Los Prisioneros

Biografía de Los Prisioneros

Para otros usos de este término, véase Los Prisioneros (desambiguación).

Los Prisioneros fue una banda de rock chilena, considerada la más importante de su país ​ ​ ​ y una de las más destacadas e influyentes de América Latina. ​ ​ ​ ​ ​ Formada en los años 1980 la comuna de San Miguel, estuvo compuesta en un principio por Jorge González (voz, bajo), Claudio Narea (guitarra, voz y coros), Miguel Tapia (batería, voz y coros). En sus inicios, desarrollaron un sonido punk con matices de new wave, para posteriormente acercarse al synth pop. Se hicieron conocidos por sus canciones llenas de contenido y de crítica social, sirviendo de inspiración para despertar a una generación que estaba siendo oprimida por la dictadura militar, quienes emplearon estos temas como lucha contra el régimen de Augusto Pinochet. Esto los llevó a ser censurado en los principales medios de comunicación en Chile, hasta principios de los años 1990; no obstante, pese al veto, tuvieron un gran éxito comercial sin precedentes, traspasando fronteras en países como Perú, Ecuador y Colombia. Coincidiendo con la transición a la democracia, se produjo el primer quiebre y reestructuración de la banda: Claudio abandonó la agrupación, Jorge asumió la guitarra en su reemplazo y se incorporaron Cecilia Aguayo (teclados, coros) y Robert Rodríguez (bajo, coros) como respaldo en vivo hasta inicios de 1992, fecha en que la banda se separó.

En esta primera fase, Los Prisioneros publicaron cuatro álbumes, tres de ellos incluidos en la lista de los 50 mejores discos chilenos de la historia publicada por la versión chilena de Rolling Stone: La voz de los '80 (n.º 3), Corazones (n.º 9) y Pateando piedras (n.º 15). ​ Entre el receso y la reunión, Los Prisioneros vendieron más de 700 000 copias, ​ ​ cifra solo superada por «El rock del Mundial» de Los Ramblers, como los artistas que más han vendido dentro de la música chilena. ​ Ya durante el segundo período, vendieron más de 800 000 unidades ​ —siendo certificados con más de 40 discos de platino en Chile— y un millón de discos en el extranjero. ​ La canción «Tren al sur» fue elegida por los lectores de la revista digital Satélite Natural como la séptima mejor canción del rock latino de todos los tiempos, ​ también fue situada en la séptima posición dentro de las 25 obras maestras del rock en español de la revista Billboard, ​ y en el n.º 18 de las 50 canciones más importantes de pop latino por la revista estadounidense Rolling Stone. ​ A su vez, «We are sudamerican rockers» fue elegido para ser el primer videoclip emitido en la inauguración la filial MTV Latinoamérica, en octubre de 1993.

Luego de que los miembros originales realizaran carreras solistas, ninguno con la repercusión que alcanzaron como trío; en 2001, la formación original se volvió a reunir, ofreciendo dos conciertos en el Estadio Nacional con más de 140 000 asistentes en total. Durante los dos años siguientes realizaron una gira nacional con 200 000 espectadores en todo Chile, ​ como asimismo en Latinoamérica, Estados Unidos y España, concitando también cientos de miles de espectadores. Sin embargo, el grupo tuvo nuevas dificultades en 2003 tras grabar y publicar un nuevo álbum que terminó con la salida de Narea. González y Tapia intentaron continuar junto con nuevos integrantes, publicando un último álbum en 2004. A principios de 2006, Los Prisioneros se disolvieron de forma definitiva tras haber nuevos desacuerdos.

Índice
  • 1 Historia
    • 1.1 Formación y primeros años (1979-1985)
      • 1.1.1 La voz de los '80
    • 1.2 La consolidación (1986-1989)
      • 1.2.1 Pateando piedras, exclusión del Festival de Viña y conciertos en el extranjero
      • 1.2.2 La cultura de la basura, plebiscito, apoyo al «no» y gira latinoamericana
    • 1.3 Separación (1989-1992)
      • 1.3.1 Primera salida de Claudio Narea, Corazones, Festival de Viña y primera separación
    • 1.4 Receso (1992-2001)
      • 1.4.1 Ni por la razón, ni por la fuerza, Los Dioses, Tributo a Los Prisioneros y El caset pirata
    • 1.5 Reunión (2001-2003)
      • 1.5.1 Conciertos en el Estadio Nacional y gira de reencuentro
      • 1.5.2 Polémicas, nuevo recital en el Estadio Nacional y Los Prisioneros
      • 1.5.3 Segunda salida de Claudio Narea y Los Prisionellis
    • 1.6 Años finales (2004-2006)
      • 1.6.1 Manzana, radicación en México y separación definitiva
    • 1.7 Después de la separación
  • 2 Influencias y estilo musical
  • 3 Legado
  • 4 Impacto sociocultural
    • 4.1 Vigencia de sus canciones
    • 4.2 Relación con la prensa
  • 5 Premios y reconocimientos
  • 6 Miembros
  • 7 Discografía
  • 8 Notas
  • 9 Referencias
  • 10 Bibliografía
  • 11 Enlaces externos

Historia

Formación y primeros años (1979-1985)

En marzo de 1979, Jorge González, Miguel Tapia —ambos de catorce años— y Claudio Narea —de trece años de edad —ingresaron al primer año de enseñanza media (la secundaria en Chile) y se conocieron siendo compañeros de sala en el Liceo 6 (actual Liceo Andrés Bello) de la comuna de San Miguel, en Santiago. González y Narea descubrieron que ambos apreciaban al grupo Kiss, lo que constituyó la base de afinidad que los llevó a estrechar lazos de amistad. ​ En 1980, ambos se unieron a los hermanos Álvaro y Rodrigo Beltrán ​ (vecinos de Claudio), para crear Los Pseudopillos, ocurrencia de nombre que surgió en clase de biología, cuando su profesora mencionó la palabra «pseudópodo». Este era un cuarteto vocal con el que grabaron más de un centenar de canciones humorísticas, escritas principalmente por Jorge y Claudio, para las que empleaban únicamente objetos caseros como percusión. ​ Paralelamente, Jorge se reunía con Miguel a componer, mientras planificaban un proyecto musical más ambicioso: querían ser tan famosos como The Beatles. Inspirados en la dupla Lennon-McCartney, sobre quienes, erróneamente, pensaban que se dividían las labores de composición, Tapia escribía la letra de las canciones y González componía la música en piano o guitarra, pero al poco tiempo Jorge decidió hacerse cargo también de los textos. ​ Ya que Miguel se refería a los Beatles como «Los Escarabajos», Claudio bautizó al grupo como Los Vinchukas haciendo referencia a la vinchuca, mencionada también en clase de biología. ​ Posteriormente invitaron a Claudio a unirse a la banda, ​ y poco después, se unió Álvaro Beltrán. Además la banda consiguió adquirir su primera batería de segunda mano, que le había pertenecido a un grupo de cumbia, gracias a un préstamo obtenido por la hermana de Miguel. ​

El cuarteto hizo debut el 14 de agosto de 1982 en su propio liceo, dos meses más tarde se presentarían en el Liceo 1 de Niñas, en su misma comuna. ​ Sin embargo, a pocos días de egresar de 4° medio ese mismo año, el grupo tuvo sus primeras diferencias serias, lo que motivó su división. ​ Tres meses después de ese quiebre, Claudio volvió a unirse con Jorge y Miguel, mientras que Álvaro se mantuvo alejado. ​ Los Vinchukas, ahora convertidos en un trío, estaban muy decididos a dedicarse profesionalmente a la música y buscaron un nuevo nombre, más definitivo para esta nueva etapa. Primero habían escogido «Los Criminales», pero pronto Miguel sugirió «Los Prisioneros», idea que finalmente prosperó. ​ La primera vez que tocaron bajo el nombre Los Prisioneros fue el 1 de julio de 1983 en el Festival de la expresión joven del instituto Miguel León Prado. ​ El 19 de diciembre de 1986, Tapia registró el nombre con el giro de «grupo musical» en el Ministerio de Economía, quedando como marca de su propiedad. ​

En marzo de 1983, Jorge ingresó en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile para estudiar licenciatura en música, allí conoció a Igor Rodríguez (futuro miembro de Aparato Raro), Robert Rodríguez (futuro miembro de Banda 69) y a Carlos Fonseca, con el último entabló rápidamente una amistad y poco después Carlos lo invitó a conocer y escuchar música en su tienda de discos Fusión. ​ Muy pronto, González dejó la carrera para enfocarse en el grupo, mientras que Fonseca también lo hizo para dedicarse a su tienda de música. Este tenía un programa en Radio Beethoven llamado Fusión contemporánea y tenía pensado hacer un especial para fin de año con artista chilenos nuevos, Jorge llevó le uno demos que había grabado en una radio-casetera en su casa, más un tema en directo, quedando asombrado al escucharlas, ​ entonces le propuso re-grabarlas para incluirlas en el especial. Cuando Carlos conoció al resto de la banda, sugirió reemplazar a Claudio, ya que consideraba que este no era un buen guitarrista, pero Jorge y Miguel se negaron porque los tres formaban Los Prisioneros. ​ ​

En noviembre Los Prisioneros grabaron los primeros demos en un estudio amateur armado por Carlos en el segundo piso de Fusión. ​ Al otro mes Fonseca presentó «La voz de los '80» y «Brigada de negro» en su programa radial. Además, habló favorablemente del grupo en la revista Wikén —suplemento de El Mercurio— para la nota sobre el especial, y en abril de 1984, escribió un artículo sobre Los Prisioneros en la revista Mundo Diners Club, bajo el nombre de Alberto Velazco. ​ ​ ​

La voz de los '80

El 13 de diciembre de 1984 lanzaron su primer álbum en formato casete, La voz de los '80, bajo el sello independiente Fusión, producido por el propio González aunque este lo acreditó a nombre de la banda. ​ Todos los temas fueron escritos, compuestos y cantados por él, a excepción de «¿Quién mató a Marilyn?», escrito y cantado por Miguel Tapia. ​ El disco se grabó inicialmente y en su mayor parte en el estudio de Francisco Straub, pero se terminó y mezcló en el Estudio A de Alejandro «Caco» Lyon, donde igualmente se grabarían los dos discos siguientes. ​ «Ese fue un casete que grabamos sin tener ninguna experiencia, tanto nosotros como los técnicos», señaló Miguel Tapia a la revista Super Rock en 1987: «Nadie entendía bien la idea de sonido que envolvía el pop y por eso pienso que muchas canciones que están ahí podrían haber rendido más; pero para ser un verdadero experimento, pensamos que estuvo bien, aunque ahora lo veamos todo desde otra perspectiva». ​ El periodista Freddy Stock señaló en la revista Rolling Stone que La voz de los '80 es el disco más importante del rock chileno, asegurando que fue el primer álbum en la historia musical de Chile que mezcló la ruptura social con la fuerza del rock. «Cada canción del disco es resentimiento. Es un álbum agnóstico en esencia, desconfiado, simple, directo e irónico y, por esto, intensamente rocanrolero. Llamó a no ir detrás de un líder ni creer en la representatividad ["No necesitamos banderas"] en dictadura. Vaya osadía. Pero también disparó contra la cultura en masas ["Mentalidad televisiva"], el amor ["Paramar"], las tribus juveniles ["Brigada de negro"], el hedonismo machista ["Sexo"], o en los chantas acomodados ["Nunca quedas mal con nadie"]». ​

Se editaron 1 000 copias de esta primera edición de La voz de los '80 y se agotaron seis meses después ya que los medios de radio, prensa y televisión acogían principalmente a artistas argentinos. ​ Apenas tuvieron rotaciones por Radio Galaxia y tuvieron intervenciones televisivas en Sábados Gigantes, Canal 11 y la sexta edición de la Teletón. Fue en este último evento donde la banda sufrió su primer episodio de censura: mientras interpretaban el primer sencillo del álbum, «La voz de los '80», Televisión Nacional de Chile, en ese entonces controlado por la dictadura militar, sacó la señal del aire. Según Narea, los militares habían considerado que Los Prisioneros podían ser peligrosos para la estabilidad del régimen de Augusto Pinochet. ​

A mediados de agosto de 1985, Carlos Fonseca consiguió una cita con Julio Sáenz, un argentino afiliado del sello EMI que estaba interesado en editar a bandas chilenas, es así como Los Prisioneros junto con Aparato Raro —quienes también eran representados por Fonseca— obtuvieron un contrato discográfico ​ y para celebrarlo, organizaron un concierto en el Teatro Cariola, con el grupo Cinema de invitado. En esa presentación Los Prisioneros hicieron debut con los teclados y presentaron temas nuevos, algunos de los cuales formarían parte del segundo álbum. ​ En octubre, EMI lanzó una nueva edición de La voz de los '80 en todo Chile, vendiendo más de 100 000 copias. ​ ​ «Sexo» tuvo mejor acogida en las radios aunque no llegó a los primeros lugares, de acuerdo a revista Vea, especializada en las listas musicales de Chile en esa época. ​ Mientras que en la televisión, la canción era prohibida por su título, esto molestaba a Jorge, ya que se encontraban promocionando su segundo sencillo, a causa de esto, abandonaron el estudio de Martes 13 cuando no les permitieron tocar «Sexo» pese a tratarse de una crítica a la banalización del cuerpo; enemistándose con la estación televisiva Universidad Católica. ​

