en esta nueva etapa. Primero escogieron «Los Criminales», pero al día siguiente Miguel sugirió que se llamaran «Los Prisioneros». El 19 de diciembre de 1986, el mismo Miguel registraría el nombre con el giro de «grupo musical» en el Ministerio de Economía, quedando como marca de su propiedad. La primera vez que tocaron bajo el nombre Los Prisioneros fue el 1 de julio de 1983 en el Festival de la Canción del Colegio Miguel León Prado.

En marzo de 1983, Jorge ingresó en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile para estudiar licenciatura en música. Allí conoció a Igor Rodríguez (futuro miembro de Aparato Raro), Robert Rodríguez (futuro miembro de Banda 69) y a Carlos Fonseca. Con este último hicieron amistad rápidamente y poco después le planteó a Jorge ser el mánager de su banda. Muy pronto, González dejó la carrera para enfocarse en el grupo, mientras que Fonseca también lo hizo para descubrir a nuevos talentos. Éste tenía un programa en Radio Beethoven llamado Fusión contemporánea y tenía pensado hacer un especial para fin de año con artista chilenos nuevos. Jorge llevó una canción grabada en una radio-casete de su casa y la presentación en vivo de la banda en su colegio. Asombrado cuando escuchó estas canciones, convenció a su padre, Mario Fonseca (propietario de la disquería Fusión), de que la banda tenía proyección a futuro, y éste decidió invertir dinero en el proyecto. Cuando Carlos conoció a Narea y Tapia, sugirió reemplazar a Claudio, ya que consideraba que éste no era un buen guitarrista. Sin embargo, Jorge y Miguel se negaron, ya que los tres formaban Los Prisioneros. En noviembre, la banda graba los primeros demos en un estudio amateur armado por Carlos en el segundo piso de Fusión.

En diciembre, Fonseca presentó «La voz de los '80» y «Brigada de negro» en su programa radial. Además, habló favorablemente de la banda para la revista Wikén —suplemento de El Mercurio— en la nota sobre el especial de Radio Beethoven, y en abril de 1984, escribió un artículo sobre Los Prisioneros en la revista Mundo Diners Club, bajo el nombre de Alberto Velazco.

La voz de los '80

El 13 de diciembre de 1984 lanzaron su primer álbum en formato casete, La voz de los '80, bajo el sello independiente Fusión, producido por el propio González, aunque éste lo acreditó a nombre de la banda. Todos los temas fueron escritos, compuestos e interpretados por Jorge González, a excepción de «¿Quién mató a Marilyn?», escrito por Miguel Tapia y, el vocalista principal de la canción. El disco se grabó inicialmente y en su mayor parte en el estudio de Francisco Straub, pero se terminó y mezcló en el Estudio A de Alejandro «Caco» Lyon, donde igualmente se grabarían los dos discos siguientes. «Ese fue un casete que grabamos sin tener ninguna experiencia, tanto nosotros como los técnicos», señaló Miguel Tapia a la revista Super Rock: «Nadie entendía bien la idea de sonido que envolvía el pop y por eso pienso que muchas canciones que están ahí podrían haber rendido más; pero para ser un verdadero experimento, pensamos que estuvo bien, aunque ahora lo veamos todo desde otra perspectiva».

El periodista y escritor de la biografía no autorizada de Los Prisioneros, Freddy Stock, en la revista Rolling Stone Chile señaló a La voz de los '80 como el disco más importante del rock chileno, asegurando que es el primer álbum en la historia musical de Chile que mezcló la ruptura social con la fuerza del rock. «Cada canción del disco es resentimiento. Es un álbum agnóstico en esencia, desconfiado, simple, directo e irónico y, por esto, intensamente rocanrolero. Llamó a no ir detrás de un líder ni creer en la representatividad en dictadura. Vaya osadía. Pero también disparó contra la cultura en masas ("Mentalidad televisiva"), el amor ("Paramar"), las tribus juveniles ("Brigada de negro"), el hedonismo machista ("Sexo"), o en los chantas acomodados ("Nunca quedas mal con nadie")».

Se editaron mil copias de esta primera edición de La voz de los '80 y se agotaron seis meses después ya que los medios de radio, prensa y televisión acogían principalmente a artistas argentinos. Apenas tuvieron rotación por Radio Galaxia y tuvieron intervenciones televisivas solo en Sábados Gigantes, Canal 11 y la sexta edición de la Teletón. Fue en este último evento donde la banda sufrió su primer episodio de censura: mientras interpretaban el primer sencillo del álbum, «La voz de los '80», Televisión Nacional de Chile, en ese entonces controlado por la dictadura militar, sacó la señal del aire y emitió publicidad. Según Narea, los militares habían considerado que Los Prisioneros podían ser peligrosos para la estabilidad del régimen de Pinochet.

A mediados de agosto de 1985, Carlos Fonseca consiguió una cita con Julio Sáenz, un argentino afiliado del sello EMI que estaba interesado en editar a bandas chilena, es así como Los Prisioneros junto con Aparato Raro (quienes también eran representados por Fonseca) obtuvieron un contrato discográfico y para celebrarlo, organizaron un concierto en el Teatro Cariola, con el grupo Cinema de invitados. En esa presentación Los Prisioneros hicieron debut con los teclados y presentaron temas nuevos, algunos de los cuales que formarían parte del segundo álbum. En octubre, EMI reedito La voz de los '80 en todo Chile, vendiendo 105 000 copias. El segundo sencillo, «Sexo», tuvo mejor acogida en las radios aunque no llegó a los primeros lugares, de acuerdo a revista Vea, especializada en las listas musicales de Chile en esa época. Mientras que en la televisión, la canción era prohibida por su título, esto molestaba a Jorge, ya que se encontraban promocionando su segundo sencillo, a causa de esto, abandonaron el estudio de Martes 13 cuando no les permitieron tocar «Sexo» pese a tratarse a una crítica a la banalización del cuerpo; enemistándose con la estación televisiva Universidad Católica.

La consolidación (1986-1989)

Pateando piedras

El 15 de septiembre de 1986 lanzaron su segunda producción, Pateando piedras. El grupo pasó del sonido simple de guitarra, bajo y batería de su disco predecesor al tecno. Este trabajo se destacó por un sonido mucho más sintético y elaborado, con la abundante utilización de teclados, sintetizadores, secuenciadores, samplers y baterías programadas. Claudio en su autobiografía indicó: «Siete de los temas no tienen bajo, sino bajo teclado. Todas las baterías son programadas y tres de los temas no tienen guitarra». Narea no se sintió cómodo con esta nueva forma de trabajar, por lo que se limitó a grabar únicamente las partes de las guitarras; después se escapaba para visitar a quien sería su futura esposa, Claudia Carvajal, mientras Jorge y Miguel seguían grabando y mezclando en el estudio. De este trabajo salieron temas como «Muevan las industrias» sobre la cesantía, «¿Por qué no se van?» dedicado a los artistas snob y «El baile de los que sobran» sobre la desigualdad en la educación. La última canción es considerada una de las más emblemáticas de la música popular chilena de los años 1980, y tuvo resonancia en parte de Latinoamérica. Patricio Urzua en Rolling Stone Chile, señaló que «lo más llamativo del disco era el sonido electrónico que insinuaba "Estar solo" o los ladridos sampleados de "El baile de los que sobran". En ciertos círculos, esto acarreó comparaciones inmediatas con Depeche Mode. Más allá de esta novedad que para entonces era cegadora, las guitarras seguían mandando en el sonido del trío: el riff de "Quieren dinero" no desentonaría en la banda sonora de un spaghetti western, lo que de nuevo habla de la inteligencia de la banda».

El álbum vendió 5 000 copias en los primeros diez días de su distribución —un récord jamás alcanzado por un grupo musical juvenil de Chile—, y, a dos meses y dos días de su lanzamiento, obtuvieron un segundo disco de platino con 20 000 copias vendidas, algo que no se había logrado con ningún artista desde la llamada Nueva Ola. En noviembre lanzaron el disco de forma oficial en dos presentaciones en el Estadio Chile, con la asistencia de más de 11 000 personas. El grupo rompió otro récord al llenar dos veces consecutivas el recinto. En ese momento de éxito fueron invitados, junto con la banda chilena Valija Diplomática, para actuar al Festival Internacional de Montevideo Rock de Uruguay. Publicaron sus discos en ese país, pero pasaron casi desapercibidos, por lo que no regresaron. A finales de ese mismo año actuaron en el programa infantil Patio Plum, en un episodio titulado «Los amigos rockeros», presentación que fue muy significativa ya que en ese entonces, a pesar de su gran popularidad, Los Prisioneros estaban prácticamente vetados de la televisión chilena.

En febrero de 1987 quedaron fuera de la edición XXVIII del Festival de la Canción de Viña del Mar pese a ser el grupo más popular de Chile de acuerdo a informaciones especializadas, yendo en su lugar el grupo de la misma nacionalidad, Upa!. En esa edición se presentaba el grupo argentino Soda Stereo, quienes gozaban de la misma popularidad que el trío sanmiguelino en Chile, con la diferencia que Soda Stereo tenía acceso a los medios masivos que les cerraban las puertas a Los Prisioneros, por lo que en esa época era habitual que éstos se burlaran y criticaran a la banda liderada por Gustavo Cerati en conciertos y entrevistas. Dos décadas después admitieron que solo hablaban por envidia, e incluso, reconocieron su admiración por Soda Stereo y que les ganaron en cuanto a popularidad en toda América.

En marzo se presentaron en el Festival Chateau Rock de Córdoba y posteriormente en el Estadio Obras de Buenos Aires, Argentina. La banda casi no gustó al público, obtuvieron malas críticas, mientras que la prensa de ese país solo les preguntaba por Pinochet. Diferente fue el escenario en Perú, donde tres de sus canciones estuvieron dentro de los diez primeros lugares. «El baile de los que sobran» ocupó el primer lugar por más de seis semanas. En septiembre tocaron ante 14 000 personas en la Plaza de toros de Acho de Lima, y en Ecuador, donde también tuvieron un éxito similar, tocaron para 7 000 en el Coliseo Techado de Guayaquil.

La cultura de la basura

En octubre empezaron a grabar su tercer disco, que en un principio iba a ser un álbum de versiones de intérpretes como Raphael, Nicola di Bari, Camilo Sesto, Salvatore Adamo, Sandro, entre otros. Pero finalmente se decidió grabar un álbum con canciones originales, titulado La cultura de la basura. Este trabajo contó por primera vez con Narea y Tapia como compositores. Jorge les prometió que iban a componer los tres juntos, pero finalmente él lo hizo por su lado, mientras Claudio y Miguel trabajaban codo a codo. De esta dupla salieron cuatro canciones, todas incluidas en el disco: «Somos sólo ruido», «Algo tan moderno», «El vals» y «Lo estamos pasando muy bien», tres de las cuales son de autoría de Narea. Claudio incursionó por primera vez como cantante, siendo el vocalista principal en «Lo estamos pasando muy bien» y «El vals». Mientras grababa esta última canción, Caco le insistía que tenía que afinar más la voz, pero el guitarrista no podía. Lyon recuerda la grabación como un «parto». Por su parte, Jorge compuso un total de diecisiete canciones, por lo que debió descartar varias, entre ellas, «Lo estamos pasando muy mal», un siniestro spoken word sobre un agente de la CNI que ?b? narrando en primera persona la misión que tenía de asesinar a un dirigente opositor a la dictadura. Cuando Max Quiroz (ejecutivo de EMI) escuchó la canción, le dijo a Caco Lyon: «Viejo, si esto lo sacamos, nos vamos todos a la cárcel».

