Biografía de Newell's Old Boys

La historia de don Isaac Newell, nacido en el condado de Kent, en Taylor’s Lane, Inglaterra, comienza a tener su importancia para la comunidad rosarina en 1869, cuando arriba a nuestro puerto, con sus flamantes 16 años.

Una extraña coincidencia lo lleva a tocar a la puerta de una mansión de la calle Entre Ríos, a metros del Río Paraná, donde vivía Guillermo Wheelright, impulsor de la línea ferroviaria que se construía por entonces para unir Rosario con Córdoba.

Esa casa sería suya con los años y en esa casa -el actual Colegio Nacional Nro 2 “Gral San Martín”- tendría su feliz alumbramiento Newell's Old Boys.

Don Isaac Newell, profesor de inglés, instaló con su esposa su propio colegio, el Anglo Argentino, para lo cual alquiló el mismo edificio de la calle Entre Ríos donde encontró protección a su arribo a la ciudad.

Acontecía ello por 1884, ejerciendo la dirección del establecimiento hasta 1900 cuando confío la misma a su hijo Claudio.

En dicho Colegio floreció no sólo el amor por el estudio de las artes y las ciencias; en los cortos períodos de recreo, los muchachos del Anglo Argentino matizaban sus jornadas con fenomenales “picados” futbolísticos, a los que solían sumarse los ex alumnos de la escuela que la visitaban diariamente con ese fin.

Tal entusiasmo recibió el permanente estímulo de don Isaac y la fervorosa adhesión de su hijo Claudio, de notables aptitudes para el nuevo deporte.

Semejante predisposición provocó la necesidad de canalizar esa pasión hacia formas más orgánicas para la práctica futbolística.

Según el testimonio que Parodi recogiera de don Víctor G. Heitz -el primer presidente ñulista- los partidos realizados en el patio del colegio eran disputados por alumnos de cada curso, encendiéndose acaloradas discusiones, algunas subidas de tono.

Por lo demás, el ejemplo que venían dando Atlético del Rosario y Central Argentine Railway Club, además de otras instituciones de corta vida -el Albión Rosarino, Echesortu, Estudiantes-, tentaron la imaginación de profesores y estudiantes.

Claudio Newell convocó a una asamblea para debatir el propósito de fundar una entidad y canalizar a través de ella la práctica del fútbol de los alumnos de la escuela.

El 3 de noviembre de 1903 se realizó la reunión en el patio del colegio, quedando simbólicamente fundado el nuevo club.

Por unanimidad, se resolvió erigir destinatario del gesto al viejo maestro, don Isaac Newell, en cuyo reconocimiento decidieron llamar a la entidad por el nombre de Club Atlético Newell's Old Boys (los viejos muchachos de Newell), en obvia alusión a la protagónica participación que tuvieron en la gestación y concreción de la idea los ex alumnos del establecimiento.

La flamante entidad recién comenzó a tomar forma legal dos años más tarde, y su rica y ascendente historia deportiva se empezó a escribir ese mismo año de 1905, cuando el equipo integrado por Caloso; Hiriart, Barcelone; Wheeler, Fradua, Balbiani; Víctor Heitz (el presidente), Moore, Faustino González, José Viale y Prats, conquistó el primer campeonato organizado por la Liga Rosarina de Fútbol -fundada ese mismo año-, adjudicándose la Copa “Santiago Pinasco”, mérito que alcanzó nuevamente en su segunda edición, en 1906.

Parece ser que los primeros colores de la camiseta ñulista fueron el blanco y el azul-celeste, dispuestos en bastones verticales, con la bandera inglesa en el bolsillo, según las referencias brindadas a Parodi por Violeta Newell, hija de Claudio L. Newell.

La clásica casaca rojinegra, adoptada definitivamente al poco tiempo, tiene el siguiente origen: fue tomada del escudo del Colegio Anglo Argentino (vulgarmente conocido como Colegio Inglés de entonces), que se dividía en dos campos, uno negro, conteniendo las alas de Mercurio (Dios de la elocuencia y el comercio), y otro rojo, en el que se advertía la lámpara de la sabiduría; a la izquierda estaba dibujada la bandera inglesa, en tanto que a la derecha aparecía la bandera argentina.

Otros, afirman que al adoptarse para la casaca los tradicionales colores rojo y negro también se tuvo en cuenta el sentido de homenaje de los primeros asociados al viejo tronco de la familia Newell, eligiéndose el rojo de la bandera inglesa (nacionalidad de Isaac Newell), y el negro de la enseña nacional alemana (patria de Anna Margarth Jockinsen, su esposa).

Ya constituido formalmente y ante la inminencia del primer torneo organizado por la flamante Liga Rosarina de Fútbol, nacida en 1905, Newell's Old Boys advierte la necesidad de contar con su propia cancha.

Estuvo a punto de ocupar las instalaciones del antiguo Hipódromo de Rosario, en la zona de Sorrento.

Las gestiones no dieron el resultado esperado aunque la alternativa apareció de inmediato; y los rojinegros pasaron a ocupar un terreno situado a un costado del predio del Tiro Federal Argentino, en bulevar Avellaneda y Humberto 1ro.

Como podrá advertirse, en pleno corazón de la ciudad donde ya pisaba fuerte, desde unos cuantos años atrás, Rosario Central, lo que supone un factor importante -sino decisivo- del ancestral antagonismo entre las dos poderosas instituciones.

Las escasas comodidades que allí tenían -una casilla de madera, de dimensiones reducidas y modestísima construcción- les llevó a buscar un nuevo sitio, trasladándose tiempo después a unos terrenos de un tal Gauna, en el barrio Vila, en los que se instaló -ampliada y reacondicionada- la vieja casilla de madera de la cancha original, construyéndose una tribuna, también de madera, que más tarde lució por mucho tiempo en la cancha de Provincial.

Ocurría esto por 1907 y el creciente interés de los hinchas por seguir al club de sus amores determinó que las autoridades ñulistas solicitaran al ferrocarril Central Argentino la provisión de servicios especiales los días de partido.

Allí estuvieron hasta 1911, cuando lograron la concesión de los terrenos ubicados en el Parque Independencia, en los que se trabajó para construir los primeros tramos de lo que constituye hoy su remodelado estadio.

Inaugurado el 22 de julio de 1911, significó el primer encuentro celebrado en tal oportunidad un estrepitoso revés para el conjunto local, que cayó derrotado por su invitado, el club porteño de Buenos Aires, por cinco a cero.

La derrota deportiva no alcanzó a empañar, empero, la formidable fiesta de aquella jornada, la primera de una serie interminable de recuerdos muy gratos para varias generaciones de simpatizantes rojinegros.

Fuente: lepra123456789 a través de Musica.com

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