La consolidación (1986-1989)

Pateando piedras, exclusión del Festival de Viña y conciertos en el extranjero

El 15 de septiembre de 1986 lanzaron su segunda producción, Pateando piedras, una semana después del atentado contra Augusto Pinochet y durante estado de sitio. Se destacó por un sonido mucho más sintético y elaborado, con la abundante utilización de teclados, sintetizadores, secuenciadores, samplers y baterías programadas. ​ Claudio en su autobiografía indicó: «Siete de los temas no tienen bajo, sino bajo teclado. Todas las baterías son programadas y tres de los temas no tienen guitarra». ​Lalo Ibeas, líder de Chancho en Piedra, opinó que fue muy arriesgado para Los Prisioneros «haber hecho su segundo disco cambiando radicalmente el sonido de la banda, pasar de guitarras al estilo The Clash, al sonido de los sintetizadores, y así y todo seguían sonando como Los Prisioneros». ​

De este trabajo salieron temas como «Muevan las industrias» sobre la cesantía, «¿Por qué no se van?» dedicado a los artistas esnob y «El baile de los que sobran» sobre la desigualdad en la educación. ​ La última canción es considerada una de las más emblemáticas de la música popular chilena de los años 1980, ​ y tuvo resonancia en parte de Latinoamérica. ​ ​ De acuerdo a Fabio en su primer libro, El grito de amor. Una actualización histórica temática de rock, «El baile de los que sobran» junto a «Sucio policía» de la banda peruana Narcosis y «La gente del futuro» del cantante argentino Miguel Cantilo (con Punch), propusieron testimonios que la historia de nuestro continente recogió como elementos de vital libertad en una época de oscuridad y clausura social. ​

En lo musical, Patricio Urzua en Rolling Stone Chile, señaló que «lo más llamativo [de Pateando piedras] era el sonido electrónico que insinuaba “Estar solo” o los ladridos sampleados de “El baile de los que sobran”. En ciertos círculos, esto acarreó comparaciones inmediatas con Depeche Mode. Más allá de esta novedad que para entonces era cegadora, las guitarras seguían mandando en el sonido del trío: el riff de “Quieren dinero” no desentonaría en la banda sonora de un spaghetti western, lo que de nuevo habla de la inteligencia de la banda». ​ Mientras que en la parte social, Fabio en su otro libro, La primavera terrestre: cartografías del rock chileno y la nueva canción chilena, dijo que «es un álbum que establece un alegato sobre la juventud marginada de la política económica de la dictadura y una brillante reivindicación de clase». ​

Durante las sesiones del álbum sugieron las primeras desavenencias musicales entre González y Narea. ​ El último no se sintió cómodo con esta nueva forma de trabajar, por lo que se limitó a grabar únicamente las partes con guitarras —incluyendo la guitarra acústica en «El baile de los que sobran»—; ​ ​ ​ después se retiraba temprano del estudio para ir a ver a Claudia Carvajal, su futura esposa, mientras Jorge y Miguel seguían grabando y mezclando, ​ ​ habiendo temas como «Muevan las industrias» —que González grabó solo— ​ en los que el guitarrista no tuvo ninguna participación. ​

A pesar de haber perdido algunos seguidores tras el cambio de sonido del grupo; ​ el álbum vendió 5000 copias en los primeros diez días de su distribución —un récord jamás alcanzado por un grupo musical juvenil de Chile—, y, a dos meses y dos días de su lanzamiento, obtuvieron un segundo disco de platino con 20 000 copias vendidas, algo que no se había logrado con ningún artista desde la llamada Nueva Ola. ​ En noviembre lanzaron el disco de forma oficial en dos presentaciones en el Estadio Chile, con la asistencia de más de 11 000 personas. El grupo rompió otro récord al llenar dos veces consecutivas el recinto. ​ En ese momento de éxito fueron invitados junto con la banda chilena Valija Diplomática para actuar al Festival Internacional de Montevideo Rock de Uruguay. Publicaron sus discos en ese país pero pasaron casi desapercibidos por lo que no regresaron. ​ Ese año actuaron en el programa infantil Patio Plum, en un episodio titulado «Los amigos rockeros», presentación que fue muy significativa ya que en ese entonces, a pesar de su gran popularidad, Los Prisioneros estaban prácticamente casi vetados de la televisión chilena. ​

En febrero de 1987 quedaron fuera de la edición XXVIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, pese a ser el grupo más popular de Chile de acuerdo a informaciones especializadas, yendo en su lugar el grupo Upa!. ​ Aun siendo ignorados para subir a la Quinta Vergara, el humorista Jorge Cruz mencionó durante su rutina en el Festival a Los Prisioneros para «ayudarse» con el público, publicó El Mercurio. ​ En esa edición se presentó el grupo argentino Soda Stereo, quienes tenían la misma popularidad en Chile que el trío sanmiguelino, ​ con la diferencia de que ellos tenían acceso a los medios que censuraban a Los Prisioneros, por lo que en esa época era habitual que estos se burlaran y criticaran a Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti en conciertos y entrevistas. ​ Incluso, llegaron a decir que «Soda Stereo es el rock que le encanta a Pinochet». ​ Dos décadas después, admitieron que solo hablaban por envidia, e incluso, reconocieron su admiración por Soda Stereo y sus integrantes, y que les ganaron en cuanto a popularidad. ​ ​ ​ ​ En 2003, Jorge conoció a Charly, limando las asperezas que tuvieron las bandas; ​ Claudio y Zeta harían lo mismo un mes después, ​ este último años después dijo: «Quizás en algún momento la prensa nos puso a competir con Los Prisioneros, pero todos somos músicos y lo que hacemos es darle felicidad a la gente, que puedan soportar su carga de todos los días. Somos colegas». ​

La banda viajó a Argentina para participar en el Festival Chateau Rock realizado en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba el 28 de marzo. La revista local Pelo fue bastante dura con la propuesta del trío sanmiguelino, ya que según pecaba de localista —«¿qué puede significar para un argentino "Muevan las industrias"?»— y no estaba «basada en firmes conceptos musicales». ​ Luego se dirigieron a Buenos Aires para participar dentro del Festival Pepsi en el Estadio Obras Sanitarias el 4 de abril. La crítica de Pelo fue un poco más benigna en esa ocasión:

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Los Prisioneros tuvieron [...] un show digno, respaldado por una cantidad de chilenos que [los] apoyaron calurosamente [...]. La propuesta del trío es rústica y contenido demasiado localista, pero la banda luce sin dudas una personalidad definida, la que sin duda la llevó a convertirse en la más representativa del pop de su país. ​

Pero de todos modos continuó criticándolos para la nota en que los entrevistaron previo al concierto, titulada «¿Por qué no se van?». ​ Según Narea, el saldo de este segmento de la gira fue a su entender que la banda casi no gustó al público de Argentina, mientras que la prensa de ese país solo les preguntaba por Pinochet. ​ Diferente fue el escenario en Perú, donde tres de sus canciones estuvieron dentro de los diez primeros lugares. «El baile de los que sobran» ocupó el primer lugar por más de seis semanas. ​ En septiembre tocaron ante 14 000 personas en la Plaza de toros de Acho de Lima, y en Ecuador, donde también tuvieron un éxito similar, ​ tocaron para 7 000 en el Coliseo Techado de Guayaquil

La cultura de la basura, plebiscito, apoyo al «no» y gira latinoamericana

En octubre empezaron a grabar su tercer disco, titulado La cultura de la basura. ​ Este trabajo contó por primera vez con Narea y Tapia como compositores, Jorge les prometió que iban a componer los tres juntos, pero finalmente él lo hizo por su lado, haciendo un total de diecisiete canciones. Una vez que hizo los demos de sus temas, Narea y Tapia comenzaron a escribir los suyos, dando cuatro canciones, siendo todas incluidas en el disco: «Somos sólo ruido», «Algo tan moderno», «El vals» y «Lo estamos pasando muy bien». ​ ​ Además, Claudio debutó como cantante siendo el vocalista principal en «Lo estamos pasando muy bien» y «El vals». Mientras grababa esta última canción, Caco Lyon le insistía en que tenía que afinar más la voz, pero el guitarrista no podía. ​ Lyon recuerda la grabación como un «parto». ​

Durante las sesiones grabaron un siniestro spoken word —titulado «Lo estamos pasando muy mal»— sobre un agente de la CNI que іbа narrando en primera persona la misión que tenía de asesinar a un dirigente opositor a la dictadura. Cuando Max Quiroz (ejecutivo de EMI) escuchó la canción, le dijo a Caco: «Viejo, si esto lo sacamos, nos vamos todos a la cárcel». ​ Los Prisioneros venían de haber sacado un disco exitoso y ya eran reconocidos en Latinoamérica, lo que ocasionó que perdieran el orden interno. Esto no fue del agrado de Caco Lyon, que al ver que en el estudio ya no existía la misma coordinación de los trabajos anteriores, decidió retirarse y dejar a cargo a su ayudante, Antonio Gildemeister, apenas un novato. Esto dio como resultado un sonido sucio. ​ El líder y el mánager de la banda también tuvieron sus desencuentros para la elección del primer sencillo. Jorge quería que fuera «Que no destrocen tu vida», mientras que Carlos —quien elegía los sencillos— prefería «Maldito sudaca», ​ al final se usó el primero. ​ ​

La cultura de la basura salió el 3 de diciembre, logrando 10 000 copias en su venta anticipada, ​ pero no agradó del todo a los fanes. Con solo 70 000 copias vendidas, ​ la prensa lo consideró como el primer fracaso artístico y comercial de Los Prisioneros, a pesar de haber sido certificado con doble disco de platino. ​ Para González, el disco no fue ningún fracaso, pero sí, el punto bajo de la banda, ​ mientras que Carlos Fonseca culpó a Claudio y a Miguel, ya que, según él, Jorge se relajó cuando ellos se pusieron a componer. ​ Un crítico de la revista Rockaxis comentó: «El disco, que podríamos definirlo como de rock-pop, con mucha experimentación, es más extenso y complejo que los anteriores, lleno de rarezas, gritos, ruidos, trompetas, pero nunca dejando atrás su irreverencia e ironía frente a la sociedad. A pesar de que este disco no logró el impacto social de los otros dos, es quizás el elepé de mayor calidad, variedad y de madurez composicional por parte de Jorge González y en general de todos sus integrantes». ​ Fonseca consideraba que «Lo estamos pasando muy bien» era un gran tema, pero las otros temas de Narea y Tapia eran como «mostrar la hilacha», señaló. ​ Por lo tanto, esta canción fue la única que se incluyó en la edición latinoamericana de La cultura de la basura, en 1988. Se remezclaron algunos temas con un sonido más limpio, mientras que otros se grabaron nuevamente. «Lo estamos pasando muy bien» fue re-grabada en la voz de González en lugar de la de Narea. ​ Además, se agregó una nueva canción para abrir el disco: «We are sudamerican rockers». ​ Este álbum no se llegó a editar en Chile, ​ tampoco el álbum recopilatorio titulado Los Prisioneros que contenía temas de La voz de los '80 y Pateando piedras. Se re-grabaron algunas canciones principalmente del primer álbum, tales como «Sexo», «Paramar», y «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos». ​ Esta versión de «Sexo» fue utilizada para la realización del vídeo musical del mismo tema, bajo la dirección de Cristián Galaz, filmado en la casa de Jorge, ubicada en Parque O'Higgins. Fue estrenado en mayo, en el noticiero Teleanálisis. Diez años más tarde, este videoclip fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana, Cuba. ​

El 28 de marzo de 1988, Los Prisioneros hicieron una conferencia de prensa para anunciar la gira promocional de La cultura de la basura —que abarcaría cuarenta fechas de Arica a Punta Arenas y más tarde, en Sudamérica y México—, instancia donde Jorge declaró abiertamente: «En el plebiscito votaremos que no». Esto trajo como consecuencia que de los cuarenta conciertos programados en Chile, solo pudieran hacer siete. Los recintos controlados por los militares les cerraron sus puertas y lo mismo hicieron otros tantos por temor a represalias, por lo que solo pudieron actuar para particulares, iniciando el 19 de abril en el Instituto Miguel León Prado de su natal San Miguel y terminando en mayo en Copiapó, con el teatro a medio llenar. ​ ​ La revista Análisis reveló que Jorge González era uno de dos artistas amenazados de muerte por ser opositores de Pinochet. En aquella revista González declaró que recibió a través de su madre, amenazas por teléfono en más de diez oportunidades y una vez por carta, y que tuvo que solicitar recursos de protección. A pesar de estas amenazas y el acoso de la CNI, el grupo actuó gratuitamente en tres concentraciones a favor del «no», en La Bandera, Vicuña Mackenna y el cierre en Avenida Departamental. ​

Miguel Tapia (tercero de izquierda a derecha) junto con Tracy Chapman, Sting y otros artistas.