Los Prisioneros venían de haber sacado un disco exitoso y ya eran reconocidos en Latinoamérica, lo que ocasionó que perdieran el orden interno. Esto no fue del agrado de Caco Lyon, que, además, ya se encontraba produciendo a Mazapán, Cecilia Echenique, Eduardo Gatti, entre otros. Al ver que en el estudio ya no existía la misma coordinación de los trabajos anteriores, decidió retirarse y dejar a cargo a su ayudante, Antonio Gildemeister, apenas un novato. Esto dio como resultado un sonido bastante «sucio». El líder y el mánager de la banda también tuvieron sus desencuentros para la elección del primer sencillo. Jorge quería que fuera «Que no destrocen tu vida», inspirada en la difícil relación que tenía Claudio con sus padres por esos días, mientras que Carlos —quien elegía los sencillos— prefería «Maldito sudaca». Al final se escogió la primera.

El álbum salió el 3 de diciembre del mismo año. Si bien empezó vendiendo 10 000 copias en su venta anticipada, no tuvo el resultado esperado por los fans y tampoco por Los Prisioneros, con solo 70 000 copias vendidas, la prensa lo consideró como el primer fracaso artístico y comercial de la banda, a pesar de haber sido certificado con doble disco de platino. Para González, el disco no fue ningún fracaso, pero sí, el punto bajo de la banda, mientras que Carlos Fonseca culpó a Claudio y a Miguel, ya que, según él, Jorge se relajó cuando ellos se pusieron a componer. Un crítico de la revista Rockaxis comentó: «El disco, que podríamos definirlo como de rock-pop, con mucha experimentación, es más extenso y complejo que los anteriores, lleno de rarezas, gritos, ruidos, trompetas, pero nunca dejando atrás su irreverencia e ironía frente a la sociedad. A pesar de que este disco no logró el impacto social de los otros dos, es quizás el elepé de mayor calidad, variedad y de madurez composicional por parte de Jorge González y en general de todos sus integrantes».

Fonseca consideraba que «Lo estamos pasando muy bien» era un tema genial, pero las otras tres composiciones de Narea y Tapia eran como «mostrar la hilacha», señaló. Por lo tanto, esta canción fue la única del dúo que se incluyó en la edición latinoamericana del disco, editado en 1988. De las canciones de Jorge se eliminaron «Otro día» y «Poder elegir». Se remezclaron algunos temas con un sonido más limpio, mientras que otros se grabaron nuevamente. «Lo estamos pasando muy bien» fue regrabada en la voz de González en lugar de la de Narea. Además, se agregó una nueva canción para abrir el disco en reemplazo de «Somos sólo ruido»: «We are sudamerican rockers». En total, la versión latinoamericana tenía solo diez temas, cuatro menos que la edición original. Este álbum no se llegó a editar en Chile, al igual que el álbum recopilatorio exclusivo para el extranjero, titulado Los Prisioneros (reeditado por EMI Music Colombia en 2006, bajo el título Serie 10) que compone temas de La voz de los '80 y Pateando piedras, publicado en 1988 también. Se regrabaron algunas canciones, principalmente del primer álbum, tales como «Sexo», «Paramar», y «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos». Esta versión de «Sexo» fue utilizada para la realización del vídeo musical del mismo tema, bajo la dirección de Cristián Galaz, filmado en la casa de Jorge ubicada en Parque O'Higgins. Fue estrenado en mayo de 1988 en el noticiero clandestino Teleanálisis. Diez años más tarde, este videoclip fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana, Cuba.

Plebiscito y gira latinoamericana

El 28 de marzo de 1988, Los Prisioneros realizaron una conferencia de prensa en el cine El Biógrafo para anunciar la gira promocional de La cultura de la basura que abarcaría cuarenta fechas de Arica a Punta Arenas y que, más tarde, seguiría por Sudamérica y México. Concurrieron periodistas, fans, y el invitado especial: Julio Sáenz, director regional de EMI, que estaba de paso por Chile para ver al grupo fenómeno de la disquera. Cristián Rodríguez, ex dependiente de la disquería Fusión, invitado por Miguel, fue el último en hacer una pregunta, consultándole a Jorge sobre el plebiscito que definiría la continuidad de Pinochet en el poder, convocado para el 5 de octubre de ese año. González respondió de inmediato: «En el plebiscito votaremos que no». Hubo un breve silencio en la sala y luego una ovación para el vocalista, que no pensó en las consecuencias que traería su respuesta. Las declaraciones repercutieron en que de los cuarenta conciertos programados en Chile, solo pudieron realizar siete. Los recintos controlados por los militares les cerraron sus puertas y lo mismo hicieron otros tantos por temor a represalias, por lo que solo pudieron actuar para particulares, iniciando el 19 de abril en el Instituto Miguel León Prado de San Miguel. Luego, en Valparaíso, San Felipe, Los Andes, La Serena y finalmente, en mayo, en Copiapó. El 19 de septiembre, la revista Análisis reveló que Jorge González era uno de dos artistas amenazados de muerte por ser opositores de Pinochet. En aquella revista González declaró que recibió —a través de su madre— amenazas por teléfono en más de diez oportunidades y una vez por carta, y que tuvo que solicitar recursos de protección. A pesar de las amenazas y el acoso de la CNI, el grupo actuó gratuitamente en tres concentraciones populares a favor del «no», en La Bandera, Vicuña Makenna y el cierre en Avenida Departamental, y más tarde, en la franja televisiva.

Poco después del plebiscito volvieron a Argentina para participar en el histórico concierto global Human Rights Now!, organizado por Amnistía Internacional para conmemorar los cuarenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 14 de octubre en el Estadio Mundialista de Mendoza. Esta gira pretendió pasar por Chile, pero la dictadura de Pinochet lo impidió. Mientras Los Prisioneros actuaban, los chilenos presentes alzaron banderas y carteles que decían «No» aludiendo al triunfo de la oposición democrática. Al cierre del concierto, el trío se unió en el escenario con Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Youssou N'Dour, el grupo mendocino Markama y los chilenos Inti Illimani interpretando el tema «Get Up, Stand Up» de Bob Marley, ante más de 10 000 chilenos y 18 000 argentinos. Jorge González recordó: «Los chilenos estaban felices de estar fuera del país. Se sentían liberados. Pero la experiencia fue rara porque no estuvimos demasiado cómodos. Siempre existió esa tensión entre argentinos y chilenos. No nos quedó un recuerdo agradable».

Los Prisioneros pese a ser el grupo más popular en Chile, no tenía buen sustento económico, y, tras el pronto termino de la gira de promoción de La cultura de la basura en su país y las malas ventas del álbum, coincidiendo con la decaída del rock chileno, estaban en su punto más crítico, a pesar de eso, seguían siendo artistas prioritarios de EMI. En septiembre de 1988 se embarcaron en la gira latinoamericana participando en Concierto de Conciertos, donde actuaron en el Estadio El Campín de Bogotá, Colombia, ante 70 000 personas, siendo los artistas más esperados para sorpresa de ellos. Regresaron en dos giras más en noviembre de ese año y en abril de 1989. Mario Ruiz, entonces gerente de márketing de EMI para el mercado latinoamericano, aseguró que Los Prisioneros lograron abrir el mercado colombiano para el rock en español. Antes de dejar definitivamente el país cafetero recibieron disco de platino; y posteriormente, la canción «Pa pa pa» fue la más vendida en las tiendas de discos de Colombia durante abril y mayo.

La gira continuaba en Venezuela, pero la grave crisis social y política que siguió al «Caracazo» motivó que se cancelaran todas sus presentaciones en ese país. En mayo llegaron a México, donde eran un grupo prácticamente desconocido, y sus canciones «¿Quién mató a Marilyn?», «La voz de los '80» y «Muevan las industrias» se difundían solo en emisoras no comerciales. Cuando estaban haciendo sus primeras presentaciones en el país azteca, Claudio empezó a sentirse mal a causa de una hepatitis. Por órdenes del médico tuvo que regresar a Chile para tomar reposo y la banda debió cancelar el resto de su gira.

Separación (1989-1992)

Primera salida de Claudio Narea

Entre julio y agosto de 1989, Los Prisioneros comenzaron a trabajar en su cuarto álbum y, para ello, grabaron en Estudios Konstantinopla (propiedad de Carlos Cabezas, de la banda Electrodomésticos) una serie de demos que, años más tarde, circularían entre los fans como un bootleg bautizado como el domicilio de Jorge González en ese entonces, Beaucheff 1435. Sin embargo, gracias a los contactos que consiguió Carlos en la trasnacional de EMI, en octubre de ese año, él y Jorge viajaron a Los Ángeles, Estados Unidos, financiados con 70.000 dólares para grabar el nuevo álbum, bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla. Este sería el primero que no produciría Jorge González, ya que los trabajos anteriores los produjo él casi en su totalidad.

Ni Narea ni Tapia participaron en este disco, pues el primero ya estaba distanciado de González y no estaba de acuerdo con el enfoque del mismo, mientras que el segundo no pudo viajar por problemas con la visa. Los dos habían planeado repetir la experiencia de La cultura de la basura y compusieron tres canciones durante las sesiones de Beaucheff 1435: «Danza porque sí», editada dos años más tarde como «(En este día aburrido) ¡Danza!» en el álbum debut de Profetas y Frenéticos, la posterior banda de Claudio Narea; «Fotos y autógrafos»; e «Historias ocultas», editada cuatro años más tarde como «Historia ociosa» del álbum debut de Jardín Secreto, la posterior banda de Tapia. Pero esta vez todos esos temas quedaron fuera, Fonseca se excusó declarando al diario El Mercurio doce años más tarde, que fue porque no pudieron viajar a los Estados Unidos por problemas con la visa. Sin embargo, en realidad fue porque los temas no encajaban con el estilo que Jorge quería imprimirle al nuevo trabajo. «La ley decía que Jorge González era el compositor del grupo», comentó Claudio Narea. Otra canción que no se incluyó en el disco por esta misma razón fue «We are sudamerican rockers».

