Mirada de Ángel

LETRA

La nana la despertó a las seis con cuarenta y dos.
La niña arruga los ojos pa' que no entre la luz,
recita la oración de siempre para cumplir con Dios.
Acto seguido en el pecho se dibuja una cruz.
De quién es el coche que espera dos calles al sur.

Armada con libros de texto la lleva el chófer,
mamá la despide en la puerta agitando los brazos,
la niña tiene nueve años como iba a saber,
que hace más de cuatro meses que le siguen los pasos,
y el coche que espera a dos calles enciende el motor.

Un tiro en la sien al chófer, la niña va a la deriva,
un árbol detiene la inercia, ellos la tienen rodeada,
su frente dio contra el cristal y le ha abierto una herida,
los vecinos se encierran con llave, nadie ha visto nada,
y la mano que mató a su chófer ahora le apaga los gritos.
La niña es un uno con ceros a partir de hoy.

La niña ya no arruga los ojos, no ha visto la luz.
En la sucursal del infierno no existen ventanas,
su suerte cotiza en billetes de otro país.
Su vida es un trueque vulgar parecido a la muerte.
La niña no va a ir esta tarde a su clase de inglés.

La niña es un bulto amarrado en un Chrysler café,
un zapato le oprime la espalda, un pañuelo la boca.
La niña esta muerta de miedo y no entiende por qué,
la niña no sabe que a veces también Dios se equivoca.
La niña es desvelo y noticia, la niña no está.

Su planeta cambio de tamaño y mide cuatro por tres.
Su sol es la luz que se cuela debajo de la puerta.
La niña ya no ve diferencia entre un día y un mes,
la niña no sabe si duerme o se mantiene despierta.
La niña ya lleva tres meses buscando un porque.

Seis kilos de menos la niña, tiene llagas rosadas.
Papá casi loco, mamá de nuevo en los hospitales
Se pacta la entrega con una voz manipulada,
la misma que ha venido ofreciendo souvenirs corporales,
y el miedo se rí­e de todos y se frota las manos.
El futuro pone cara de perro cuando le da la gana.

La niña ya no arruga los ojos, no ha visto la luz,
en la sucursal del infierno no existen ventanas.
Su suerte cotiza en billetes de otro paí­s.
Su vida es un trueque vulgar parecido a la muerte,
la niña ya lleva diez meses sin ir al ballet.

El día indicado el dinero esta debajo de un puente,
la niña por fin sale del cuarto donde estuvo guardada.
Todo marcha como pactado, no hay nada pendiente,
de pronto el jefe irrumpe en la sala sin cubrirse la cara.
La niña reconoce en el rostro a alguien familiar,
los planes después del incidente han debido cambiar.

La niña ya no arruga los ojos, no existe la luz.
En la sucursal del infierno no había ventanas,
su suerte cotiza en billetes de otro país.
Su vida es un trueque vulgar resultado su muerte.

La niña ya no arruga los ojos, no existe la luz.
En la sucursal del infierno no había ventanas.
Su suerte será en billetes de otro paí­s.
Su vida un negocio vulgar resultado su muerte.

¡Resultado su muerte!