El 14 de diciembre, poco después del plebiscito, volvieron a Argentina para participar en el histórico concierto global Human Rights Now!, organizado por Amnistía Internacional para conmemorar los cuarenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el Estadio Mundialista de Mendoza. Esta gira pretendía pasar por Chile, pero el régimen de Pinochet no lo permitió, así que decidieron hacerlo en el lugar que quedara más cerca de Santiago. Mientras Los Prisioneros actuaban, los chilenos presentes alzaron banderas y carteles que decían «No» —aludiendo al triunfo de la oposición democrática— agitándolos al compás de la música. ​ Al cierre, se unieron con Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Youssou N'Dour, el grupo mendocino Markama y los chilenos Inti Illimani para cantar el tema «Get Up, Stand Up» de Bob Marley, ante más de 10 000 chilenos y 18 000 argentinos. ​

Los Prisioneros pese a ser el grupo más popular en Chile, no tenía buen sustento económico, y tras el pronto término de la gira de promoción de La cultura de la basura en su país con las malas ventas del álbum, coincidiendo con la decaída del rock chileno, estaban en su punto más crítico. A pesar de eso, seguían siendo artistas prioritarios de EMI. ​ En septiembre de 1988 se embarcaron en la gira latinoamericana participando en Concierto de Conciertos, donde actuaron en el Estadio El Campín de Bogotá, Colombia, ante 70 000 personas, siendo los artistas más esperados para sorpresa de ellos. ​ Regresaron en dos giras más en noviembre de ese año y abril de 1989. Mario Ruiz, gerente de márketing de EMI para el mercado latinoamericano, aseguró que Los Prisioneros lograron abrir el mercado colombiano para el rock en español. ​ De acuerdo al libro de Julio Osses, Exijo ser un héroe: la historia (real) de Los Prisioneros: cuando llegaron Los Prisioneros a ese país, los argentinos no estaban impactando mucho, de hecho Soda Stereo había hecho una gira un mes antes y les había ido «como las huevas». ​ Antes de dejar definitivamente Colombia, Los Prisioneros recibieron disco de platino, ​ y, posteriormente, la canción «Pa pa pa» fue la más vendida en las tiendas de discos de Colombia en esas fechas. ​

La gira continuaba en Venezuela, pero la grave crisis social y política que siguió al «Caracazo», se cancelaron todas sus presentaciones en ese país. En mayo llegaron a México, donde eran un grupo prácticamente desconocido, y sus canciones «¿Quién mató a Marilyn?», «La voz de los '80» y «Muevan las industrias» se difundían principalmente en emisoras no comerciales. ​ Cuando estaban haciendo sus primeras presentaciones en el país azteca, Claudio empezó a sentirse mal a causa de una hepatitis. Por órdenes del médico tuvo que regresar a Chile para tomar reposo y la banda debió cancelar el resto de su gira. ​

Separación (1989-1992)

Primera salida de Claudio Narea, Corazones, Festival de Viña y primera separación

En octubre de 1989, gracias a los contactos que consiguió Carlos en la trasnacional de EMI, viajó con Jorge a Los Ángeles, Estados Unidos, financiados con 70.000 dólares para grabar el nuevo álbum. ​ Ni Claudio ni Miguel participaron en la grabación de este disco, pues el primero ya estaba casi fuera de la banda y no estaba de acuerdo con el nuevo enfoque, mientras que el segundo no pudo viajar por problemas con la visa. ​ Narea y Tapia planearon repetir la experiencia de La cultura de la basura y compusieron tres canciones, pero esta vez todas quedaron fuera, según Fonseca argumentaría doce años más tarde a Zona de Contacto, porque no pudieron viajar a Estados Unidos por problemas con la visa. ​ Pero en realidad fue porque los temas no encajaban con el estilo que Jorge quería imprimirle al nuevo trabajo. ​ «La ley decía que Jorge González era el compositor del grupo», comentó Claudio Narea. ​ Otra canción que no se incluyó en el disco por esta misma razón fue «We are sudamerican rockers». ​

En febrero, Narea descubrió que su esposa, Claudia Carvajal, mantenía una relación amorosa con González. ​ A pesar de esto, Claudio no dejó la banda porque era su única fuente de ingresos, y además, estaban por iniciar su tercera gira en Colombia; no obstante, la relación entre los dos integrantes y la mujer del guitarrista se volvió cada vez más tensa. Todo esto sirvió de inspiración a Jorge para crear las canciones que finalmente quiso plasmar en el cuarto disco. ​ Años más tarde, Jorge reconoció que creó el álbum gracias a la influencia del éxtasis, que empezó a ingerir en 1988, a través de hippies que venían de Goa o Poona. ​En agosto ​ de 1989, Narea actuaría por última vez en directo con Los Prisioneros, hasta el reencuentro en 2001, en una reunión privada con los ejecutivos del sello EMI Odeón. ​ En enero de 1990, se produjo el único ensayo de Corazones al que asistió el guitarrista, momento en que tomó la decisión de irse de la banda, informándoselo a Tapia apenas un mes después. ​ En mayo, ya de regreso la democracia, se hizo pública su salida de Los Prisioneros, y, aunque en un principio argumentó que fueron diferencias artísticas con González, se murmuraba fuertemente el triángulo amoroso. Dos años más tarde, el ahora exguitarrista dijo: «la historia no tiene nombre de mujer, sino de un loco peligroso que es Jorge». ​ Esto lo afirmaría en su libro Los Prisioneros: Biografía de una amistad, donde aseguró que se fue porque Jorge González estaba obsesionado con él. ​ Tras anunciarse la separación de Los Prisioneros, González declararía que el grupo se acabó cuando se fue Claudio. ​

El 20 de mayo de 1990, el ahora dúo, lanzó el cuarto álbum —considerado el primer disco solista de Jorge González—, ​ titulado Corazones, bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla, ​ siendo este el primero que no produce Jorge, a diferencia de los trabajos anteriores. ​ Poco menos de un mes, consiguieron un contrato con Capitol Records para editar el álbum en formato CD en Estados Unidos. ​ ​ Corazones sorprendió a todos por su cambio radical, que hizo que se distinguiera claramente de sus predecesores en cuanto a producción, música y temática. La utilización de teclados y sintetizadores —elementos que González ya había incorporado en Pateando piedras— impregnaron por completo el disco con un sonido synth pop. ​ Logró romper «preconceptos autoimpuestos por el rock y cambió definitivamente el rumbo de la canción pop», afirmó el sitio web Santiagocultura.cl. ​ En cuanto a sus letras, llenas de romanticismo y melancolía, Jorge destapó su lado más introvertido, aunque la crítica social que hizo famosos a Los Prisioneros durante la década de 1980, seguía presente. De acuerdo con las palabras de Javier Sanfeliú en la revista Rolling Stone Chile: «La búsqueda de González esta vez fue por los surcos de nuestra intimidad, esa donde residen por ejemplo lugares tan oscuros y pantanosos como el machismo y el clasismo». ​ Para la cantautora Javiera Mena, Corazones es un disco político así como un referente de cómo hacer crítica social con ironía. «Jorge hizo algo muy pionero y muy diferente, que es meter la crítica social con ironía, así como lo hace Pet Shop Boys. O sea, "Noche en la ciudad" es una canción muy política, el mismo "Tren al sur"». ​ El periodista Iván Valenzuela fue el primer crítico en referirse positivamente al álbum, ​esperando que «se convierta con los años —aunque es prematuro decirlo sin la perspectiva del tiempo— en una pieza clave de la música pop chilena». ​ Este fue el trabajo más alabado por la crítica en toda la historia de Los Prisioneros. De acuerdo al sitio web Colombia.com, se llegó a asegurar que si hubiesen partido así desde un comienzo, habrían obtenido muchas ventas y diversos premios, aunque hubieran perdido su trascendencia final. ​

El videoclip del primer corte de Corazones, «Tren al sur», estrenado en Extra jóvenes, tuvo una excelente rotación, ​ llegando a ser nominado como «mejor vídeo latino» en los MTV Video Music Awards 1990, ​ no así en las radios. De hecho, hasta mayo de 1990, cuando se estrenó el videoclip, ninguna emisora radial había querido poner al aire el sencillo, el cual había sido enviado a las radios seis meses antes. «Nadie quería tocar a Los Prisioneros, porque Los Prisioneros eran del pasado. Los Prisioneros eran la banda de los 80, del rock latino. Y el rock latino ya no funcionaba», según explicó Carlos Fonseca. ​ El disco no fue un éxito inmediato, los primeros recitales para la promoción tuvieron baja convocatoria. ​ Sin embargo, a fines de julio ya era disco de oro, ​ y ya en diciembre lograron triple disco de platino ​ con 180 000 copias; ​ Corazones fue el álbum más vendido de ese año en Chile y Jorge fue elegido como el compositor del año por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor. ​ Su éxito traspasó Latinoamérica y Estados Unidos, ​ incluso en Argentina, país donde Los Prisioneros nunca tuvieron un gran reconocimiento, Corazones fue un rotundo éxito en lugares como Córdaba o Rosario. ​

Luego de la partida de Narea se consideró fichar a Rodrigo Aboitiz —exmiembro de Aparato Raro y de La Ley— en su reemplazo, e incluso llegó a ensayar con ellos, ​ pero no cuajó con la nueva línea pop de Los Prisioneros que querían desarrollar, según detalló Miguel Tapia. ​ Finalmente Jorge se decantó por su amiga Cecilia Aguayo, exintegrante del grupo de performance Las Cleopatras —al que también pertenecieron la primera esposa de González, Jacqueline Fresard, y la actriz Patricia Rivadeneira—, a quien le pidió que dejara la medicina y que se uniera a la banda dedicándose de lleno, a pesar de que ella no sabía tocar teclado. ​ ​ Casi tres décadas más tarde, Jorge declaró que pensaba que solo una mujer podría reemplazar a Claudio, justificando que «[Cecilia] era una estrella. Y necesitábamos a una estrella, no a un músico. Era más notorio, más radical. Más revolucionario». ​ Por esta razón, Carlos no estuvo de acuerdo en su incorporación; ​ otra decisión que no le pareció fue incluir coristas en los primeros conciertos de promoción, incluyendo el Estadio Chile; sin embargo, cuando inició la gira en el norte, ya se no utilizaron. ​ Poco antes de que se presentaran en el Festival de Viña del Mar, Robert Rodríguez —antiguo compañero de Jorge en la Facultad de Artes y exintegrante de Banda 69— ​ actuó con Los Prisioneros en Calama, cubriendo en guitarra a Jorge quien no podía tocar debido a una lesión en una muñeca y un tobillo. ​ Desde ese momento, debido a la buena relación que estrechó con la banda, se quedó como bajista de Los Prisioneros. ​ Tras la disolución de Banda 69, Robert tocó irregularmente con Claudio cuando este dejó Los Prisioneros, sin embargo, cuando Narea estaba armando su nueva banda: Profetas y Frenéticos, Rodríguez lo dejó. ​

En febrero de 1991 se presentaron por primera vez y durante dos noches, en el XXXII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar —la primera edición del festival celebrada en democracia desde 1973— después de haber sido vetados del evento en 1987 por la dictadura militar. Decidieron hacer una noche de rock y la otra de techno, nuevamente Carlos estaba en desacuerdo con la dirección que estaba tomando el grupo, ​ por lo que al terminar las presentaciones en el certamen viñamarino, dejó de representarlos. Con Óscar Larraín ocupando el puesto de Fonseca, Los Prisioneros continuaron el resto de 1991 presentándose en Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. ​ En noviembre, participaron en el Festival Rock Music '91 de Venezuela, el primer festival del rock iberoamericano, antes de iniciar la gira de despedida. El 24 de octubre, anunciaron en Santiago su separación, y de paso, lanzaron un álbum recopilatorio más un VHS titulado Grandes éxitos, que incluía «We are sudamerican rockers», tema que hasta entonces no se había editado en Chile, ​ vendiendo 120 000 copias en Chile y 54 000 en el extranjero. ​ La gira Adiós, Prisioneros inició el 15 de noviembre, siendo premiados con el Laurel de Oro ​ como «mejor grupo rock pop», ​ y terminó el 5 de diciembre en el Estadio Chile, en donde, al intentar tocar la última canción, el público empezó a corear el nombre del exguitarrista del grupo. ​ González respondió llamando «Proxenetas y Flemáticos» a la banda de Narea, pero fueron cada vez más insistentes. Jorge no lo pudo soportar, tiró la guitarra al suelo y se retiró a camarines para poder llorar. ​ El último concierto de Los Prisioneros fue en el Estadio Playa Ancha de Valparaíso, a inicios de 1992. ​ ​

Receso (1992-2001)

Ni por la razón, ni por la fuerza, Los Dioses, Tributo a Los Prisioneros y El caset pirata