Desde febrero de 1989 las relaciones entre González y Narea se habían puesto cada día más tensas, luego de que el segundo descubriese que su esposa, Claudia Carvajal, mantenía una relación amorosa con el primero. A pesar de esto, Claudio no dejó la banda ya que ésta era su única fuente de ingresos. Sin embargo, empezó a cuestionar a Jorge. Durante la gira en Colombia se peleaban y Miguel se ponía de lado de Claudio, según recordaría Fonseca, quien no se enteró de la razón de este conflicto hasta cuando el guitarrista se fue del grupo. Según Claudio Narea, en diciembre de ese año, González fue a su casa y le propuso un trío con Carvajal para resolver sus diferencias, a lo que Narea se negó. Esa misma noche, Jorge intentó suicidarse ingiriendo 16 valiums y cortándose las venas.

Unas semanas después del incidente, Jorge logró convencer a Claudio de permanecer en el grupo, asegurándole que el nuevo disco, a pesar de ser un trabajo solista, estaría firmado por Los Prisioneros por motivos contractuales, y que sería un disco de muy bajo perfil editado solo para permanecer vigentes mientras preparaban un próximo álbum, en el que volverían a trabajar los tres como equipo. En enero de 1990 se produjo el único ensayo al que asistió el guitarrista. Según relataría más tarde, en lugar de enseñarle a tocar los nuevos temas, Jorge le dejó solo en la sala de ensayos, obligándole a escuchar las grabaciones una y otra vez, conocedor de que Narea sabía que estas canciones habían sido escritas pensando en su mujer. Además, al comprobar que González se había escapado de la sala de ensayos para llamarla por teléfono, tomó la decisión de irse de Los Prisioneros. Un mes más tarde, le informó su decisión a Miguel.

En mayo se hizo pública su salida de la banda y, aunque en un principio dijo que fue por diferencias artísticas con el líder y vocalista, varias personas estaban haciendo ruido aludiendo el triángulo amoroso. Dos años más tarde, el ahora ex guitarrista dijo: «la historia no tiene nombre de mujer, sino de un loco peligroso que es Jorge». Esto lo afirmaría después en su libro Los Prisioneros: Biografía de una amistad, donde desmintió que su salida de Los Prisioneros fue por la traición de su entonces mejor amigo, sino por la obsesión que éste tenía con él.

La última actuación en directo de Narea junto con Los Prisioneros, hasta la reunión en 2001, fue en una reunión privada de los ejecutivos del sello EMI Odeón en septiembre de 1989.

Corazones y primera separación

El 22 de mayo de 1990 —ya devuelta la democracia—, el ahora dúo, lanzó el cuarto álbum, titulado Corazones. En el programa Extra jóvenes, sobre la salida de Narea, Jorge dijo simplemente «qué mala onda que se haya ido el Claudio». Seguido de esto, presentaron el primer corte de su nueva placa, «Tren al sur». El videoclip del tema, estrenado en el mismo programa, tuvo una excelente rotación, llegando a ser nominado como el «mejor vídeo latino» en MTV Video Music Awards 1990. Poco menos de un mes después del lanzamiento de Corazones, la banda consiguió un contrato con Capitol Records para editar el disco en Estados Unidos.

Corazones sorprendió a todos por su cambio radical, que hizo que se distinguiera claramente de sus predecesores en cuanto a producción, música y temática. La utilización de teclados y sintetizadores —que había seducido a González en Pateando piedras— impregnó por completo el disco con un sonido synth pop. En sus letras, llenas de romanticismo y melancolía, Jorge destapó su lado más introvertido, aunque la crítica social que hizo famosos a Los Prisioneros durante la década de los ochenta seguía presente. De acuerdo con las palabras de Javier Sanfeliu en la revista Rolling Stone Chile: «La búsqueda de González esta vez fue por los surcos de nuestra intimidad, esa donde residen por ejemplo lugares tan oscuros y pantanosos como el machismo y el clasismo». Años más tarde, Jorge González reconocería que creó las canciones de Corazones en parte, gracias a sus experiencias con el éxtasis, que empezó a consumir en 1988 a través de un grupo de hippies que venían de lugares como Goa o Poona.

Luego de la partida de Narea se consideró fichar a Rodrigo Aboitiz (ex miembro de Aparato Raro y posteriormente de La Ley) en su reemplazo, e incluso llegó a ensayar con ellos, pero no cuajó con la nueva línea pop de Los Prisioneros que querían desarrollar, según detalló el baterista Miguel Tapia. Finalmente Jorge se decantó por su amiga Cecilia Aguayo, ex integrante del grupo de performance Las Cleopatras, al que también pertenecieron la primera esposa de González, Jacqueline Fresard, y la actriz Patricia Rivadeneira. Y, aunque su experiencia musical se limitaba a unas lecciones de piano que tomó cuando niña, dejó medicina y comenzó a aprender a tocar teclado para integrarse al Los Prisioneros. Más tarde, a causa de una lesión que sufrió Jorge en su muñeca y un tobillo, no pudo tocar la guitarra en una actuación en Calama, por lo que Robert Rodríguez — quién había sido compañero de Jorge en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile— tocó en su lugar, desde ese momento se volvió miembro estable. Robert había formado el grupo Banda 69 con la que editó un único álbum producido por Jorge, que no superó las 2 000 unidades. Tras disolverse, Rodríguez antes de unirse a Los Prisioneros estuvo tocando de forma irregular con Claudio cuando éste dejó Los Prisioneros y empezó a formar Profetas y Frenéticos.

Ocho meses tardó el álbum Corazones en convertirse en éxito, pues los primeros recitales para la promoción tuvieron baja convocatoria. De hecho, hasta mayo de 1990, cuando se estrenó el videoclip de «Tren al sur», ninguna emisora radial había querido poner al aire el sencillo, el cual había sido enviado a las radios seis meses antes. «Nadie quería tocar a Los Prisioneros, porque Los Prisioneros eran del pasado. Los Prisioneros eran la banda de los 80, del rock latino. Y el rock latino ya no funcionaba», según explicó Carlos Fonseca. Pero luego de presentarse en febrero de 1991 por primera vez, y durante dos noches, en el XXXII Festival de Viña del Mar —la primera edición del festival celebrada en democracia desde 1973—, después de haber sido vetados del evento en 1987 por la dictadura militar, la popularidad del disco creció y se convirtió en el más vendido del año en Chile (180 000 copias), obteniendo triple disco de platino. A su vez, Jorge González fue elegido como el compositor del año por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor. Este fue el trabajo más alabado por la crítica en toda la historia de Los Prisioneros. Se llegó a asegurar que si hubiesen partido así desde un comienzo, habrían obtenido muchas ventas y diversos premios, aunque hubieran perdido su trascendencia final. Logró romper «preconceptos autoimpuestos por el rock y cambió definitivamente el rumbo de la canción pop», afirmó el sitio web Santiagocultura.cl, logrando ser un éxito en todos los países de Latinoamérica y Estados Unidos. Incluso años más tarde, en Argentina, país donde Los Prisioneros no tuvieron mucho reconocimiento, Jorge González recibiría regalías por concepto de derechos de autor mientras se encontraba promocionando su primer disco solista, ya que en lugares como Córdoba o Rosario, Corazones fue un éxito rotundo. En 2005, los auditores de Radio Concierto eligieron a Corazones como el mejor disco chileno de la década de los noventa. Sin embargo, Carlos Fonseca no se sentía a gusto con el nuevo rumbo que estaba tomando la banda, por ejemplo, al querer incluir un coro femenino, la incorporación de Cecilia Aguayo (que ni siquiera era músico) o la manera que se organizaron para actuar las dos noches en el Festival de Viña (una noche de rock y la otra de tecno), por lo que, al día siguiente de la presentación de Los Prisioneros en el certamen viñamarino, dejó de representarlos.

Con Óscar Larraín ocupando el puesto de Fonseca, Los Prisioneros continuaron el resto de 1991 presentándose en Chile, Perú, Bolivia y Venezuela. En noviembre, en este último país, participaron en el Festival Rock Music '91, el primer festival del rock iberoamericano, antes de iniciar la gira de despedida. El 24 de octubre, Los Prisioneros anunciaron en Santiago su separación, y de paso, lanzaron un álbum recopilatorio más un VHS titulado Grandes éxitos, que incluía «We are sudamerican rockers», tema que hasta entonces no se había editado en Chile, y que, además, fue el último en el que participó Narea. El álbum vendió 120 000 copias en Chile y 54 000 en el extranjero. El 15 de noviembre, cuando empezaron el Adiós, Prisioneros, recibieron el premio Laurel de Oro como «mejor grupo rock pop». El 5 de diciembre, en el Estadio Chile, donde, al intentar presentar la última canción de la noche, el público empezó a corear el nombre del ex guitarrista del grupo. Ante esto, Jorge González respondió mofándose de la banda de Claudio, al referirse a ésta como «Proxenetas y Flemáticos», pero el público fue cada vez más insistente. Jorge no lo pudo soportar, tiró la guitarra al suelo y se retiró a camarines para poder llorar. El último concierto de Los Prisioneros fue en el Estadio Playa Ancha de Valparaíso, en enero de 1992.

Receso (1992-2001)

Dos meses después de dejar Los Prisioneros, Claudio formó el grupo Profetas y Frenéticos con el que publicó dos álbumes de corte rockabilly: Profetas y Frenéticos (1991) y Nuevo orden (1992). Aunque no obtuvo éxito comercial con ninguno de estos trabajos, Profetas y Frenéticos se la considera una de las bandas más influyentes de la década de los noventa en Chile. En 2000 publicó su primer disco solista, Claudio Narea, que recibió buenas críticas pero una tibia recepción del público. Miguel formó un dúo con Cecilia Aguayo y, con el respaldo de Robert Rodríguez y otros músicos, crearon la banda tecno-pop Jardín Secreto. Editaron dos álbumes que pasaron casi inadvertidos, Jardín Secreto (1993) y El sonido de existir (1997); éste último tenía una versión de «El Albertío» de Violeta Parra, que fue producido por Jorge González.

Jorge fue el más exitoso de los tres. Su primer álbum solista, Jorge González (1993), que si bien no vendió como se esperaba, contenía la canción «Fe», que se convirtió en un éxito en varios países. De hecho, cuando Los Prisioneros visitaron México durante la gira de reencuentro, tuvieron que tocarla obligatoriamente debido a la popularidad de la canción en ese país, y desde ese momento empezaron a tocarla ocasionalmente fuera de Chile, y a partir del 2004 fue parte del repertorio estable de Los Prisioneros en sus presentaciones. Luego vendrían altos y bajos en la carrera de González, con discos arriesgados que no tuvieron buena acogida del público —El futuro se fue (1994) y Mi destino (1999)—, y el proyecto experimental Gonzalo Martínez y sus congas pensantes (1997), un álbum de tecno-cumbias editado en dupla con Martín Schopf (Dandy Jack) que fue destrozado por la crítica en Chile, pero que en Europa fue elogiado en el circuito underground.