Dos meses después de dejar Los Prisioneros, Claudio formó Profetas y Frenéticos con el que publicó dos álbumes de corte rockabilly: Profetas y Frenéticos (1991) y Nuevo orden (1992), aunque no obtuvo éxito comercial con ninguno de estos trabajos, es considerada una de las bandas más influyentes de la década de 1990 en Chile. ​ En 2000 publicó su primer disco solista, Claudio Narea, que recibió buenas críticas pero una tibia recepción del público, mientras Miguel formó el dúo tecno-pop Jardín Secreto con Cecilia Aguayo, con el respaldo de Robert Rodríguez y otros músicos editaron dos álbumes que pasaron inadvertidos: Jardín Secreto (1993) y El sonido de existir (1997), ​ este último tenía una versión de «El Albertío» de Violeta Parra, que fue producido por Jorge González. Este fue el más exitoso de los tres: su primer álbum solista, Jorge González (1993), que si bien no vendió como se esperaba, ​ contenía la canción «Fe» que se convirtió en un éxito en varios países, de hecho, cuando Los Prisioneros visitaron México durante la gira de reencuentro, tuvieron que tocarla obligatoriamente debido a la popularidad de la canción en ese país, ​ y desde 2004 formó parte del repertorio estable de Los Prisioneros en sus presentaciones. ​ Luego vendrían altos y bajos en la carrera de González, con discos arriesgados que no tuvieron buena acogida del público: El futuro se fue (1994) y Mi destino (1999), y el proyecto experimental Gonzalo Martínez y sus congas pensantes (1997), ​ este último un álbum de cumbias electrónicas editado en dupla con Martín Schopf (Dandy Jack), que fue destrozado por la crítica en Chile, pero que en Europa fue elogiado en el circuito underground. ​

En 1994, hubo un primer intento de reunir a la formación original en un concierto, el empresario Luis Venegas —más tarde, dueño de Vía X y Zona Latina— ofreció diez millones de pesos como adelanto a cada integrante, y que la suma iría creciendo dependiendo de las veces que tocaran. Narea y Tapia aceptaron, y se juntaron algunas ocasiones para hablar de esto. En cambio, González no respondió. Claudio lo visitó por petición de Luis, sin embargo, Jorge, que estaba por sacar su segundo disco solista, no estaba interesado en tocar con Los Prisioneros. ​

El diseño de la portada de Ni por la razón, ni por la fuerza estuvo a cargo de Marco González, hermano de Jorge, ​ quien se basó en la portada de un álbum de cromos de Mundicrom en el que salían José Miguel Carrera (izquierda), Bernardo O'Higgins (centro) y Manuel Rodríguez (derecha) de manera similar a como aparecerían después Narea, González y Tapia. ​

A fines de 1995, los tres fueron contactados por el exmánager de la banda y en ese entonces gerente de márketing de EMI Odeon Chilena, Carlos Fonseca, para proponerles editar un álbum recopilatorio que, además de contener los éxitos de la banda, incluyera canciones inéditas. Es así como el trío sanmiguelino se reunió por primera vez luego de varios años, con motivo de seleccionar los temas que serían incluidos en el compilado. Incluyó canciones descartadas, versiones de algunos de sus éxitos editados para el extranjero, remezclas, tomas en vivo, canciones de la época de Los Pseudopillos, Los Vinchukas, el «lado B» de la banda: Los Apestosos y Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos, que fueron nombres que adoptaron Los Prisioneros entre 1987-1988 para grabar temas divertidos, bizarros o transgresores solo por diversión, y la banda sonora de Lucho, un hombre violento, una película inconclusa de humor absurdo realizada en 1988 de forma amateur por Jorge y Claudio con la colaboración de amigos. ​ ​ El 12 de julio de 1996 fue lanzado Ni por la razón, ni por la fuerza en formato CD doble, el título hace referencia irónica en contradicción al lema patrio chileno «Por la razón o la fuerza», mientras en la portada aparecen los tres integrantes vestidos como próceres de la independencia y rebautizados como «Bernardo González», «José Miguel Narea» y «Manuel Tapia». ​ A tan solo tres semanas ya había vendido 50 000 unidades, recibiendo doble disco de platino ​ pero después lograrían 100 000 discos dobles, ​ más que cualquier banda chilena activa durante la década de 1990, siendo un fenómeno en Chile que no sucedió con Lucho Gatica, José Alfredo Fuentes, Violeta Parra o Los Jaivas. ​ ​

A fines de 1996, Jorge, Claudio y Miguel se reunieron a tocar en una sala de ensayo de propiedad del guitarrista, ubicada en Balmaceda 1215, y la única persona que presenció el momento fue la periodista Marisol García, quien no entregó los detalles a la prensa ni tampoco estos se enteraron. ​ Una semana después —ya en 1997—, Claudio le sugirió a Jorge la posibilidad de reunir a la banda en un concierto en el Estadio Nacional, pero este descartó la propuesta; ​ no obstante, al año siguiente, este último se juntó con Miguel y el venezolano Argenis Brito, exmiembro de Los Chamos, para crear la banda Los Dioses con la que realizaron una gira por Perú y Chile —subtitulada «Lo mejor de Los Prisioneros»— en el que interpretaron clásicos de la banda y versiones de artistas como Los Tres, Leo Dan, Albert Hammond y Electrodomésticos, así como algunos temas propios y proyectos paralelos de cada integrante. En marzo de 1999, González al colapsar, dejó el grupo y Tapia y Brito continuaron ahora bajo el nombre de Razón Humanitaria, pero el dúo se disolvió al poco tiempo sin ningún álbum publicado. En 2000, Jorge se internó en el Centro de Desintoxicación de Villa Quinqué en La Habana, Cuba, para superar su adicción a las drogas, suspendiendo la promoción de su disco solista Mi destino. ​

Ese mismo año, se editaron dos álbumes: el primero en octubre se publicó Tributo a Los Prisioneros, producido por Carlos Fonseca, bajo el sello Warner Music, que contó con dieciocho músicos chilenos, entre los que destacan, La Ley, Lucybell y Javiera y Los Imposibles. Mientras algunos trataron de ser fieles a la versión original como Canal Magdalena, Glup!, Los Miserables o Los Ex, otros hicieron sus propias interpretaciones, mezclando diversos estilos y géneros, como Makiza en «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos», una versión electrónica de «¿Quién mató a Marilyn?» de Pánico, una interpretación al estilo de Janet Jackson en su álbum The Velvet Rope de Mamma Soul en «Estrechez de corazón», una versión reggae de Gondwana de «El baile de los que sobran» o la reinvención de «¿Por qué no se van?» a cargo de Florcita Motuda, que cambió la letra y el título a «Mejor yo me voy del país». ​ La versión de Carlos Cabezas de «Estar solo» contó con el propio Jorge González haciendo coros, junto con Álvaro Henríquez y Roberto «Rumpy» Artiagoitia. ​ El segundo, El caset pirata, una recopilación de registros en directo de la banda entre 1986 y 1992, ​ se lanzó un mes después por EMI Odeon, con la producción de González. Vendió 20 000 copias. ​ Como adelanto, el 30 de octubre se presentó como sencillo «No necesitamos banderas», grabado durante una presentación de 1992 en la gira de despedida de la banda. ​

El 10 de febrero de 2001, después de veinte años de existencia, Fusión, la tienda de discos que perteneció a Carlos Fonseca y que abrió las puertas a Los Prisioneros a la música, fue cerrada. Claudio Narea lo calificó como el segundo hogar de la banda. ​

Reunión (2001-2003)

Conciertos en el Estadio Nacional y gira de reencuentro

El 5 de septiembre, la formación original de Los Prisioneros anunció su regreso después de doce años y lanzó un nuevo sencillo de una antigua canción regrabada especialmente para la ocasión, «Las sierras eléctricas», originalmente registrada antes de la salida de Claudio Narea en 1989 para Corazones, publicada póstumamente en Ni por la razón, ni por la fuerza. ​ El tema se presentó en las radios sin mucha difusión. ​ Ese año EMI editó el álbum doble recopilatario Antología, su historia y sus éxitos, un disco más completo que Grandes éxitos de solo cincuenta y cinco minutos de duración, por lo que decidieron retirar este último de los catálogos. ​ El sello tuvo problemas contractuales, ya que por contrato no podían editar un disco sin el consentimiento de la banda, por lo que tuvieron que adecuarse a las exigencias de ellos. Además, incluía el demo grabado de «Las sierras eléctricas» en 1989, que no era propiedad de la casa disquera. ​ Más tarde, González acusó a EMI de no pagar ningún derecho por sus producciones cuando pertenecían al sello. ​

El 9 de octubre, realizaron una conferencia de prensa, su primera aparición pública en años, en la Feria del Disco, a la que concurrieron todos los medios de comunicación locales, mientras una multitud de fanáticos se aglomeraba en el Paseo Ahumada, anunciando la realización de un concierto en el Estadio Nacional para el 1 de diciembre de ese año. ​ El 22 de octubre, hicieron su primera y única aparición en televisión antes del recital, en el De pe a pa, conducido por Pedro Carcuro, donde interpretaron en directo «La voz de los '80». El estelar obtuvo 34 de rating esa noche, y gracias a eso que, junto a la conferencia, sirvieron como únicas promociones para el concierto, al día siguiente comenzaron a agotarse las entradas que quedaban, ​ por lo que se decidió fijar un segundo concierto. ​ ​ Primero se contempló el 2 de diciembre, pero Universidad de Chile debía jugar el último partido de la fecha del campeonato nacional y el estadio debía ser entregado al día siguiente; por lo tanto, el concierto se fijó para el 30 de noviembre. ​ Dos días antes del primer concierto, fueron invitados al Palacio de la Moneda por la primera dama, Luisa Durán, con el fin de apoyar la campaña Sonrisa de Mujer. ​

Más de 140 000 personas repletaron el Estadio Nacional durante las dos noches que se presentaron Los Prisioneros, siendo los únicos en llenar dos veces seguidas el recinto de Ñuñoa sin promociones ni entradas regaladas. ​ ​ Durante los recitales Los Prisioneros demostraron que su crítica social seguía intacta. En la primera noche, Jorge hizo alusión al pasado del Estadio Nacional como campo de concentración y centro de torturas y ejecuciones tras el golpe militar de 1973, criticando al excandidato presidencial derechista Joaquín Lavín por intentar lavar su imagen distanciándose de la figura de Pinochet y atacó a Estados Unidos por su complicidad en el golpe y por su hipocresía al declarar la guerra al terrorismo a pesar de patrocinar actos de terrorismo de Estado como los ocurridos en Chile. ​ ​ El evento lo cubrieron más de trescientos medios acreditados, la mayoría locales pero también internacionales con sus corresponsales chilenos como BBC, CNN, MTV, Telemundo; el periódico Chicago Tribune y las revistas Billboard ​ y Rolling Stone, otros vinieron especialmente como los canales Puma TV de Venezuela, Antena 3 y el diario La República de Perú. ​

El 18 de febrero de 2002, luego de recibir ofertas por parte de Universal y Warner Music, el grupo finalmente optó por firmar un contrato con el último para editar el concierto del Estadio Nacional en un álbum doble con un total de veintisiete canciones, que sería lanzado en marzo y un DVD durante el año. ​ Se usó el registro de la segunda noche, por lo que no se incluyeron las críticas a Lavín, y se excluyeron las interpretaciones de «Estrechez de corazón» y «Pa pa pa». ​ El 27 de febrero, realizaron una conferencia de prensa en las oficinas de su nuevo sello para anunciar el futuro lanzamiento del álbum en directo y una gira por todo Chile, como adelanto desprendieron «¿Por qué no se van?» como sencillo. Sin embargo, la conferencia se enfocó en los problemas de drogas que se vio envuelto Jorge González cuando fue detenido por portar papelillos de cocaína en su vehículo en Cajón del Maipo unos días antes, este alabó la piratería justificando que los discos eran demasiados caros, mientras que Narea discrepó argumentando que vender estos productos era una «mafia organizada» y que podía afectar a futuro las industrias discográficas. ​ Además, señalaron que no fueron considerados para el XLIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar por temor a que hablaran en contra de Joaquín Lavín. ​

El álbum en directo, titulado sencillamente Estadio Nacional, fue lanzado el 14 de marzo y vendió 30 000 copias y obtuvo doble disco de platino a tan solo cinco días de salir en venta, ​ se ubicó en el primer puesto en ventas de Chile, superando a Miguel Bosé y Shakira con sus respectivos álbumes, Sereno y Laundry Service. ​ «Todo un récord pensando en la situación económica que vive el país y los niveles de piratería que existen» —declaró el diario popular La Cuarta— «se hace doblemente relevante, puesto que se trata de un disco doble, que vale más caro que un álbum normal», ​ más tarde, los lectores de EMOL eligieron Estadio Nacional como el mejor disco nacional del 2002. ​ La gira de reencuentro empezó en el sur de Chile, el 16 de marzo en el Estadio Parque Schott en Osorno —solo en esa zona congregaron 61 000 personas—, ​ en abril continuaron en el norte y centro, cerrando en mayo en Viña del Mar. En junio actuaron en Estación Mapocho a beneficio de los damnificados a causa del temporal que afectó al país ese año, ​ y en julio empezaron la gira internacional en Perú, donde los lectores del diario local El Comercio eligieron a Los Prisioneros como el mejor concierto de rock ofrecido en el país. ​ El 4 de septiembre, Los Prisioneros publicaron la versión audiovisual de Estadio Nacional en DVD doble, bajo el título Los Prisioneros: Lo estamos pasando muy bien, puesto en venta al día siguiente, que incluyó además un documental realizado por la periodista Carmen Luz Parot, con entrevistas a cada uno de los integrantes, los ensayos para los recitales, imágenes de los entre telones y recitales dados en Concepción y Viña del Mar, entre otras cosas. ​ A tan solo veinte días de salir en tiendas, logró vender 9 000 copias, Tabaré Couto (director de marketing de Warner Music Chile) comentó que tendría que hablar con la Asociación de Productores Fonográficos para ver como entregaban un disco de oro, ya que nunca se había entregado uno por ventas de este formato en Chile. ​ Finalmente obtuvo 20 000 copias con disco de platino, alcanzó el récord de mayor número de copias vendidas de DVD en Chile, ​ pero pronto sería destronado por 31 minutos, un año después. ​ Más tarde, Fonseca comentó que cuando sacaron el DVD, de ahí en adelante, lo empezaron a pasar mal. ​

El 25 de octubre, Los Prisioneros asistieron a la primera entrega de premios de la cadena MTV Latinoamérica en el Teatro Jackie Gleason de Miami, nominados en la categoría «Mejor artista suroeste». En la ceremonia, Jorge junto con Álex Lora (de El Tri) y Ricardo Mollo (de Divididos) hicieron entrega del premio al «Mejor vídeo del año» a Shakira, ​ recordándose que nueve años antes, el videoclip de «We are sudamerican rockers» abrió las transmisiones de la cadena latinoamericana, ​ momento en el que estuvo presente el mismo Jorge González. ​ En noviembre, Los Prisioneros hicieron una serie de presentaciones en España, Estados Unidos y México. ​

Polémicas, nuevo recital en el Estadio Nacional y Los Prisioneros

De regreso a Chile, asistieron al cierre de la Teletón 2002 en el Estadio Nacional, donde, antes de que ejecutaran el primer tema, Jorge González comentó que era bonito que el «ego gigante» de los artistas que quieren figurar, incluyéndose a ellos mismos, y «la avaricia y el buen sentido del negocio» de las empresas —que pueden subir los precios, pagar menos impuestos, hacerse publicidad y, a través de sus consumidores «ayudar»— sirviera como aporte para los niños del evento caritativo. Mientras interpretaban «Quieren dinero», siguió con su ironía modificando la letra de la canción, citando los políticos Lavín y Hernán Büchi, los empresarios Andrónico Luksic y Anacleto Angelini, y los Pinocheques. ​ Luego, fue duramente cuestionado por sus dichos, sin embargo, el vocalista reiteró que era bueno que se transformara algo tan «tonto» como Kike Morandé y Cecilia Bolocco en algo positivo que es la ayuda para los niños porque «todo el año no significan nada más que una cosa grosera, superficial, de avaricia, de malos ejemplos, que rebajan la cultura [...] [y] el nivel intelectual de todo el mundo por la televisión». ​ Los días 6 y 7 de diciembre, Los Prisioneros se presentaron en el Estadio Chile con 5 500 espectadores. ​ ​

A principios de febrero de 2003, tras haber tocado en el Bamboo Square de Perú, ante más de 6000 personas, ​ Jorge concedió una entrevista al diario local Correo en el dijo que los chilenos eran una «mierda» y unos «flojos y ladrones», rematando que «a veces le daba vergüenza ser chileno»; antes de ese recital, dieron una conferencia de prensa en donde González mencionó que los chilenos estaban dispuestos a usar sus armas contra Perú y Bolivia. Cuando regresaron, la cámara de diputados acusó al vocalista de cometer una infracción a la Ley de Seguridad del Estado y los diarios señalaban el descontento popular, ​ ​ siendo calificado por Las Últimas Noticias como «antipatriota». ​ El 6 de febrero, Los Prisioneros hicieron una conferencia de prensa en las oficinas de Warner Music, donde el líder pidió disculpas al 99 % de los chilenos y afirmó que sus comentarios eran dirigidos a las grandes empresas económicas como Lucchetti, que se enriquecieron en la dictadura militar. ​ Esto coincidía con los días próximos a la presentación del trío sanmiguelino en el XLIV Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Durante ese lapso, hicieron una gira por el sur del país, ​ mientras algunos debatían si debían ser bajados o no del Festival. ​

El curita con el sermón en el canal de televisión,
Luego la propaganda del celular con la mina con el poto al aire. [...]

El curita hablando del amor a Jesús,Pero cuando torturan y matan se queda callado,
puesto que los que mataron eran comunistas anticristianos [...]

Y con toda esa tortura en su canal los bolsillos se llenaron

¿se acuerdan? Ellos eran los patriotas
—Jorge González durante «Sexo» ​

El 22 de febrero, finalmente Los Prisioneros se presentaron por primera vez como formación original en la Quinta Veraga, luego de que el Monstruo silbara en contra de la banda en las jornadas anteriores cada vez que los nombraron. ​ Por su parte, Jorge González fue obligado a firmar un contrato en el que se le prohibió expresamente hablar, sin embargo, fiel a su estilo irreverente, cuando subieron al escenario, entró desafiante pidiendo pifias (silbatinas) al público, y se las ingenió para lanzar sus críticas improvisando durante las canciones: abrieron con «Sexo», en donde arremetió contra la hipocresía de los canales de televisión conservadores —Canal 13 y Megavisión— que decían defender los valores cristianos mientras se callaban los crímenes cometidos en la dictadura, o bien transmitían contenido subido de tono inmediatamente después del sermón religioso con el que cerraban el noticiero, y también contra la oposición de la Iglesia católica al uso del condón. ​ En «No necesitamos banderas» y «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» atacó duramente a George W. Bush, la guerra de Irak, el chauvinismo y la xenofobia, y en «El baile de los que sobran» criticó el segregacionismo del sistema educacional chileno, además, atacó directamente a la prensa, siendo premiados con las dos antorchas y la gaviota de plata. ​ Las declaraciones del vocalista no solo repercutieron en Chile sino también en medios de otros países de Latinoamérica como RPP y Peru.com de Perú y el diario El Universal de México, este último señaló que el grupo pasó a la historia del Festival, ​ quienes tuvieron su mayor nivel de audiencia en esa edición, con 34 puntos de rating; ​ La Cuarta señaló que fueron elegidos de forma unánime por la crítica, como la mejor actuación de las seis noches, ​ y los lectores de EMOL por amplia mayoría lo eligieron como «el mejor concierto popular del año». ​

El 29 de marzo, con el financiamiento del gobierno de Chile y la gestión de la primera dama, Luisa Durán, para recaudar fondos para becas y compras de instrumentos para la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles y las Escuelas de Rock, Los Prisioneros hicieron un nuevo concierto en el Estadio Nacional, con 65 músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, donde el vocalista alabó al Presidente de la República, Ricardo Lagos, por su valentía de no apoyar al gobierno de Estados Unidos en la guerra de Irak, ​ ante 60 000 personas, teniendo excelente recepción el recital, a pesar de la escasa difusión que le dieron los medios de comunicación, que son principalmente controlados por la ultraderecha, la oposición del gobierno, de acuerdo a González. ​ Esta fue la tercera ocasión en que Los Prisioneros repletaron el Nacional. ​ Entre mayo y agosto se presentaron en Bolivia, ​ Perú, Ecuador ​ y Colombia, este último país con todos los recintos llenos. ​

El 13 de mayo, Los Prisioneros liberaron el primer corte de su nueva placa, «Ultraderecha», desde la cancha del Estadio Nacional a través de un móvil para el programa Ciencia ficción de la radio Rock & Pop, conducido por Sergio Lagos, ​ ubicándose en el primer lugar en las radios chilenas. ​ El 5 de junio, publicaron su primer álbum con canciones originales en trece años, titulado simplemente Los Prisioneros que incluyó el tema «Canción del trabajo», una idea original de Narea y que permitió que González re-escribiera. ​ ​ A dos horas de su lanzamiento, obtuvo disco de oro con más de 10 000 copias vendidas. ​ Sin embargo, el disco estaba alejado del sonido que caracterizaba al trío, por lo que fue recibido por los fanes con extrañeza y de forma negativa por la crítica, quienes lo catalogaron como un álbum «techno», a pesar de que había temas que contaban con guitarras como «Europa», y que había otros estilos como funk en «El otro extranjero». ​ Jaime Meneses de Rockaxis comparó el disco con una pintura: «es un cuadro hecho con pinturas de diversos colores que se ven bien de lejos, pero que de cerca irradian algunas fallas». ​ Con solo 20 000 copias, se le consideró un pequeño fracaso. ​ El 24 de julio, presentaron «San Miguel» como segundo sencillo en un recorrido en una micro amarilla que hicieron por la comuna que los vio crecer y forjar como grupo —nuevamente— para el programa Ciencia ficción de la radio Rock & Pop, en donde contaron sus vivencias en aquella localidad. ​ La canción fue compuesta por González para La cultura de la basura, su hermano, Marco, se la recordó y decidió incluirla en el disco. ​

El 5 de septiembre, volvieron una vez más al Estadio Nacional para participar en el concierto El sueño existe a tributo de Salvador Allende, interpretando cuatro temas, donde, en lugar de concluir la parte final de «El baile de los que sobran», pasaron rápidamente a «Bailan sin cesar» de 31 minutos. ​ Durante la prueba de sonido tocaron esta canción sin darle aviso a Claudio. ​ El 13 de ese mes también participaron en el homenaje a Víctor Jara en el recién rebautizado Estadio Víctor Jara (anteriormente Estadio Chile). ​ Esta sería la última actuación de Narea con Los Prisioneros en Santiago. ​

Segunda salida de Claudio Narea y Los Prisionellis

Las tensiones en el grupo ya se habían hecho nuevamente presentes en septiembre de 2002, luego que Jorge le hiciera entrega a Claudio de los demos para el nuevo álbum. A diferencia de Miguel y Carlos, que estaban entusiasmados, este se vio defraudado por los nuevos temas. Durante la grabación no quería grabar las guitarras ​ y ponía en duda constantemente que las canciones fuesen del agrado del público, cuestionando, además, que la capacidad del compositor del grupo, fuera la de antaño. Esto empezó a molestar al resto de los miembros, en especial a González, lo que detonó en la expulsión del guitarrista de la banda, dos meses después de la publicación del disco. ​ ​

El 16 de septiembre de 2003, Warner Music comunicó la nueva partida de Claudio Narea de la banda. ​ Al día siguiente, González y Tapia tocaron como Los Prisioneros en compañía de Álvaro Henríquez —el líder de Los Tres, y por ese entonces de Pettinellis— en la apertura de La Yein Fonda, así reclutándolo para suplir las funciones del ya otra vez ex guitarrista, en sus siguientes proyectos. ​ Sin embargo, Fonseca ya había cerrado un trato para un último concierto con la formación original, en el cierre del Fiesta de la Pampilla de Coquimbo, el 21 de septiembre. ​ Narea llegó por separado al resto de la banda, y se había hospedado en un hotel distinto al de ellos. Durante el recital, González hizo oficial la salida del guitarrista diciendo «Esta no es precisamente una actuación muy alegre para nosotros porque [...] es la última vez que tocamos con nuestro compadre Claudio». 80 000 personas presenciaron el nuevo quiebre del trío sanmiguelino.

Al día siguiente, Claudio publicó una carta en la página web de fanes de la banda, www.losprisioneros.com, explicando los motivos de su nuevo alejamiento:

Este despido me fue comunicado el día 18 de agosto, en el marco de una reunión a la que fui convocado por Jorge y Miguel. Sin mediar diálogos ni discusiones, Jorge González me comunicó, simplemente, que "no queremos tocar más contigo". Me acusó de querer sobresalir y de comentar con amigos mis problemas al interior del grupo. Estaba especialmente molesto por una entrevista que concedí en junio al diario Las Últimas Noticias, a pesar de que se trató de una conversación sobre asuntos personales en la que no revelé ningún tipo de infidencia sobre la banda. ​

Tres días después se convocó una conferencia de prensa para anunciar los siguientes pasos del grupo. Aunque desde un principio, Jorge y Miguel advirtieron que no se iban a referir sobre la salida de Claudio, los periodistas insistieron en saber la versión de ellos. Ante la presión, Tapia confirmó que ellos despidieron a Narea, entonces, González interrumpió presentando formalmente a Álvaro como el nuevo integrante. Henríquez aclaró que solo era un músico invitado y no el reemplazante de Claudio. ​ Después de seis minutos y cuarenta segundos, Jorge pierde la compostura, ante la insistencia de los reporteros con «la carta de Claudio Narea», y arrojó de la mesa todos los micrófonos y demás objetos al piso, abandonando el lugar sumamente molesto. ​ Esto repercutió negativamente la gira con Café Tacuba en Chile ​ y en las ventas del álbum En las raras tocatas nuevas de la Rock & Pop, que no superó las 1 000 copias. ​ Este es un disco de versiones de artistas como The Beatles, Virus, Bee Gees, Los Iracundos, Los Gatos o el programa infantil 31 minutos, además de contener reversiones de «En el cementerio» y «Concepción», temas de Los Prisioneros en los que Henríquez hizo nuevos arreglos en guitarra. Contó además, con la colaboración de Pablo llabaca (integrante de Chancho en Piedra). ​ El álbum fue registrado los días 25 —el mismo día del incidente con los micrófonos— y 26 de septiembre durante una sesión de 15 horas en los estudios de la Rock & Pop para el programa Raras tocatas nuevas. ​