En 1994 hubo un primer intento de reunir a la formación original en un concierto, el empresario Luis Venegas, actual dueño de los canales: Vía X y Zona Latina, ofreció diez millones de pesos como adelanto a cada integrante y que la suma iría creciendo dependiendo de las veces que tocaran, Claudio y Miguel aceptaron, pero no tuvo respuesta de González. Luis llegó a un acuerdo con Claudio para que el último visitara a Jorge y así hablarle de la propuesta; es así, como después de dos años, Jorge y Claudio se volvieron a ver; sin embargo, González, quien estaba por sacar su segundo disco solista, no estaba interesado en tocar con Los Prisioneros. Claudio y Miguel también se reencontraron un par de veces para hablar de esta oferta.

A fines de 1995, los tres fueron contactados por el ex mánager de la banda y en ese entonces gerente de márketing de Emi Odeon Chilena, Carlos Fonseca, para proponerles editar un álbum recopilatorio que, además de contener los éxitos de la banda, incluyera canciones inéditas. Es así como el trío sanmiguelino se reunió por primera vez luego de varios años, con motivo de seleccionar los temas que serían incluidos en el compilado. El 12 de julio de 1996 fue lanzado Ni por la razón, ni por la fuerza en formato CD doble, el título hace referencia irónica en contradicción al lema patrio chileno «Por la razón o la fuerza». En la portada aparecen los tres integrantes vestidos como próceres de la independencia y rebautizados como «Bernardo González», «José Miguel Narea» y «Manuel Tapia». El diseño estuvo a cargo de Marco González, hermano de Jorge.

Ni por la razón, ni por la fuerza vendió 100 000 discos dobles, más que cualquier banda chilena activa durante los noventa, e incluso, más que los artistas de la Nueva Ola, Los Jaivas o Violeta Parra. Incluyó versiones de algunos de sus éxitos editados para el extranjero, remezclas, tomas en vivo, canciones de la época de Los Pseudopillos, Los Vinchukas, el «lado B» de la banda: Los Apestosos y Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos, que fueron nombres que adoptaron Los Prisioneros entre 1987-1988 para grabar temas divertidos, bizarros o transgresores solo por diversión, y la «banda sonora» de Lucho, un hombre violento, una película de humor absurdo realizada en 1988 de forma amateur por Jorge y Claudio, con la colaboración sus amigos Sergio Gómez, Roque Villagra, Michel Grez y el hermano de Jorge; aunque nunca fue finalizada, existen quince minutos de metraje que circulan por internet.

A fines de 1996, Jorge, Claudio y Miguel se reunieron a tocar en una sala de ensayo propiedad del guitarrista, ubicada en Balmaceda 1215. La periodista Marisol García fue la única en presenciar el momento, quién no entregó los detalles a la prensa ni tampoco se enteraron. Una semana después, Claudio le sugirió a Jorge la posibilidad de reunir a la banda en un concierto en el Estadio Nacional, pero éste descartó la propuesta. En 1998, Jorge y Miguel se juntaron con el venezolano Argenis Brito, ex miembro de Los Chamos y músico invitado durante la grabación del disco Gonzalo Martínez y sus congas pensantes, para formar el trío Los Dioses. Realizaron una gira por Perú y por todo Chile, subtitulada «Lo mejor de Los Prisioneros», interpretando clásicos de la banda y versiones de artistas como Los Tres, Leo Dan, Albert Hammond y Electrodomésticos, así como algunos temas propios y proyectos en solitario de cada integrante. Sin embargo, Jorge colapsó debido a su adicción a las drogas y dejó el grupo en marzo de 1999. Miguel y Argenis Brito continuaron juntos, ahora bajo el nombre de Razón Humanitaria, pero el dúo se disolvió al poco tiempo sin ningún álbum publicado. En 2000, Jorge interrumpió la promoción de su álbum solista, Mi destino, y viajó a Cuba para tratar sus problemas con las drogas en el Centro de Desintoxicación de Villa Quinqué.

En 2000 se editaron dos álbumes, en octubre se publicó Tributo a Los Prisioneros, producido por Carlos Fonseca, bajo el sello Warner Music, que contó con dieciocho músicos chilenos, entre los que destacan, La Ley, Lucybell y Javiera y Los Imposibles. Mientras algunos trataron de ser fieles a la versión original (como Canal Magdalena, Glup!, Los Miserables o Los Ex), otros hicieron sus propias interpretaciones, mezclando diversos estilos y géneros, como Makiza en «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos», una versión electrónica de «¿Quién mató a Marilyn?» de Pánico, una interpretación al estilo de Janet Jackson en su álbum The Velvet Rope de Mamma Soul en «Estrechez de corazón», una versión reggae de Gondwana de «El baile de los que sobran» o la reinvención de «¿Por qué no se van?» a cargo de Florcita Motuda, que cambió la letra y el título a «Mejor yo me voy del país». La versión de Carlos Cabezas de «Estar solo» contó con el propio Jorge González haciendo coros, junto con Álvaro Henríquez y Roberto «Rumpy» Artiagoitia. Un mes después, EMI Odeon, con la producción de González, lanzó El caset pirata, una recopilación de registros en directo de la banda entre 1986 y 1992, que vendió 20 000 copias. Como adelanto, el 30 de octubre se presentó como sencillo «No necesitamos banderas», grabado durante una presentación de 1992 en la gira de despedida de la banda.

El 10 de febrero de 2001, después de veinte años de existencia, Fusión, la tienda de discos que perteneció a Carlos Fonseca y que abrió las puertas a Los Prisioneros a la música, fue cerrado. Claudio Narea lo calificó como el segundo hogar de la banda.

Reunión (2001-2003)

El 5 de septiembre, la formación original de Los Prisioneros anunció su regreso después de doce años y lanzó un nuevo sencillo de una antigua canción regrabada especialmente para la ocasión, «Las sierras eléctricas», originalmente registrada antes de la salida de Claudio Narea en 1989 para Corazones, publicada póstumamente en Ni por la razón, ni por la fuerza. El tema se presentó en las radios sin mucha difusión.

Ese mismo año, EMI editó el álbum doble recopilatario Antología, su historia y sus éxitos, un disco más completo que el mezquino Grandes éxitos de solo cincuenta y cinco minutos de duración, por lo que decidieron retirar este último de los catálogos. El sello tuvo problemas contractuales, ya que por contrato no podían editar un disco sin el consentimiento de la banda, por lo que tuvieron que adecuarse a las exigencias de ellos. Además, incluía «Las sierras eléctricas» en su versión grabada en 1989, que no era propiedad de la casa disquera. Más tarde, González acusó a EMI de no pagar ningún derecho por sus producciones cuando pertenecían al sello.

El 9 de octubre realizaron una conferencia de prensa, su primera aparición pública en años, en la Feria del Disco, a la que concurrieron todos los medios de comunicación locales, mientras una multitud de fanáticos se aglomeraba en el Paseo Ahumada. En dicha ocasión anunciaron formalmente la realización de un concierto en el Estadio Nacional, programado para el día 1 de diciembre de ese año. El 22 de octubre la banda hizo su primera y única aparición en televisión antes del recital, en el De pe a pa conducido por Pedro Carcuro. La producción del programa les llevó a Parmenia Morales, su profesora jefe cuando estudiaban en el Liceo 6, e interpretaron en directo «La voz de los '80». El estelar obtuvo treinta y dos puntos de rating esa noche, y gracias a eso que sirvió como única promoción para el concierto, al día siguiente se agotaron las entradas que quedaban, por lo que se decidió fijar un segundo concierto. Primero se contempló el 2 de diciembre, pero Universidad de Chile debía jugar el último partido de la fecha del campeonato nacional y el estadio debía ser entregado al día siguiente; por lo tanto, el concierto se fijó para el 30 de noviembre. Dos días antes del primer recital, fueron invitados al Palacio de la Moneda por la primera dama, Luisa Durán, con el fin de apoyar la campaña Sonrisa de Mujer.

Más de 140 000 personas repletaron el Estadio Nacional durante las dos noches en que se presentaron Los Prisioneros. Ha sido la única banda en llenar dos veces seguidas el recinto de Ñuñoa sin promociones ni entradas regaladas. El evento fue cubierto por más de trescientos medios acreditados. La mayoría locales pero también internacionales como BBC, CNN, MTV, Telemundo; el periódico Chicago Tribune y las revistas Billboard y Rolling Stone con sus corresponsales chilenos. Otros vinieron especialmente, como los canales Puma TV, de Venezuela, y Antena 3 y el diario La República, de Perú.

La banda demostró que su espíritu rebelde y contestatario seguía intacto. Durante la canción «Sexo», González repartió condones entre el público asistente. Al finalizar «Lo estamos pasando muy bien», hizo alusión al pasado del Estadio Nacional como campo de concentración y centro de torturas y ejecuciones tras el golpe militar de 1973, criticando al ex candidato presidencial derechista Joaquín Lavín por intentar lavar su imagen distanciándose de la figura de Pinochet («Y Lavín no se preocupó en ese momento por los problemas reales de la gente, que eran esos. Hay que desnudar a los traidores. Yo sé que [...] muchos de ustedes compraron la huevada de Lavín, del cambio, pero es una mentira. No voten por ese culeado») y en «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» atacó a Estados Unidos por su complicidad en el golpe y por su hipocresía al declarar la guerra al terrorismo a pesar de patrocinar actos de terrorismo de Estado como los ocurridos en Chile («Son los terroristas principales. Mataron a Allende. Chile no puede estar del lado de Estados Unidos en [la guerra de] Afganistán»).

Gira de reencuentro chilena e internacional

El 18 de febrero de 2002, luego de recibir ofertas por parte de Universal y Warner Music, el grupo finalmente optó por firmar un contrato con el último para editar el concierto en el Estadio Nacional en un álbum doble con un total de veintisiete canciones, que sería lanzado en marzo. El 27 de febrero realizaron una conferencia de prensa en las oficinas de su nuevo sello para anunciar el futuro lanzamiento del álbum en directo y una gira por todo Chile. Como adelanto desprendieron «¿Por qué no se van?» como sencillo. Sin embargo, la conferencia se enfocó en los problemas de drogas que se vio envuelto Jorge González cuando fue detenido por portar papelillos de cocaína en su vehículo en Cajón del Maipo unos días antes. Éste alabó la piratería justificando que los discos eran demasiados «caros», mientras que Narea discrepó argumentando que vender estos productos era una «mafia organizada» y que podía afectar a futuro las industrias discográficas. Además señalaron que no fueron considerados para el XLIII Festival de la Canción de Viña del Mar por temor a que hablaran en contra de Joaquín Lavín en la Quinta Vergara.

El álbum en directo, titulado sencillamente Estadio Nacional, vendió 30 000 copias y obtuvo disco de platino a tan solo cinco días de salir en venta. «Todo un récord pensando en la situación económica que vive el país y los niveles de piratería que existen», declaró el diario popular La Cuarta. Más tarde, los lectores de EMOL eligieron Estadio Nacional como el mejor disco nacional del año 2002. La gira de reencuentro empezó por el sur en el Estadio Parque Schott en Osorno el 16 de marzo; luego por Valdivia, Temuco, Concepción, Talca y Rancagua, solo en el sur ya habían congregado a 61 000 personas. En abril continuaron en el norte (Arica, Iquique y Antofagasta) y la zona centro (Copiapó, La Serena, cerrando en Viña del Mar en mayo). En junio actuaron en Estación Mapocho a beneficio de los damnificados a causa del temporal que afectó al país ese año, y en julio empezaron la gira internacional tocando en Perú, donde los lectores del diario local El Comercio eligieron a Los Prisioneros como el mejor concierto de rock ofrecido en Perú el año 2002.