El 5 de octubre, Los Prisioneros iniciaron una serie de conciertos en México, en el que incluyeron dentro de su reportorio el tema «Déjate caer» de Los Tres. ​ Por esos días la gente empezó a llamarlos «Los Prisionellis», ​ ​ nombre dado por Álvaro como broma durante la fallida conferencia de prensa para explicar esta nueva alineación. ​ El 31 de octubre, Los Prisioneros partieron la gira con Café Tacuba, presentándose en Antofagasta, luego en Santiago —en el Court Central del Estadio Nacional, apareciendo Ángel Parra y Roberto Lindl como invitados—, ​ Concepción y Viña del Mar, no logrando reunir más de 3 000 personas por función, según La Cuarta, salvo en la ciudad penquista, donde tocaron para 5 000, ​ ​ reuniendo alrededor de 20 500 en total. ​ Esto empezó a motivar a González a querer irse de Chile. ​ Las pérdidas millonarias que dejó la gira, también afectaron a Claudio, quien a pesar de ya no estar en la banda, todavía formaba parte de Los Cuatro Luchos Ltda., sociedad que creó con Jorge, Miguel y Carlos, durante la reunión en 2001. ​ Para salirse legalmente, en junio de 2004, Narea interpuso una querella en tribunales contra de su exbanda por apropiación indebida, siendo criticado tanto por ellos como por los fanes. ​ Se llegó a un entendimiento extrajudicial casi dos meses después, pagándose sesenta millones de pesos al exguitarrista. ​

En el marco de la gira con Café Tacuba en México, Los Prisioneros quisieron recuperar lo perdido en la gira chilena, pero, según Manuel Maira, la única que vez que compartieron escenario con Café Tacuba fue en un festival de Monterrey, mientras el resto de fechas tuvo un nivel de producción de menor calidad que el de Chile. ​ Fue en esos días donde Jorge empezó a discutir con Álvaro, ya que el último no iba a las pruebas de sonido y en lugar de eso iba a fiestas. En una presentación en un local en Mexicali, llegó diez minutos antes de que esta empezara. ​ A pesar de esto, la relación entre ellos no se vio afectada solo porque Henríquez era el líder de Los Tres, según Carlos Fonseca. ​ El 14 de diciembre de 2003, actuaron por última vez junto a Álvaro Henríquez, ante 25 000 personas en Curicó. A principios del 2004, el sitio web de la banda confirmó que ya no seguía como invitado. ​

El 23 de octubre de 2003, Jorge participó en la apertura de la segunda entrega de premios de MTV Latinoamérica, que celebraba diez años de existencia, con el supergrupo Los Black Stripes —compuesto por exponentes del rock latino de la talla de Ricky Martin, Juanes y Charly Alberti—, creado para la ocasión. Alex Lora abrió interpretando «We are sudamerican rockers», a quien se le unieron Jonaz y Rosso —integrantes de Plastilina Mosh—, para luego dar paso a González, quien interpretó «Bolero falaz» del grupo colombiano Aterciopelados, gritando «¡Viva Cuba!» antes de retirarse. ​ Los Prisioneros estaban nominados en la categoría «Mejor artista central», ganando la banda peruana Libido, quienes para celebrar su segunda lengua, ​ realizaron un concierto en el Museo de la Nación de Lima, en el que invitaron a Claudio Narea y Zeta Bosio, «ambos representantes de las dos bandas sudamericanas de mayor popularidad», según el bajista de Libido, Toño Jáuregui. ​ Claudio y Zeta se reencontraron cuatro años más tarde en una tocata en Santiago. ​

Años finales (2004-2006)

Manzana, radicación en México y separación definitiva

El 30 de enero de 2004, Sergio «Coti» Badilla fue presentado como integrante formal de Los Prisioneros en Calera de Tango. Coti formó parte del proyecto de Miguel Tapia, Razón Humanitaria, y participó en el álbum Los Prisioneros. Se incorporó al grupo desde 2001 como técnico, acompañándolos en las últimas treinta presentaciones, incluyendo las giras por México, Estados Unidos y España. ​ A partir de entonces, Jorge pasó a ser primer guitarra, tal como en la época de Corazones; Sergio segunda guitarra —programando las bases y bajos— y Tapia batería. A finales de enero y principios de febrero hicieron una gira por Chile, para luego empezar a grabar un nuevo álbum. ​ El 27 de marzo participaron en el homenaje a Gladys Marín en Estación Mapocho, con Gonzalo Yáñez —ex integrante de No me acuerdo— como invitado en tercer guitarra, ​ el 9 de junio fue presentado como miembro oficial en el Gimnasio Regional de Talca. ​ Con esta formación presentaron el 19 de agosto en el Teatro Providencia, el sexto y último disco de Los Prisioneros, Manzana, que contó con la colaboración de Álvaro Henríquez y Beto Cuevas: ​ La periodista Marisol García señaló que en este álbum recuperaron la fuerza roquera descuidada en el homónimo. «La guitarra eléctrica se utiliza aquí sin timidez (solos, rasgueos rápidos, ritmos ska, etc.)». ​ El álbum incluyó además el tema «Azota», una versión en español de «Whip It» de Devo, y la canción «Acomodado en el rock and roll», una burla a Claudio Narea. ​ Como adelanto habían presentado el primer sencillo «El muro», tema que trata sobre los problemas limítrofes entre México y Estados Unidos. ​ El segundo sencillo, «Manzana», contó con la participación de la cantante infantil Christell Rodríguez como protagonista del videoclip. ​ A pesar de esto, en Chile apenas vendió 9 000 copias, ​ pero logró un mayor reconocimiento en Perú, Colombia y México. ​ Según Rodrigo Pérez Maldonado de La Nación, el haber realizado escasa difusión en suelo nacional, haciendo una breve gira en regiones y solo dos conciertos en Santiago, redujo enormemente el impacto local. ​ El resto de 2004 promocionaron el álbum en Estados Unidos, Canadá, Perú y México. ​

En diciembre, Yáñez dejó amistosamente la banda para enfocarse en la promoción de su primer disco solista, y debido a los planes de la banda de irse a México. ​ En enero de 2005, Jorge y Miguel firmaron un contrato para una gira en Perú sin Carlos Fonseca, lo que significó su retirada como representante de la banda. Inicialmente dijo que se iba en buenos términos, ya que quería priorizar su vida familiar, ​ pero más tarde confesó que se había peleado con Jorge en Cali ese mismo año, donde ya sentía que Los Prisioneros eran un «caballo muerto» pero el vocalista no quería admitirlo. ​ Le reemplazó primero Víctor Varela, después Patricio Guzmán, y, finalmente, el hermano de Jorge, Marco González. ​

El 9 de abril se despidieron de Chile en el estadio Santiago Bueras de Maipú, con una capacidad para 16 000 personas, solo asistieron 8 000. ​ ​ Mientras González ya tenía una vivienda en Ciudad de México, Tapia no concretaba todavía su mundanza, ​ en agosto el batería se encontraba comprando sus bienes raíces en Santiago: con Miguel y Coti en Chile y Jorge en México, la banda no podía crear nuevo material ni ensayar para los conciertos, por lo que, según el vocalista, pactaron terminar sus compromisos y separarse el 1 de marzo de 2006. ​ El 3 de febrero, participaron en el Festival de La Serena, y el 10 de ese mes, tocaron en Coelemu, esta sería última actuación de la agrupación en su país. ​ El 18 de febrero, tocaron en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, en donde Miguel reveló al diario local El Mundo que este era el último concierto de Los Prisioneros y que se disolvieron. ​ Según la prensa, durante el concierto —que duró apenas una hora—, el vocalista se enfrentó duramente con el público, luego se retiró, yéndose al hotel, quedando a Tapia y Badilla en el escenario, mientras los asistentes los llamaban «traicioneros»; ​ ​ Jorge aseguró a la revista Rolling Stone, que los estaban aplaudiendo; ​ Marco convenció a su hermano para que volviera a terminar el concierto. ​ Los asistentes quedaron molestos y González y Tapia peleados, el primero volvió a México y el segundo a Chile con Coti. ​ ​ ​

Después de la separación

Tras la disolución definitiva en 2006, ha habido múltiples ofertas para reunir al trío sanmiguelino, desde tentativas de privados hasta algunas de mayor perfil, como la del Maquinaria Festival 2012. ​ Sin embargo, Miguel Tapia ha sido el único que se ha manifestado dispuesto a volver a tocar con sus ex compañeros. ​ Jorge González, radicado en Berlín entonces, rechazó una propuesta en septiembre de 2014, formulada por personeros del canal Chilevisión, que pretendía juntarlo con Tapia en un concierto en el Estadio Nacional. ​ La ausencia de Claudio Narea en esta propuesta se debió, en primer lugar, al quiebre de su amistad con Jorge, que llegó a un punto sin retorno con la publicación del guitarrista de su libro autobiográfico Los Prisioneros: Biografía de una amistad (2014) —versión revisada y aumentada de su primer libro, Mi vida como prisionero (2009)— en el que acusó a González de estar obsesionado con él, y de acosarlo durante años a él y a su familia (tanto en persona como por internet, e incluso a través de canciones), lo que atribuyó a una posible atracción homosexual no asumida; ​ y, en segundo lugar, por las críticas de Narea contra la serie televisiva Sudamerican Rockers, producida precisamente por Chilevisión. ​ ​

En enero de 2009, Claudio y Miguel, después de retomar el contacto tras más de cinco años de separación, aparecieron juntos en La Cumbre del Rock Chileno II ​ conformando desde entonces el dúo Narea y Tapia —más tarde llamado Los Prisioneros: Narea y Tapia— con el que han ofrecido numerosos conciertos interpretando temas de Los Prisioneros con la aprobación de Jorge. ​ A fines de 2010, el dúo publicó tres composiciones propias, entre ellas, «Fiesta nuclear» (composición de Narea que este desechó de Los Prisioneros), ​ para descarga gratuita en su sitio web, logrando en dos meses superar el millón y medio de descargas en más de veinte países de los cinco continentes. ​ Tenían planeado armar un proyecto estable y la grabación de un álbum, pero esto no prosperó por diferencias musicales y cada uno tomó su propio rumbo: Miguel formó la banda Travesía y Claudio reanudó su carrera solista, aunque siguen tocando juntos en vivo. ​

Coincidiendo con el 26º aniversario de La voz de los '80, Jorge González realizó una gira nacional a fines de 2010 e inicios de 2011, cantando el álbum debut íntegramente. Durante el Festival El Abrazo 2010, tenía planeada una interpretación de «Tren al sur» junto a Gustavo Santaolalla, pero tras las duras declaraciones de González durante su actuación, ​ la organización del evento cortó su presentación, no pudiendo materializarse esa colaboración. ​ También Jorge interpretó en vivo todas las canciones de Corazones acompañado de la ex tecladista de Los Prisioneros, Cecilia Aguayo, y del marido de esta, Uwe Schmidt, colaborador de González en diversos proyectos; primero en el festival Primavera Fauna el 24 de noviembre de 2012 y después en el Teatro Municipal de Santiago el 9 de marzo de 2014.

El 7 de febrero de 2015, cuando iniciaba una nueva gira por Chile, Jorge sufrió un accidente cerebrovascular, quedándose en Santiago para su rehabilitación. ​ Nueve meses después, Jorge reapareció en el concierto Nada es para siempre, realizado en su honor y que tuvo lugar en el Movistar Arena, cantando ocho temas. El homenaje también significó la reconciliación de González y Miguel Tapia a casi una década de la violenta ruptura de Los Prisioneros. ​ Tapia participó interpretando «Paramar» y «¿Quién mató a Marilyn?» y, posteriormente, «El baile de los que sobran», a dúo con Jorge. ​ En la edición de La Cumbre del Rock Chileno celebrada el 7 de enero de 2017, en el Estadio Nacional, Jorge se despidió de los escenarios. El 8 de junio de ese año, Narea y Tapia asistieron a la inauguración del Boulevard de la Música —el primer paseo de la fama chileno para artistas locales—, organizado por Audiomúsica, siendo homenajeados junto a otros artistas. Jorge, quien no pudo asistir, apareció en un vídeo grabado durante la ceremonia, el cual fue observado por sus dos excompañeros con suma atención. Esto fue quizás lo más «cercano» a una reunión del trío sanmiguelino. ​

Influencias y estilo musical

En sus inicios, Los Prisioneros definieron su música como new wave. ​ ​ Jorge González aclaró en más de una oportunidad que Los Prisioneros eran una banda pop y no de rock. ​ ​ ​ En una entrevista en 2011, González afirmó que creía que definitivamente Los Prisoneros fueron más una banda de techno pop que de rock. ​ Durante una nota previa al primer recital en el Estadio Nacional, realizada por Alfredo Lewin para el programa MTV Rocks, González degradó este último género, diciendo que la palabra rock le sonaba sumamente ridícula y que el rocanrol tuvo sentido en los años 1950, pero que después, bandas como The Doors y Led Zeppelin, fueron en realidad un gran negocio disfrazados de rebeldes intentando emular lo anterior, «cuando nosotros partimos, [en] el año 83, ya la palabra rock era ridícula. Nunca nos hemos definido como una banda de rock. Creo que el culto al rocanrol es una estupidez con patas». ​ El diario en línea El Mostrador dijo que en realidad «Los Prisioneros nunca han sido puristas del rocanrol, al contrario, a lo largo de su carrera han unido elementos de la new wave, el techno, el punk, la música romántica latina y por supuesto el pop». ​