El 4 de septiembre, Los Prisioneros publicaron la versión audiovisual de Estadio Nacional en DVD doble, bajo el título Los Prisioneros: Lo estamos pasando muy bien, puesto en venta al día siguiente, que incluyó además un documental realizado por la periodista Carmen Luz Parot, con entrevistas a cada uno de los integrantes, los ensayos para los recitales, imágenes de los entre telones y recitales dados en Concepción y Viña del Mar en 2002, etc. A tan solo veinte días de salir en tiendas, logró vender 9 000 copias, Tabaré Couto (director de marketing de Warner Music Chile) comentó que tendría que hablar con la Asociación de Productores fonográficos para ver como entregaban un disco de oro, ya que nunca se había entregado uno por ventas de este formato en Chile. Finalmente obtuvo 20 000 copias con disco de platino, alcanzó el récord de mayor número de copias vendidas de DVD en Chile, pero pronto sería destronado por 31 minutos un año después. Más tarde Fonseca comentó que cuando sacaron el DVD, de ahí en adelante, lo empezaron a pasar mal.

El 25 de octubre, Los Prisioneros asistieron a la primera entrega de premios de la cadena MTV Latinoamérica en el Teatro Jackie Gleason de Miami, nominados en la categoría «Mejor artista suroeste». En la ceremonia, Jorge González junto con Álex Lora (de El Tri) y Ricardo Mollo (de Divididos) hicieron entrega del premio al «Mejor vídeo del año», ocasión en la que se recordó que hace nueve años atrás el videoclip de «We are sudamerican rockers» abrió las transmisiones de la cadena latinoamericana, momento en el que estuvo presente el mismo Jorge González. En noviembre Los Prisioneros hicieron una serie de presentaciones en España, Estados Unidos y México.

Controversias y Los Prisioneros

De regreso a Chile, tocaron en el cierre de la Teletón del 2002 en el Estadio Nacional. Antes de tocar el primer tema, Jorge González comentó que era bueno que el «ego gigante» de los artistas que desean figurar; y la avaricia y el buen sentido del negocio de las empresas que pueden subir los precios, pagar menos impuestos, hacerse publicidad y, a través de sus consumidores «ayudar»; sirviera como ayuda para los niños del evento caritativo. Mientras interpretaban «Quieren dinero» el vocalista siguió con su ironía modificando la letra de la canción citando a los políticos: Joaquín Lavín y Hernán Büchi; los empresarios: Andrónico Luksic y Anacleto Angelini; y los Pinocheques. González fue duramente cuestionado, sin embargo, mantuvo sus dichos reiterando: «Es bueno que se transforme algo tan tonto como Kike Morandé y Cecilia Bolocco en algo positivo que es la ayuda para los niños, es bueno porque todo el año no significan nada más que una cosa grosera, superficial, de avaricia, de malos ejemplos, que rebajan la cultura, porque todas esas personas están rebajando el nivel intelectual de todo el mundo por la televisión». Posteriormente Los Prisioneros se presentaron en el Estadio Chile el 6 y 7 de diciembre con 5 500 espectadores.

A principios de febrero de 2003, tras haber tocado en el Bamboo Square de regreso a Perú, ante más de 6 000 personas, Jorge concedió una entrevista al diario local Correo, donde dijo que los chilenos eran una «mierda», y además, unos «flojos y ladrones», rematando que «a veces le daba vergüenza ser chileno». Antes del recital, González mencionó en una conferencia que los chilenos estaban dispuestos a usar sus armas contra Perú y Bolivia. Cuando regresaron a Chile, la cámara de diputados acusó a Jorge de cometer una infracción a la Ley de Seguridad del Estado y los diarios señalaron el descontento popular. Las Últimas Noticias calificó a Jorge González como «antipatriota». El 6 de febrero, Los Prisioneros hicieron una conferencia de prensa en las oficinas de Warner, donde el líder pidió disculpas al 99% de los chilenos y afirmó que sus comentarios iban dirigidos a las grandes empresas como Lucchetti que se habían enriquecido durante la dictadura militar. Esto coincidió con los días próximos en que se presentaría el trío sanmiguelino en el XLIV Festival de la Canción de Viña del Mar, generándose un debate de que si debían bajar a Los Prisioneros del Festival o no. Durante ese período aprovecharon de realizar conciertos donde no habían tocado en la gira de reencuentro, siendo por el sur del país, en Castro, Puerto Montt, Punta Arenas y Talcahuano.

El 22 de febrero, finalmente Los Prisioneros se presentaron por primera vez como formación original en el Festival de Viña del Mar, luego de las tensas jornadas anteriores, donde el monstruo hacía silbatinas cada vez que los nombraban. Cuando salieron al escenario, Jorge González entró desafiante pidiendo pifias (silbatinas) al público. Para dicha presentación, González había sido obligado a firmar un contrato en el que se le prohibía expresamente hablar, debido a sus controvertidas declaraciones anteriores. Sin embargo, fiel a su estilo irreverente, se las ingenió para lanzar sus críticas improvisando durante las canciones. Abrieron con «Sexo», donde Jorge arremetió contra el doble estándar del canal estatal que transmitía el evento, Canal 13, en ese entonces controlado por la iglesia católica. En «No necesitamos banderas» y «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» atacó duramente a George Bush, la guerra de Irak, el chauvinismo y la xenofobia, y en «El baile de los que sobran» criticó el segregacionismo del sistema educacional chileno. También atacó directamente a la prensa. Los Prisioneros lograron dar vuelta la situación frente a las especulaciones de que serían abucheados por el monstruo, siendo galardonados con antorcha de plata y oro, y, el máximo trofeo de la Quinta, la gaviota de plata. La presentación obtuvo cuarenta y siete puntos de rating, fueron considerados por La Cuarta como la mejor actuación de las seis noches del certamen y los lectores de EMOL lo eligieron como «el mejor concierto popular del año».

El 29 de marzo, con motivo de recaudar fondos para becas y compras de instrumentos para la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles y las Escuelas de Rock, Los Prisioneros se presentaron por tercera vez en el Estadio Nacional con setenta músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil ante 45 000 personas, con el financiamiento del gobierno de Chile y la gestión de la primera dama, Luisa Durán, donde González alabó al Presidente de la República, Ricardo Lagos, por su valentía al no apoyar al gobierno de Estados Unidos en la guerra de Irak. En mayo se presentaron en Bolivia, posteriormente, durante junio y julio se presentaron en Perú, Ecuador y Colombia, con todos los recintos llenos.

El 13 de mayo, Los Prisioneros liberaron el primer corte de la nueva placa del grupo, «Ultraderecha», desde la cancha del Estadio Nacional a través de un móvil para el programa Ciencia ficción de la radio Rock & Pop, conducido por Sergio Lagos. El tema se ubicó en el primer lugar en las radios chilenas. El 5 de junio, Los Prisioneros publicaron su primer álbum con canciones originales en trece años y el primero como formación original desde La cultura de la basura, titulado Los Prisioneros, incluyó el tema «Canción del trabajo», una idea original de Narea y que permitió que Jorge re-escribiera. A dos horas de su lanzamiento obtuvo disco de oro con más de 10 000 copias vendidas, sin embargo, se detuvo con 20 000 copias, considerado como un «pequeño fracaso». El disco estaba alejado del sonido que caracterizaba al trío, por lo que fue recibido por los fans con extrañeza y de forma negativa por la crítica, catalogándolo como un álbum «tecno», a pesar que habían temas que contaban con guitarras y habían otros estilos como el funk. Jaime Meneses de Rockaxis comparó el álbum con una pintura: «es un cuadro hecho con pinturas de diversos colores que se ven bien de lejos, pero que de cerca irradian algunas fallas». El 24 de julio, Los Prisioneros presentaron «San Miguel» como segundo sencillo en un recorrido en micro que hicieron por la comuna que los vio crecer y forjar como grupo —nuevamente— para el programa Ciencia ficción de la radio Rock & Pop, en donde contaron sus vivencias en aquella localidad. La canción fue compuesta por González para La cultura de la basura y, su hermano, Marco, se la recordó y decidió incluirlo en el disco homónimo. Alcanzó el puesto n.º 9.

El 5 de septiembre volvieron al Estadio Nacional para participar en el concierto El sueño existe a tributo de Salvador Allende. Donde, al cantar la última canción, en lugar de concluir la parte final de «El baile de los que sobran», rápidamente pasaron a «Bailan sin cesar» de 31 minutos. Durante la prueba de sonido tocaron esta canción sin haberle dado aviso a Claudio. El 13 de ese mes también participaron en el homenaje a Víctor Jara en el recién rebautizado Estadio Víctor Jara (anteriormente Estadio Chile). Esta sería la última actuación de Narea con Los Prisioneros en Santiago.

Segunda salida de Claudio Narea

Las tensiones en el grupo ya se habían hecho nuevamente presentes en septiembre de 2002, luego que Jorge le hiciera entrega de los demos para el nuevo álbum a Claudio. A diferencia de Miguel y Carlos, que estaban entusiasmados, éste se vio defraudado por los nuevos temas. Durante la grabación no quería grabar las guitarras y ponía en duda constantemente que las canciones fuesen del agrado del público, cuestionando, además, que la capacidad como compositor de Jorge fuera la de antaño. Esto empezó a molestar al resto de los miembros, en especial a Jorge, lo que motivó la expulsión del guitarrista de la banda dos meses después de la publicación del disco. El 16 de septiembre de 2003, Warner Music comunicó la nueva partida de Claudio Narea de Los Prisioneros. El último concierto con la formación original se realizó el 21 de septiembre en el Festival La Pampilla de Coquimbo, ante más 80 000 personas, donde se pudo apreciar la lejanía de González y Tapia con Narea.

Al día siguiente, Claudio publicó una carta en la página web del grupo explicando los motivos de su nuevo alejamiento:

«Este despido me fue comunicado el día 18 de agosto, en el marco de una reunión a la que fui convocado por Jorge y Miguel. Sin mediar diálogos ni discusiones, Jorge González me comunicó, simplemente, que "no queremos tocar más contigo". Me acusó de querer sobresalir y de comentar con amigos mis problemas al interior del grupo. Estaba especialmente molesto por una entrevista que concedí en junio al diario Las Últimas Noticias, a pesar de que se trató de una conversación sobre asuntos personales en la que no revelé ningún tipo de infidencia sobre la banda».