Cuando entraron al Liceo N.º 6 en marzo de 1979, escuchaban principalmente a The Beatles, Kiss, Queen, Bee Gees, Supertramp, entre otros. ​ Pero fue The Clash, los que influyeron de forma decisiva a los sanmiguelinos luego de escucharlos por primera vez en marzo de 1981, a través de un especial de Radio Concierto, dedicado al último álbum de la banda británica, Sandinista! —el cual González citaría después como su disco favorito—. ​ ​ Quedaron sorprendidos por la diversidad de sonidos con la que experimentaban los británicos: punk, rock, reggae, rap, jazz, disco e incluso vals, y todo esto con un toque humorístico, algo nuevo para ellos que estaban acostumbrados a un rock más tradicional. ​ The Clash fue una gran influencia para Los Prisioneros, no solo en el aspecto musical, sino también lírico e ideológico: «Sus canciones mostraban una postura política definida, que nos hizo tomar conciencia de muchas cosas y decidimos que [...], si hacíamos música, no podíamos callarnos frente a lo que pasaba», declararía Narea tras la muerte de Joe Strummer. ​ Esto se reflejó en los discos La voz de los '80 y La cultura de la basura, así como en la lírica y estética del videoclip «We are sudamerican rockers». ​ El asombro por esta banda los llevó a escuchar otros artistas que también cultivaban estos géneros, como The Specials, The Stranglers, Bob Marley, ​ The Cars, Adam and the Ants, Devo, entre otros. ​ ​ Varios medios han señalado que también tienen influencias de The Police, pero en diversas ocasiones lo negaron. ​ ​

La voz de los '80 ha sido señalado como un disco punk, pero González negó que cultivaran ese género en el primer disco; ​ Narea dijo que lo más cerca que estuvieron del punk fue en 1987, con el grupo paralelo a Los Prisioneros: Los Apestosos, bajo este seudónimo, con influencias de bandas como Siniestro Total, La Polla Records, Gabinete Caligari, y el grupo pop Golpes Bajos, grabaron los temas: «Generación de mierda», «Invitado de honor», y las versiones de estudio de temas compuestos durante la época de Los Pseudopillos y Los Vinchukas: «Policías y ladrones», «King Kong el mono» y «Dejen respirar», en los que imitaban sus bandas favoritas. ​

En 1985, Jorge y Miguel fueron influenciados por artistas techno como Depeche Mode, ​ ​ ​ Ultravox, Thomas Dolby, ​ Heaven 17, y también de grupos de new wave como The Cure, o de indie rock como The Smiths ​ y Aztec Camera, ​ lo cual se vio reflejado en la utilización masiva de teclados, sintetizadores, y batería eléctrica en Pateando piedras ​ y que explotó más adelante en Corazones, siendo estos dos álbumes propiamente techno. ​ La canción «Muevan las industrias» de Pateando piedras, les dio identidad en Latinoamérica en países como Colombia, Venezuela, Perú, entre otros, porque sonaba diferente a las grandes potencias del rock en español y argentino, según Jorge González. ​ Cristián Heyne, productor musical de artistas como Supernova y Javiera Mena, señaló «Muevan las industrias» como una de las canciones mejor logradas del trío: «[Es] una canción única. Hay una oscuridad allí, una solidez sonora que no se puede encontrar en ningún otro grupo chileno». ​ El musicólogo Juan Pablo González dijo que «marcó un puente sonoro en los años 80, desde una sonoridad artesanal, donde prevalecían la lana de los chalecos chilotes y las guitarras arpegiadas [del Canto nuevo], hacia este mundo new wave, de sonidos tecnológicos y textos clarísimos, donde no había cabida a las metáforas y a la agenda política de la época». ​

La cultura de la basura ha sido señalado como el álbum más roquero de la agrupación, ​ ​ aunque «un disco con mayor apoyo en secuencias electrónicas y un sonido más áspero» señaló Marisol García. ​ Para el disco Corazones, González se inspiró en artistas melodramáticos como Salvatore Adamo, Sandro, Camilo Sesto, Julio Iglesias, Nino Bravo, Los Ángeles Negros, Jeanette, Joe Dassin y Los Galos, ​ y también en músicos electrónicos y pop como George Michael, Pet Shop Boys, ​ ​ Rick Astley, ​ The Human League, Mixmaster Morris, Inner City, A Guy Called Gerald, The KLF y Phuture. ​ Mientras que Los Prisioneros, según Jorge González, fue influenciado por los trabajos anteriores de la banda y cómo podían utilizarlos en esa época. ​

En 1988, luego de leer la biografía de The Beatles, empezaron a escuchar los artistas que influenciaron al cuarteto de Liverpool en sus inicios, como Elvis Presley, Bo Diddley, Gene Vincent, Buddy Holly, Chuck Berry, entre otros. ​ Yogui Alvarado (líder y vocalista de Emociones Clandestinas) les sugirió que escucharan The Cramps, mientras que González leía relatos de H. P. Lovecraft. Con estas influencias, Jorge y Claudio, bajo el nombre de Gus Gusano y sus Necrofílicos Hemofílicos, comenzaron a experimentar con el rocanrol, componiendo y grabando canciones de tres acordes y letras dementes, solo por diversión. De todo este material emergió posteriormente «We are sudamerican rockers». ​

Legado

El legado de Los Prisioneros se ha traducido en homenajes que han ido desde álbumes tributo, libros biográficos, obras de teatro, ​ murales, versiones a nivel nacional e internacional, ​ una película (Miguel San Miguel) y dos series de televisión (Sudamerican Rockers y Los Prisioneros). Para la reunión de Los Prisioneros en 2001, el suplemento Icarito del diario La Tercera indicó que a pesar del éxito internacional de La Ley y del prestigio artístico de Los Tres, Los Prisioneros eran los músicos chilenos más influyentes de las últimas dos décadas. ​ El cantautor Florcita Motuda dijo que «Ningún grupo encajó mejor en el perfil de la banda clásica de rock como Los Prisioneros». ​ Otros músicos chilenos como Beto Cuevas, han reconocido la importancia que han tenido Los Prisioneros. ​ Fabio Salas Zúñiga dijo que tal vez Los Prisioneros junto con Los Jaivas fueron las únicas bandas chilenas que compitieron de igual a igual con los grupos argentinos y extranjeros en cuanto al gusto del público. ​

En 2006, el locutor radial Sergio «Pirincho» Cárcamo, dijo: «En Chile siempre hemos tenido tribus. Nunca ha habido movimientos musicales ni unidad. Se habla el "movimiento" de la Nueva ola, del "movimiento" de la Nueva canción chilena, se tiraban mierda para cada lado. [...] No hay ningún grupo que catalice todo eso. Yo creo que los que catalizaron, que reflejaron el sentir de su época: Los Prisioneros en los ochentas, Los Tres fueron lo más importante de los noventas, y no ha reventado el de esta década». ​ Según Álex Zapata, en la revista digital Pensamiento Crítico, encarnaron un «estado anímico de quiebre con la generación anterior», tomando la herencia punk en su esencia básica, una preocupación por el individuo a que se debe ser auténtico —en oposición al Canto nuevo—, manifestándose por medio del new wave, incluso, en la estética, «si el look [del Canto nuevo] incluía el pelo largo, la barba, las vestimentas e indumentarias artesanales, Los Prisioneros utilizaban el pelo corto, sin barba y las vestimentas que cualquier joven pobre podía encontrar en las tiendas de ropa de segunda mano». ​Sobre este movimiento, Miguel Tapia explicó que «lo que nos molestaba era que el Canto nuevo nos parecía muy adornado para lo que estaba pasando. Y lo que estaba pasando era que existían detenciones por sospechas, [...] torturas y matanzas. No era para estar diciendo metáforas. Creo que Jorge proyectaba y sintetizaba muy bien». ​

Cuando Los Prisioneros visitaron por primera vez Concepción, el diario El Sur los presentó como la «piedra inicial de un nuevo movimiento musical chileno», ​ según los periodistas Óscar Contardo y Macarena García, la publicación de La voz de los '80 marcó el inicio de la historia del pop chileno. ​ De acuerdo a EMOL: «Dejaron a largo plazo una marca indeleble en el recorrido de la música rock en Chile [...] No era habitual escuchar sonidos como los de esas canciones en un medio atrasado de noticias si se trataba de rock. Palabras y ritmos como reggae, ska, punk, rockabilly, new wave o tecnopop sonaban de por sí atractivos y novedosos [...] Tampoco era habitual escuchar verdades como las de esas diez canciones, entre el entretenimiento dictado sobre todo por la televisión local de la época». ​ Según la banda chilena Bambú, que estuvo liderada por Quique Neira, «No necesitamos banderas» —de cuyo tema hicieron su propia versión en 1996, incluido en un EP al que titularon precisamente No necesitamos banderas— fue el primer reggae grabado en Chile. ​ ​ Los Prisioneros redefinieron el rock chileno, que estaba automarginado tras el golpe de Estado ocurrido en 1973, siendo un éxito comercial —pese a no tener el apoyo de medios masivos en sus inicios— gracias a la contingencia social de sus letras y su independencia de la política partidista. ​ También fueron fundamentales para que el rock chileno saliera de la clandestinidad poniéndolo en los medios masivos, ​permitiendo así que entraran bandas como Aparato Raro, Cinema, Upa!, Valija Diplomática, Aterrizaje Forzoso, Electrodomésticos, Banda 69, Fulano, entre otras. ​ El propio Tapia ha dicho que La voz de los '80 influenció a varios músicos chilenos de la época que hacían música jazz rock, a atreverse a hacer rock y pop. ​ Pero, por otra parte, para González esto vino de antes y no fue como tal una influencia musical

Cuando comencé a estudiar, la música que yo hacía con mis influencias, no había nadie más que hiciera lo mismo. [...] los demás que después crearon bandas de un género parecido a Los Prisioneros, hacían o gustaban de algo bastante distinto [...].
Justamente, creo que por haber estudiado yo [en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile], quizás influenció un poco a los demás, porque ellos vieron a Los Prisioneros de inmediato. No los conocieron cuando ya eran famosos, sino que nosotros tocábamos con ellos, con la diferencia que ellos tenían bandas de jazz-rock y usaban el pelo largo.
De todas maneras la influencia nuestra es en cuanto a que ellos nos vieron como tipos que lo lograron, no es una influencia musical, porque para la mayoría, la influencia musical era Charly García, el de Clics modernos. ​

Impacto sociocultural

Según Carlos Fonseca, los militares se demoraron un buen rato en ver el impacto que estaban generando Los Prisioneros, siendo la inquietud de ellos el Canto nuevo al principio. El mánager contó además, que cuando salía a pegar afiches de la banda los Carabineros le preguntaban por qué ese nombre y él les respondía «se sienten prisioneros de la música, de sus problemas», pero nunca fue detenido. ​ Narea comentó que fueron tomando conciencia poco después de las repercusiones que pudieron haber traído, cuando los productores les aconsejaban cambiarse de nombre porque sonaba un «poco fuerte». ​ En 1987, la Comandancia de la Guarnición Militar de Victoria les prohibió tocar en esa ciudad, aplicando la Ley de Seguridad del Estado, por «promover el sexo libre y atentar contra la moral y las buenas costumbres» y «ser negativos para la juventud». ​ ​ Cuando tocaban en presentaciones en directo «¿Quién mató a Marilyn?», el público respondía «Los pacos». En un recital de Los Prisioneros en Lota, coreaban insistentemente eso, haciendo que la policía interviniera en el concierto e impidiera que este siguiera. ​ La periodista de La Tercera Mónica Garrido aseguró que algunos versos como: «Dicen que fue un comunista, dicen que fue un sandinista» despertaron la alarma de la dictadura, llevando a que fuera censurada. ​ «¿Por qué no se van?», era dedicado a los artistas snob, pero el público pensaba que iba dirigido a los militares. ​ Igualmente en conciertos la gente coreaba «Pinochet» mientras interpretaban este tema. ​ Los periodistas Óscar Contardo y Macarena García comentaron que la censura al grupo no hizo sino aumentar su reconocimiento, dotándolos de autenticidad que los acompañó por años. «Eran el correlato pop de las jornadas de protesta de esos meses», afirmaron. ​

Alex Zapata dijo que se convirtieron en la voz de la generación hija de la dictadura, un canal de difusión de la juventud que se sentía atada de manos y que iba contra todo lo que significara poder, sistema establecido o establishment. ​ Según González, sus canciones no estaban sustentadas en una base ideológica ni contestataria, sino que, una vez hechas, aparecía el trasfondo: «Sólo contamos lo que cualquiera siente. Hay gente que reclama contra la sociedad capitalista no porque se haya leído a Marx, sino porque simplemente no le alcanza la plata para comprar todo lo que la televisión le enseña que debiera tener para ser feliz. [...] Decir que somos contestatarios suena muy publicitario. Nosotros no reclamamos contra una persona sino contra el sistema como tal». ​ En 2002, diría que Los Prisioneros eran un grupo pop y no estaban comprometidos con causas sociales. ​ Carlos Fonseca dijo que la visión del trío sanmiguelino era simplemente ser un grupo exitoso. «Por eso no circunscribían las letras a Chile. Ahora, con el tiempo, uno se da cuenta de que pese a eso la gente convirtió esas canciones en una herramienta de lucha contra la dictadura. Por eso, Jorge se incomoda cuando le preguntan sobre esto, porque él nunca sintió haciendo canciones de protesta». ​ Fabio Salas Zúñiga señaló que surgieron en un momento en que la mayoría del público andaba tras de un icono en qué creer y que hasta ese momento no aparecía por ninguna parte. Por lo mismo, las canciones del trío sonaban tan originales y tenían tanta repercusión: «Los Prisioneros eran un grupo pop de características posmodernas que reflejaron el desconcierto vital de una década donde imperó el relativismo moral y el descreimiento», señaló. ​