Tres días después se convocó una conferencia de prensa para anunciar los proyectos futuros de Los Prisioneros. Aunque desde un principio, Jorge y Miguel advirtieron que no se iban a referir sobre la salida de Claudio, los periodistas insistieron en saber su versión. Ante la presión, Tapia confirmó que ellos despidieron a Narea, entonces, González interrumpió presentando al líder de Los Tres y por ese entonces de Los Pettinellis, Álvaro Henríquez, como el nuevo miembro, quien aclaró que solo era músico invitado y no el reemplazante de Claudio. Las insistentes preguntas sobre el ex guitarrista terminaron por hacer que Jorge perdiera la compostura y botara de la mesa todos los micrófonos y demás objetos al piso, abandonando el lugar sumamente molesto.

Esto repercutió negativamente la gira con Café Tacuba en Chile y en las ventas del álbum Los Prisioneros en las raras tocatas nuevas de la Rock & Pop, que no superó las 1 000 copias. Este disco es una selección de versiones de artistas tan variados como The Beatles, Virus, Bee Gees, Los Iracundos, Los Gatos o el programa infantil 31 minutos, y también contiene reversiones de «En el cementerio» y «Concepción», temas del álbum Los Prisioneros. Contó con la colaboración, además de Henríquez, de Pablo llabaca (integrante de Chancho en Piedra), quién no sale acreditado en los datos técnicos, al igual que varios otros músicos anónimos que participaron en la grabación, aunque aparece en las imágenes del librillo de la portada. El álbum fue registrado los días 25 y 26 de septiembre (apenas unas horas después del incidente con los micrófonos) durante una sesión de 15 horas en los estudios de la Rock & Pop para el programa Raras tocatas nuevas.

El 5 de octubre Los Prisioneros iniciaron una serie de conciertos en México. Por esos días, la gente empezó a llamarlos «Los Prisionellis», nombre dado por Álvaro como broma durante la fallida conferencia de prensa en referencia a Los Pettinellis, y, para explicar la nueva alineación de Los Prisioneros. El 31 de octubre, luego de cerrar una gira en Chile con 2 500 espectadores, según el diario El Mercurio, Los Prisioneros partieron la gira con Café Tacuba, presentándose en Antofagasta, Santiago, Concepción y Viña del Mar, donde no lograron reunir a más de 3 000 personas por función salvo en la ciudad penquista, donde tocaron para 5 000. Esto empezó a motivar a González a irse de Chile. En el marco de la gira con Café Tacuba en México fue donde Jorge empezó a discutir con Álvaro, pues éste no iba a las pruebas de sonido y en lugar de eso iba a fiestas, a pesar de esto, la relación entre ellos no se vio afectada solo porque Henríquez era el líder de Los Tres, según Carlos Fonseca. El 14 de diciembre fue la última presentación de Los Prisioneros con Álvaro, ante 25 000 personas en Curacaví. A principios del siguiente año, el sitio web de la banda confirmó que Álvaro Henríquez no seguiría como invitado.

A pesar de ya no estar en Los Prisioneros, Claudio Narea todavía formaba parte de Los Cuatro Luchos Ltda., sociedad que creó con Jorge, Miguel y Carlos, tras la reunión en 2001. Por lo que las pérdidas millonarias que dejó la gira con Café Tacuba en Chile, también lo afectaron. Y, tras las intenciones de su ex grupo de irse al extranjero, interpuso una querella en tribunales por apropiación indebida y así desligarse legalmente a siete meses de su salida de la banda. Los fans y sus ex compañeros criticaron duramente el actuar de Claudio. Finalmente se le pagó sesenta millones de pesos, aunque no llegaron a un gran acuerdo, señaló el ex guitarrista.

El 23 de octubre, Los Prisioneros viajaron a Miami, nominados nuevamente por la cadena MTV Latinoamérica en la categoría «Mejor artista central». Jorge se integró al supergrupo Los Black Stripes, compuesto por exponentes del rock latino de la talla de Ricky Martin, Juanes y Charly Alberti. Este grupo multifácetico fue creado por los diez años de existencia de MTV Latinoamérica y su segunda entrega de premios. La ceremonia se realizó de nuevo en el Teatro Jackie Gleason; abrió con Alex Lora interpretando «We are sudamerican rockers», a quien se le unieron Jonaz y Rosso (integrantes de Plastilina Mosh), para luego dar paso a Jorge González, que interpretó «Bolero falaz» del grupo colombiano Aterciopelados y, antes de retirarse para dar paso a Andrea Echeverri , gritó «¡Viva Cuba!», en su habitual discurso contestario. En esa estancia, Jorge conoció al ex baterista de Soda Stereo, Charly Alberti, limando las asperezas que tuvieron sus bandas en los ochenta.

La categoría por la que postulaban Los Prisioneros dio como ganador a Libido, y para celebrar su segunda «lengua», la banda peruana realizó un concierto en el Museo de la Nación de Lima un mes después, con Claudio Narea como músico invitado. Éste además compartió escenario por primera vez con el ex bajista de Soda Stereo, Zeta Bosio, «ambos representantes de las dos bandas sudamericanas de mayor popularidad», según el bajista de Libido, Antonio Jáuregui. Narea y Bosio se reencontraron cuatro años más tarde en una tocata en Santiago.

Años finales (2004-2006)

Manzana y separación definitiva

En 2004 presentaron a Sergio «Coti» Badilla como integrante estable. Éste había participado en Razón Humanitaria (proyecto de Miguel Tapia durante el receso de Los Prisioneros), en el álbum Los Prisioneros y tocó con la banda en las últimas treinta presentaciones, incluyendo las giras por México, Estados Unidos y España. Su presentación formal fue el 30 de enero en Calera de Tango. A partir de entonces, Jorge González pasó a ser primera guitarra (al igual que en la época de Corazones), Sergio Badilla en segunda guitarra, Miguel Tapia en batería, e incorporaron bases y bajos programados. A finales de enero y principios de febrero hicieron una gira, para luego empezar a grabar un nuevo álbum.

El 27 de marzo participaron en el concierto de homenaje a Gladys Marín en Estación Mapocho, con Gonzalo Yáñez (ex No me acuerdo) como músico invitado, el 9 de junio fue presentado como miembro oficial en el Gimnasio Regional de Talca, convirtiéndose Los Prisioneros ahora en un cuarteto. Con esta formación presentaron el sexto y último disco de Los Prisioneros: Manzana, el 19 de agosto presentaron en el Teatro Providencia. Como adelanto se presentó el primer sencillo «El muro», tema que trata sobre los problemas limítrofes entre México y Estados Unidos. El resto del año promocionaron el álbum en Estados Unidos, Canadá, Perú y México.

Manzana contó con la colaboración de Beto Cuevas, Álvaro Henríquez y Uwe Schmidt (alias Atom Heart). La periodista Marisol García señaló que en este álbum recuperaron la fuerza roquera descuidada en el homónimo. «La guitarra eléctrica se utiliza aquí sin timidez (solos, rasgueos rápidos, ritmos ska, etc.)». El diario El Mostrador comentó: «Manzana cumple con entregar un producto novedoso, ágil y que logra conjugar sátira con buena música. Si bien, se pierde en algo este "onda" roquera de antaño, los vaivenes estilísticos por los que González desliza las composiciones, dan al último disco de Los Prisioneros un matiz especial. Algo más amplio, más diversificado y con una misión en particular: hacerse de un nuevo público». El álbum incluyó además el tema «Azota», una versión en español de «Whip It» de Devo, y la canción «Acomodado en el rock and roll», una burla a Claudio Narea. El segundo sencillo «Manzana» contó con la participación de la cantante infantil Christell Rodríguez como protagonista del videoclip. A pesar de esto, en Chile el disco no generó la misma repercusión que el homónimo, con solo 9 000 copias vendidas a cinco meses de su lanzamiento, aunque sí logró un mayor reconocimiento en países como Perú, Colombia y México.

En enero de 2005, Jorge y Miguel firmaron un contrato para una gira en Perú sin su mánager Carlos Fonseca, lo que significó su retirada como representante de la banda. Le reemplazó el productor Víctor Varela, amigo de la infancia de Miguel Tapia y de la adolescencia de Jorge, y que, además, trabajó con Lucybell y con Los Prisioneros en la época La voz de los '80. Inicialmente Fonseca dijo que fue en buenos términos, ya que Los Prisioneros se iban a radicar en México en abril de ese año y quiso priorizar su vida familiar. Sin embargo, casi siete años más tarde reconoció que se peleó con Jorge, y, además sentía que Los Prisioneros ya eran un «caballo muerto» pero el vocalista no lo quería reconocer. Previamente, Gonzalo Yáñez también dejó la banda amistosamente para enfocarse en la promoción de su primer disco solista. Durante febrero y marzo Los Prisioneros se presentaron en Colombia y Perú. El último concierto en Chile antes de partir a México fue el 9 de abril en el estadio Santiago Bueras de Maipú. En agosto Miguel y Coti se regresaron debido a que el primero estaba comprando sus Bienes raíces en Santiago, mientras que Jorge seguía en México, por lo que pactaron no hacer nuevas composiciones ni tampoco ensayar, solo reunirse para tocar en compromisos y disolver el grupo el 1º de marzo del siguiente año.

El 3 de febrero de 2006 participaron en el Festival de La Serena, y el 10 de ese mes tocaron en Coelemu, esta sería última actuación de Los Prisioneros en su país. El 18 de febrero tocaron en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, donde Miguel Tapia reveló al diario local El Mundo que aquella sería la última presentación de Los Prisioneros y que se separarían. Según la prensa chilena, durante el concierto —que duró apenas una hora— el vocalista se enfrentó duramente con el público, luego se retiró marchándose al hotel, dejando a Tapia y Badilla en el escenario, mientras los asistentes los llamaban «traicioneros», en cambio González aseguró a la revista Rolling Stone que estaban siendo aplaudidos. En esta última etapa, Marco González, el hermano de Jorge, asumió como mánager de la agrupación y fue quién convenció a Jorge para que volviera a terminar el concierto, y a su vez tuvo que reconocer el nuevo quiebre de Los Prisioneros. Otro factor que gatillo la separación, fue la fuerte injerencia de la mujer de Jorge, Loreto Otero —encargada de las relaciones públicas de la banda tras la partida de Narea—, que se encargó de hacer saber la noticia con meses de anticipación a los fans más cercanos sin el consentimiento de Tapia, quien se sintió pasado a llevar. Finalmente el público quedó molesto y González y Tapia terminaron peleados tras el concierto, el primero se quedó en México y él segundo regresó definitivamente con Sergio a Chile.