Claudio Narea, en Mi vida como prisionero, dijo que si bien Los Prisioneros no eran una banda política, simpatizaban con ideas de izquierda:

Recuerdo cuando Jorge comenzó a hablar de socialismo un día mientras caminábamos por San Miguel. [...] Pero en realidad no era tan común que al interior de la banda habláramos sobre política, pues la música era lo que nos llenaba. [...] No tuvimos presos políticos en nuestras familias, ni salíamos a protestar, [...] aunque igual llegamos a detestar a Pinochet observando las cosas que pasaban por esos días, como el caso de los profesionales degollados, por ejemplo.
Jorge González ha dicho muchas veces que la letra era un relleno en las canciones de Los Prisioneros. Él fue quien inventó aquellas canciones. [...] Nuestra banda será recordada siempre por los que vivieron la dictadura, precisamente por eso, porque había dictadura y no se podía hacer casi nada, salvo cantar canciones de Los Prisioneros. No tengo ni idea si la fama y la popularidad de la banda hubiesen sido igual sin los milicos, pero me da la impresión de que no. Creo que pertenecemos a esa época nos guste o no. ​

Vigencia de sus canciones

Las canciones de Los Prisioneros, a pesar de contar con más de tres décadas desde que se publicaron, han permanecido desde entonces, vigentes por sus letras que se acoplan hasta los tiempos modernos, lo que ha llevado a que sean analizadas de acuerdo al momento en que se vive, así como también para protestar frente a algún descontento. Tal es el caso «El baile de los que sobran» que se convirtió en un himno sobre las diferencias sociales en Chile, ​ ​ que, a pesar de haber sido escrita en 1986, ha sido utilizada para describir la desigualdad en el sistema educativo de Chile en las últimas décadas, ​ ​ así también ha sido coreada por las masas en diversas manifestaciones en Chile como el movilización estudiantil de 2011 ​ y el estallido social en 2019, ​ Jorge declaró reiteradas veces que le daba tristeza ver que este tema siguiera vigente y que nada haya cambiado en Chile desde que la escribió. ​ ​ Florcita Motuda dijo en 2001 que fue un tema representativo para la época en que se escribió: «De hecho, es una canción atemporal porque funciona a la perfección en los tiempos que corren». ​ De igual manera, «El baile de los que sobran» se ha utilizado en protestas de otros países de Latinoamérica ​ como el paro nacional universitario de 2018 ​ y las protestas de Colombia 2019-2021, ​ ​ y en las protestas en Perú de 2020. ​ En una entrevista con Rockaxis en 2019, acerca de la tercera edición de su primer libro El grito de amor, coincidiendo con la época del estallido social, Fabio Salas comentó que Los Prisioneros junto con Los Jaivas y Congreso «cruzan la vivencialidad, música y la historia musical chilena». Hablando puntualmente de la banda de San Miguel, dijo:

... ellos desde que aparecieron causaron un impacto impresionante, un desborde masivo y popular que no se había visto en una banda de rock chileno. Han permanecido en la memoria colectiva porque representan algo muy real, de los 80, una masa de jóvenes excluidos del sistema de la bonanza económica y obligada a vegetar en empleos de semi esclavos o condiciones de la mayor discriminación educativa y social. Creo que lo demostraron y representaron con canciones brillantes, muy orejas, bien realizadas para lo que era lo que era el público chileno. Los Prisioneros llegaron con mucho valor a fuera de las fronteras chilenas, concretamente en Perú y Colombia lograron un impacto muy fuerte que les valió una canonización inmediatamente en el espacio radial y comunicacional en esos países urbanos. En Perú hay seguidores que son casi masivos y mayoritarios como los que hay en Chile. ​

En 2006 —año en que Pateando piedras cumplió veinte años— el actor chileno Héctor Morales opinó que las letras del álbum seguían siendo actuales de forma impresionante y que podían encajar en cualquier etapa de Chile. ​ En 2011, poco antes del aniversario n.º 25 del álbum, Jaime Bellolio hizo un análisis del disco, bajo su perspectiva, con el Chile de ese año, en el blog de El Mercurio, siguiendo el estricto orden de las canciones, desde «Muevan las industrias» hasta «Independencia cultural», tocando temas como HidroAysén y el ya citado movimiento estudiantil. «Y 25 años después vemos que parte del resentimiento —pero no la gracia, la novedad ni la melodía— sigue vigente», declaró ​ el quien sería posteriormente ministro Secretario General de Gobierno en el segundo mandato presidencial de Sebastián Piñera.

Otras canciones que han permanecido contigentes son «Corazones rojos», considerada adelantada a su tiempo, mientras que para su creador más bien está «atrasada en su tiempo». ​ Trata de una sátira y crítica al machismo cantada desde la perspectiva del que se ironiza, lo que ha llevado a algunos a interpretarla literalmente. ​ ​ El periodista Alejandro Ribadeneira del diario El Comercio de Ecuador citó uno de los versos finales de la canción para cerrar su análisis sobre Maluma y su controvertido tema «Cuatro babys», quien aseguró que por esos días la lucha de los derechos de la mujer estaba viviendo un retroceso: «Maluma, claro, no tiene la culpa. Es un hijo más del sistema, uno en que Dios, como dicen Los Prisioneros en su canción "Corazones rojos", también es hombre». ​ Por su parte, el diputado Gabriel Boric recitó algunos versos de «Corazones rojos» en 2016, para apoyar la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados, ​ mientras el grupo de performance feminista Lastesis reversionó el tema para el aniversario n.º 30 de Corazones, agregando nuevas estrofas ya que según declararon, el tema aplica hasta el día de hoy y podían seguir agregando estrófas para dejar más evidencias de la violencia de género; ​ «Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos» habla de cómo Estados Unidos y las principales potencias del mundo miraban en menos a América Latina durante la Guerra Fría. ​ A inicios de los años 2010, Jorge decía que Latinoamérica ahora es «un barrio penca», ​ mientras que en 2017 el senador chileno Jorge Pizarro dijo que «Latinoamérica no es un pueblo al sur de Estados Unidos», ya que según él: «Ya no somos un pueblo [...] que acata las órdenes que emane el presidente de turno en la Casa Blanca. Ahora somos un conjunto de naciones que aprendió la dolorosa huella del intervencionismo de la Guerra Fría y que ante eso, ha optado por defender la institucionalidad y el imperio del derecho internacional». ​ Andrés Panes en La Tercera se preguntó «cómo es posible que González la haya tenido tan clara antes de los veinte [años]». Refiriéndose a cuando grabó La voz de los '80, que pese haber sido creada en plena dictadura sus letras siguen repercutiendo en el presente, no solo por los comentarios de desprecio primermunistas a Latinoamérica o las garras de la comercialización. «Veo a la gente pegada en sus pantallas y pienso que la antigua mentalidad televisiva ahora es una mentalidad 5G; celebro el éxito de Bad Bunny y J Balvin convencido de que el planeta necesita aún más sangre latina, roja, furiosa y adolescente». También señaló que los publicistas siguen usando al sexo como el mejor gancho comercial y que algunos nunca quedan mal con nadie en las redes sociales. ​

Relación con la prensa

Los Prisioneros, en especial Jorge González, se caracterizaron por mantener una pésima relación con la prensa de Chile adherente con la derecha. González explicó: «Gran parte de nuestra relación con los medios tiene que ver con que todo nuestro crecimiento ha sido de nosotros con el público. [...] Con qué autoridad negocia esa gente de El Mercurio, Copesa, que está interesada en poner un Gobierno de ultraderecha para poder pagar pocos impuestos y tener más billete». ​

Desde sus comienzos, en época de dictadura, la prensa, por ese entonces controlada por Pinochet, acostumbraba a censurarlos, criticar cuando sacaban uno de sus discos, y sabotearlos a lo largo de su carrera. En septiembre de 1987, mientras actuaban en Plaza de toros de Acho de Lima, unas personas estaban arrojando proyectiles al escenario. Al día siguiente, la prensa chilena destacó ese hecho en lugar de referirse al éxito que estaban teniendo en Perú. ​ El Mercurio tituló: «Los Prisioneros agredidos en Perú»; añadiendo: «Una experiencia inolvidable vivieron los integrantes del conjunto rock contestatario chileno Los Prisioneros, durante el concierto que ofrecieron ante más de 7 000 frenéticos jóvenes, que agredieron a los músicos con diversos objetos». ​ Años más tarde, Jorge declaró que desde ese entonces asumieron cómo los iba a tratar la prensa de su país cada vez que tocaran fuera de Chile. ​

A pesar del retorno de la democracia, a principios de la década de 1990, y de la banda en 2001, la relación no pareció mejorar, los medios de prensa criticaron severamente las declaraciones del vocalista en la Teletón 2002 y en el Festival de Viña en 2003. ​ Fue en este último evento donde el grupo acusó a la prensa de querer hacer una campaña de desprestigio contra ellos en los días próximos a que estos se iban a presentar en el certamen viñamarino. ​ De acuerdo a Fonseca para Radio Cooperativa, la conferencia en la que González terminó botando los micrófonos, marcó un «punto final» y un «comienzo» de una nueva relación entre la prensa y el vocalista. ​ En octubre de 2003, Miguel Tapia dijo a los periodistas en Ciudad de México, que tenían mala relación con la prensa chilena y que estaban cansados de las cosas que estos inventaban y que solo querían salir de su país. ​ En abril de 2005, antes de subir al escenario en el último concierto de Los Prisioneros en Chile para partir después a tierras aztecas, González se acercó a la prensa y les dijo irónicamente: «Este adiós no es tan emotivo porque seguiremos tocando en México». ​

Tras el despido de Narea en 2003, González acusó al guitarrista de asociarse con la prensa de derecha y hablar en contra Tapia y de él desde su primer retiro de la banda, diciendo que era el «alma» o el «auténtico» de Los Prisioneros, y que ellos se vendieron. Incluso, durante el reencuentro, según Jorge, Claudio siguió hablando mal de ellos a sus espaldas, criticando sus composiciones en el álbum Los Prisioneros, y que después de abandonar el grupo por segunda vez, continuó desprestigiándolos. ​ Claudio Narea desmintió todas estas acusaciones y aseguró que la prensa ultraderecha no quería destruir a la banda como afirmaba el líder de Los Prisioneros. ​

Durante la última etapa, la prensa chilena ni siquiera mencionaba las giras que Los Prisioneros realizaban entre el 2004 y 2005 en Estados Unidos, Canadá, México, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Chile, o se les bajaba el perfil como un fracaso. ​ Solo se refirieron al último concierto en Caracas en 2006, que según los medios chilenos, fueron «pifiados y se pelearon», siendo esto desmentido por Jorge González en la revista Rolling Stone. ​

Premios y reconocimientos

Los medios chilenos empezaron a tomar más en cuenta a Los Prisioneros tras el éxito de su segundo álbum, Pateando piedras. ​ La revista Super Rock los señaló como el mejor grupo de Chile. Además, premió Pateando piedras como mejor álbum, a Jorge González como el mejor compositor y eligió el tema «El baile de los que sobran» como la mejor canción del año. ​ Posteriormente, fueron premiados en Perú por el mismo tema, en Ecuador por «Sexo», en Colombia como el mejor Conjunto de Rock, además, «El baile de los que sobran» fue elegida como la canción del año, y Pateando Piedras como el álbum del año. ​ En 1991 fueron premiados con el premio Laurel de Oro como «mejor grupo rock pop». ​ En sus presentaciones en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar en 1991 y 2003, el público los premió con antorcha y gaviota. ​ En 1998 el videoclip de «Sexo» fue premiado con el Coral Negro en el Festival de Cine de La Habana. ​ El 1 de octubre de 1993 el primer videoclip emitido por MTV Latinoamérica al iniciar sus transmisiones fue «We are sudamerican rockers». ​

Miembros

  • Jorge González - Vocalista, bajo, guitarra, teclado (1983-1992, 2001-2006)
  • Claudio Narea - Guitarra, teclado, coros (1983-1990, 2001-2003)
  • Miguel Tapia - Batería, teclado, segunda voz (1983-1992, 2001-2006)
  • Cecilia Aguayo - Teclado, coros (1990-1992, apoyo en vivo)
  • Robert Rodríguez - Bajo, guitarra, teclado, coros (1990-1992, apoyo en vivo)
  • Sergio Coti Badilla - Teclado, guitarra (2003, apoyo en vivo; 2004-2006)
  • Álvaro Henríquez - Guitarra, coros (2003, apoyo en vivo)
  • Gonzalo Yáñez - Guitarra, coros (2004-2005)
Línea de tiempo

Discografía


Página: Musica.com | Fuente: Wikipedia

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