Después de la separación

Tras la disolución definitiva en 2006, ha habido múltiples ofertas para reunir a la banda, desde tentativas de privados hasta algunas de mayor perfil, como la del Maquinaria Festival 2012. Sin embargo, Miguel Tapia ha sido el único miembro del trío sanmiguelino que se ha manifestado dispuesto a volver a tocar con sus ex compañeros. Jorge González, radicado en Berlín entonces, rechazó una propuesta en septiembre de 2014, formulada por personeros del canal Chilevisión, que pretendía juntarlo con Tapia en un show en el Estadio Nacional. La ausencia de Claudio Narea en esta propuesta se debió, en primer lugar, al quiebre de su amistad con González, iniciado en 2003 tras su expulsión de Los Prisioneros y que detonó con la publicación de sus libros autobiográficos Mi vida como prisionero (2009) y Los Prisioneros: Biografía de una amistad (2014) —versión revisada y aumentada del primero—, en los que el guitarrista acusó a González de estar obsesionado con él, y de acosarlo durante años a él y a su familia (tanto en persona como por internet, e incluso a través de canciones), lo que atribuyó a una posible atracción homosexual no asumida; y, en segundo lugar, a las críticas de Narea contra la serie televisiva Sudamerican Rockers, emitida precisamente por Chilevisión.

En enero de 2009, Claudio y Miguel, después de retomar el contacto tras más de cinco años de separación, aparecieron juntos en La Cumbre del Rock Chileno II (Jorge actuó más tarde en el mismo evento, pero no se encontró con sus antiguos compañeros). Desde entonces conforman un dúo llamado precisamente Narea y Tapia, con el que han ofrecido numerosos conciertos interpretando temas de Los Prisioneros, en compañía de la banda de apoyo de Narea, Los Indicados. En 2010, el dúo publicó tres composiciones propias para descarga gratuita en su sitio web: «No me ves», «Legitimar» y «Fiesta nuclear» (esta última es una canción que fue desechada del disco Los Prisioneros), logrando en dos meses superar el millón y medio de descargas en más de veinte países de los cinco continentes. Tenían planeado armar un proyecto estable y la grabación de un álbum, pero esto no prosperó por diferencias musicales, y cada uno tomó su propio rumbo, aunque siguen tocando juntos en vivo. Miguel formó su propia banda, Travesía, y Claudio reanudó su carrera solista.

Paralelamente, después de la disolución de su proyecto Los Updates, y coincidiendo con el 25º aniversario de La voz de los '80, Jorge González ha retomado su carrera solista. Entre 2010 y 2011 realizó una gira nacional cantando íntegramente el álbum debut de la banda, junto a Gonzalo Yáñez (guitarra), Jorge Delaselva (bajo) y Pedropiedra (batería). El 24 de noviembre de 2012 interpretó en vivo todas las canciones del disco Corazones durante su presentación en el festival Primavera Fauna; experiencia que repitió el 9 de marzo de 2014, esta vez en el Teatro Municipal de Santiago, cerrando con los temas «Nunca te haría daño» (de su trabajo solista Libro, 2013) y «El baile de los que sobran». En ambas oportunidades estuvo acompañado de la ex tecladista de Los Prisioneros, Cecilia Aguayo, y de Uwe Schmidt, marido de Aguayo y colaborador de González en diversos proyectos. En febrero de 2015, cuando iniciaba una nueva gira por Chile, González sufrió un accidente cerebrovascular, del cual se encuentra recuperándose en Santiago. El 27 de noviembre de ese año se realizó el recital Nada es para siempre, concierto homenaje a Jorge González celebrado en el Movistar Arena, donde el cantante apareció por primera vez en un escenario después de nueve meses de rehabilitación, cantando ocho temas. El homenaje también significó la reconciliación de González y Miguel Tapia, a casi una década de la violenta ruptura de Los Prisioneros. Tapia participó interpretando «Paramar» y «¿Quién mató a Marilyn?» y, posteriormente, «El baile de los que sobran», a dúo con Jorge.

Legado

Para la reunión de Los Prisioneros en 2001, el suplemento Icarito del diario La Tercera indicó que a pesar del éxito internacional de La Ley y del prestigio artístico de Los Tres, Los Prisioneros eran los músicos chilenos más influyentes de las últimas dos décadas. Varios también músicos chilenos han reconocido la importancia que han tenido Los Prisioneros. El cantante y compositor Florcita Motuda dijo que «El baile de los que sobran» fue un tema representativo para la época en que se escribió. «De hecho, es una canción atemporal porque funciona a la perfección en los tiempos que corren. Ningún grupo encajó mejor en el perfil de la banda clásica de rock como Los Prisioneros», dijo. Y es que, a pesar del paso del tiempo, las canciones del trío sanmiguelino siguen teniendo plena contingencia de Chile y el mundo.

La publicación del primer casete del grupo, La voz de los '80, en 1984, ha sido descrito como el «inicio de la historia del pop chileno». El tema que da nombre al álbum se convirtió en un himno representativo de la década de los ochenta en Chile. Los propios miembros del grupo han dicho que este disco influenció a varios músicos chilenos de la época que hacían música jazz rock a atreverse a hacer rock y pop. Según EMOL: Dejaron a largo plazo una marca indeleble en el recorrido de la música rock en Chile [...] No era habitual escuchar sonidos como los de esas canciones en un medio atrasado de noticias si se trataba de rock. Palabras y ritmos como reggae, ska, punk, rockabilly, new wave o tecnopop sonaban de por sí atractivos y novedosos [...] Tampoco era habitual escuchar verdades como las de esas diez canciones, entre el entretenimiento dictado sobre todo por la televisión local de la época».

Cuando Los Prisioneros visitaron por primera vez Concepción, el diario El Sur los presentó como la «piedra inicial de un nuevo movimiento musical chileno». En 2006, el locutor radial Sergio «Pirincho» Cárcamo, dijo: «En Chile siempre hemos tenido tribus. Nunca ha habido movimientos musicales ni unidad. Se habla el "movimiento" de la Nueva Ola, del "movimiento" de la Nueva Canción Chilena, se tiraban mierda para cada lado. [...] No hay ningún grupo que catalice todo eso. Yo creo que los que catalizaron, que reflejaron el sentir de su época: Los Prisioneros en los ochentas, Los Tres fueron lo más importante de los noventas, y no ha reventado el de esta década». Alex Zapata en la revista digital Pensamiento Crítico, comentó que

«fue la banda conductora y la más importante. Su éxito comercial masivo (sin ayuda de los medios oficiales, al menos en sus comienzos) debido a la contingencia social de sus letras y su independencia de la política partidista [...], los convirtieron en modelos para otros grupos y la transformaron en una de las bandas más importantes en el rock made in Chile».

Además señaló que la banda «se convirtió en la voz de la generación hija de la dictadura, significaron un grito rebelde, más visceral, emotivo, que planificado; el canal de difusión de la juventud que sentía acatarrada y atada de manos en un pataleo que iba contra todo lo que significara poder, sistema establecido o stablishmen, pero dándole énfasis en su ataque más a los individuos o grupos que al régimen en sí». También, que fue la banda fundamental para que el rock chileno saliera de la clandestinidad poniéndolo en los medios masivos

«Encarnó un estado anímico de quiebre con la generación anterior, tomó la herencia punk en su esencia básica, [...] una preocupación por el individuo, en cuanto a que se debe ser auténtico, único, [...] por medio de la new wave, con una marcada estética anti-peña o estética de oposición al Canto nuevo, a los ricachones disfrazados de pobres, pero fundamentalmente al grupo de los que se consideraban artistas, ellos representaron un símil de la rebelión punk en nuestro país. Su ideología separaba el mundo entre ricos y pobres, [...] Su oposición a los "artesas", se dio hasta en la estética: si el look de éstos incluía el pelo largo, la barba, las vestimentas e indumentarias artesanales, ellos utilizaron el pelo corto, sin barba y las vestimentas que cualquier joven pobre podía encontrar en las tiendas de ropa de segunda mano. Emblemáticas fueron sus zapatillas North Star que contrastaban con las ojotas o chalas artesanales de los jóvenes universitarios».

Varios autores han señalado que el surgimiento de Los Prisioneros (el 1 de julio de 1983) y las jornadas de protesta que iniciaron el 11 de mayo de ese año se cruzaron en el camino. La censura hacia Los Prisioneros no hizo sino aumentar su reconocimiento, dotándolos de autenticidad que los acompañó por años. Eran el correlato pop de las jornadas de protesta de esos meses, según los periodistas Óscar Contardo y Macarena García. Sin embargo, Los Prisioneros no practicaban la política partidista. Según González, sus canciones no estaban sustentadas en una base ideológica ni contestataria, sino que, una vez hechas, aparecía el trasfondo: «Sólo contamos lo que cualquiera siente. Hay gente que reclama contra la sociedad capitalista no porque se haya leído a Marx sino porque simplemente no le alcanza la plata para comprar todo lo que la televisión le enseña que debiera tener para ser feliz. [...] Decir que somos contestatarios suena muy publicitario. Nosotros no reclamamos contra una persona sino contra el sistema como tal». Carlos Fonseca dijo que la visión del trío sanmiguelino era simplemente ser un grupo exitoso. «Por eso no circunscribían las letras a Chile. Ahora, con el tiempo, uno se da cuenta de que pese a eso la gente convirtió esas canciones en una herramienta de lucha contra la dictadura. Por eso Jorge se incomoda cuando le preguntan sobre esto, porque él nunca sintió haciendo canciones de protesta». Claudio Narea, en Mi vida como prisionero, dijo que si bien Los Prisioneros no era una banda política, simpatizaban con ideas de izquierda:

«Recuerdo cuando Jorge comenzó a hablar de socialismo un día mientras caminábamos por San Miguel. [...] Me decía que era lo más justo, que nadie se moriría de hambre y que la vida sería mejor para todos cuando se implantara ese sistema, y que de seguro se iba a implantar. [...] Pero en realidad no era tan común que al interior de la banda habláramos sobre política, pues la música era lo que nos llenaba. [...] No tuvimos presos políticos en nuestras familias, ni salíamos a protestar, [...] aunque igual llegamos a detestar a Pinochet observando las cosas que pasaban por esos días, como el caso de los profesionales degollados, por ejemplo.
Jorge González ha dicho muchas veces que la letra era un relleno en las canciones de Los Prisioneros. Él fue quien inventó aquellas canciones. [...] Nuestra banda será recordada siempre por los que vivieron la dictadura, precisamente por eso, porque había dictadura y no se podía hacer casi nada, salvo cantar canciones de Los Prisioneros. No tengo ni idea si la fama y la popularidad de la banda hubiesen sido igual sin los milicos, pero me da la impresión de que no. Creo que pertenecemos a esa época nos guste o no».

El legado de Los Prisioneros se ha traducido en homenajes que han ido desde álbumes tributo, libros biográficos, murales, versiones a nivel nacional e internacional, una serie de televisión (Sudamerican Rockers), y una película (Miguel San Miguel).

Relación con la prensa

Los Prisioneros, en especial Jorge González, se caracterizaron por mantener una pésima relación con la prensa de Chile adherente con la derecha. Era el mánager, Carlos Fonseca, quien daba la cara a los medios nacionales en lugar del vocalista. González explicó: «Gran parte de nuestra relación con los medios tiene que ver con que todo nuestro crecimiento ha sido de nosotros con el público. [...] Con qué autoridad negocia esa gente de El Mercurio, Copesa, que está interesada en poner un Gobierno de ultraderecha para poder pagar pocos impuestos y tener más billete». Desde sus comienzos, en época de dictadura, la prensa, por ese entonces controlada por Pinochet, acostumbraba a censurarlos, criticar cuando sacaban uno de sus discos, y hacerles zancadillas a lo largo de su carrera. En septiembre de 1987, mientras actuaban en Plaza de toros de Acho de Lima, unas personas estaban arrojando proyectiles al escenario. Al día siguiente, la prensa chilena destacó ese hecho en lugar de referirse al éxito que estaban teniendo en Perú. El Mercurio tituló: «Los Prisioneros agredidos en Perú»; añadiendo: «Una experiencia inolvidable vivieron los integrantes del conjunto rock contestatario chileno Los Prisioneros, durante el concierto que ofrecieron ante más de 7 000 frenéticos jóvenes, que agredieron a los músicos con diversos objetos».

A pesar del retorno de la democracia, a principios de la década de 1990, y de la banda en 2001, la relación no pareció mejorar, los medios de prensa criticaron severamente las declaraciones del vocalista en la Teletón 2002 y en el Festival de Viña en 2003. Fue en este último evento donde acusaron a la prensa de querer hacer una campaña de desprestigio contra ellos en los días próximos a que éstos se iban a presentar en el certamen viñamarino. En octubre de ese año, Miguel Tapia dijo que estaban cansados de las cosas que inventaban y que solo querían salir de Chile. En abril de 2005, antes de subir al escenario del Estadio Santiago Bueras, González se digirió hacia la prensa y sarcásticamente les dijo: «Este adiós no es tan emotivo porque seguiremos tocando en México».

Tras el despido de Narea en 2003, González acusó al guitarrista de asociarse con la prensa de derecha hablando contra Tapia y él, desde su primer retiro de Los Prisioneros en 1990, diciendo que era el «alma» de Los Prisioneros o el «auténtico» del grupo, y que ellos se vendieron. Incluso, durante el reencuentro, según Jorge, Claudio siguió hablando mal de ellos a sus espaldas, criticando sus composiciones en el álbum Los Prisioneros, y que después de abandonar el grupo por segunda vez, continuó desprestigiándolos. Claudio Narea desmintió esto y aseguró que la prensa ultraderecha no quería destruir a la banda como afirmaba el vocalista.

Durante la última etapa, la prensa chilena ni siquiera mencionaba las giras que Los Prisioneros realizaban entre el 2004 y 2005 en Estados Unidos, Canadá, México, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Chile, o se les bajaba el perfil como un fracaso. Solo se refirieron al último concierto en Caracas en 2006, que según los medios chilenos, fueron «pifiados y se pelearon», siendo esto desmentido por Jorge González en la revista Rolling Stone.

Influencias y estilo musical

Cuando empezaron en 1983, Los Prisioneros definieron su música como new wave. Jorge González aclaró en más de una oportunidad que Los Prisioneros eran una banda pop y no de rock. Dentro de sus influencias, cuando entraron al Liceo N.º 6 en marzo de 1979, escuchaban principalmente a The Beatles, Kiss, Queen, Bee Gees, Supertramp, entre otros. Pero fue The Clash, los que influyeron de forma decisiva al trío sanmiguelino; luego de escucharlos por primera vez en marzo de 1981, a través de un especial de Radio Concierto dedicado al álbum Sandinista!, los sanmiguelinos quedaron sorprendidos por la diversidad de sonidos con la que experimentaban los británicos (punk, rock, reggae, rap, jazz, disco e incluso vals), y todo esto con un toque humorístico, algo nuevo para ellos que estaban acostumbrados a un rock más tradicional. The Clash fue una gran influencia para Los Prisioneros, no solo en el aspecto musical, sino también lírico e ideológico. «Sus canciones mostraban una postura política definida, que nos hizo tomar conciencia de muchas cosas y decidimos que [...], si hacíamos música, no podíamos callarnos frente a lo que pasaba», declararía Narea tras la muerte de Joe Strummer. Esto se reflejó en los discos La voz de los '80 y La cultura de la basura, así como en la lírica y estética del videoclip «We are sudamerican rockers». Jorge González ha citado a Sandinista! como su disco favorito. El asombro por esta banda los llevó a escuchar otros artistas que también cultivaban estos géneros, como The Specials, The Stranglers, Bob Marley, The Cars, Adam and the Ants, Devo, entre otros. Varios medios han señalado que también tienen influencias de The Police, pero en diversas ocasiones lo han negado. Tras editar su primer álbum, diferentes medios han señalado La voz de los '80 como un disco punk, pero la banda ha negado en diversas ocasiones haber cultivado este género en el primer disco.

Hacia 1986, según Claudio Narea, lo que más escuchaban eran bandas punk como Siniestro Total, La Polla Records, Gabinete Caligari, también gustaban del grupo pop Golpes Bajos pero era el punk lo que más les gustaba. A partir de ese momento nació el grupo paralelo a Los Prisioneros: Los Apestosos. Cincos temas registraron el trío sanmiguelino bajo este seudónimo en 1987, en el estudio de Caco Lyon, quien quedó muy encantado cuando los escuchó tocar esas canciones, que decidió darles varias horas para que las grabaran. De estas sesiones salieron temas como «Generación de mierda», «Invitado de honor», y las versiones de estudio de temas compuestos durante la época de Los Pseudopillos y Los Vinchukas: «Policías y ladrones», «King Kong el mono» y «Dejen respirar», en el que Jorge, Claudio y Miguel imitaban a sus bandas favoritas. Este fue el breve paso que tuvieron Los Prisioneros en el punk.

En 1988, luego de leer la biografía de The Beatles, empezaron a escuchar obsesivamente a los artistas que influenciaron al cuarteto de Liverpool, como Elvis Presley, Bo Diddley, Gene Vincent, Buddy Holly, Chuck Berry, entre otros. Yogui Alvarado (líder y vocalista de Emociones Clandestinas) les sugirió que escucharan The Cramps, mientras que González leía relatos de H. P. Lovecraft. Con estas influencias, Jorge y Claudio, bajo el nombre de Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos, comenzaron a experimentar con el rock and roll y el rockabilly, componiendo canciones de tres acordes y letras dementes que grabaron en la sala de ensayo con una grabadora de cuatro pistas, solo por diversión. De estas sesiones salieron los temas «Mal de Parkinson», «Aceite humano», «Rock on the rocks», «Lucho es un rocker», «Elvis fue un vampiro» y «En la cripta». De todo este material emergió «We are sudamerican rockers».

En 1985, Jorge y Miguel fueron influenciados por artistas tecno como Depeche Mode, Ultravox, Thomas Dolby, Heaven 17, y también de grupos de new wave como The Cure, o de indie rock como The Smiths y Aztec Camera, lo cual se vio reflejado en la utilización masiva de teclados, sintetizadores, y batería eléctrica en Pateando piedras y que explotó más adelante en Corazones, siendo estos dos álbumes propiamente tecno. Lalo Ibeas, líder de Chancho en Piedra, opinó que fue muy arriesgado para Los Prisioneros «haber hecho su segundo disco cambiando radicalmente el sonido de la banda, pasar de guitarras al estilo The Clash, al sonido de los sintetizadores, y así y todo seguían sonando como Los Prisioneros».

La cultura de la basura ha sido señalado como el álbum más roquero de la agrupación. Para el disco Corazones, orientado en el synth pop, González se inspiró en artistas melodramáticos como Salvatore Adamo, Sandro, Camilo Sesto, Julio Iglesias, Nino Bravo, Los Ángeles Negros, Jeanette, Joe Dassin y Los Galos, y también en músicos electrónicos y pop como George Michael, Pet Shop Boys, Rick Astley, The Human League, Mixmaster Morris, Inner City, A Guy Called Gerald, The KLF y Phuture. Mientras que Los Prisioneros, según Jorge González, fue influenciado por los trabajos anteriores de la banda y cómo podían utilizarlos en esa época.

Jorge González declaró que «Muevan las industrias» les dio identidad en Latinoamérica, en países como Colombia, Venezuela, Perú y otros lugares, porque sonaba diferente a las grandes potencias del rock en español y argentino. Cristián Heyne, productor musical de artistas como Supernova y Javiera Mena, señaló «Muevan las industrias» como una de las canciones mejor logradas del trío: «[Es] una canción única. Hay una oscuridad allí, una solidez sonora que no se puede encontrar en ningún otro grupo chileno». El musicólogo Juan Pablo González dijo que «marcó un puente sonoro en los años 80, desde una sonoridad artesanal, donde prevalecían la lana de los chalecos chilotes y las guitarras arpegiadas, hacia este mundo new wave, de sonidos tecnológicos y textos clarísimos, donde no había cabida a las metáforas y a la agenda política de la época». Según la agrupación reggae-pop chilena Bambú, liderada por Quique Neira, «No necesitamos banderas», proveniente del álbum debut, fue la primera canción reggae grabada en Chile.

Premios y reconocimientos

Los medios chilenos empezaron a tomar más en cuenta a Los Prisioneros tras el éxito de su segundo álbum, Pateando piedras. La revista Super Rock los señaló como el mejor grupo de Chile. Además, premió Pateando piedras como mejor álbum, a Jorge González como el mejor compositor y eligió el tema «El baile de los que sobran» como la mejor canción del año. Posteriormente, fueron premiados en Perú por el tema «El baile de los que sobran», en Ecuador por «Sexo», en Colombia como el mejor Conjunto de Rock, además, «El baile de los que sobran» fue elegida como la canción del año, y Pateando Piedras como el álbum del año. En 1991, fueron premiados con el premio Laurel de Oro como «mejor grupo rock pop». En sus presentaciones en el Festival de Viña en 1991 y 2003, el público los premió con antorcha y gaviota. Han sido certificados con más de cuarenta discos de platino en Chile. En 1998, el videoclip de «Sexo» fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana. El 1 de octubre de 1993, el primer videoclip emitido por MTV Latinoamérica al iniciar sus transmisiones fue «We are sudamerican rockers».

Miembros

  • Jorge González - Vocalista, bajo, guitarra, teclado (1983-1992, 2001-2006)
  • Claudio Narea - Guitarra, teclado, coros (1983-1990, 2001-2003)
  • Miguel Tapia - Batería, teclado, segunda voz, coros (1983-1992, 2001-2006)
  • Cecilia Aguayo - Teclado, coros (1990-1992, apoyo en vivo)
  • Robert Rodríguez - Bajo, guitarra, teclado, coros (1990-1992, apoyo en vivo)
  • Sergio Coti Badilla - Teclado, guitarra (2003, apoyo en vivo; 2004-2006)
  • Álvaro Henríquez - Guitarra, teclado, coros (2003, apoyo en vivo)
  • Gonzalo Yáñez - Guitarra, coros (2004-2005)

Discografía

  • 1984 - La voz de los '80
  • 1986 - Pateando piedras
  • 1987 - La cultura de la basura
  • 1990 - Corazones
  • 2003 - Los Prisioneros
  • 2004 - Manzana
[Imprimir Biografía] - [+ biografías de Los Prisioneros]
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