J.s Homero

El resurgir de las voces: Versión 2 Lp

J.s Homero

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El camino de la luz II
El poeta ya renacido, vivía libremente en los horizontes destínales de la vida. Libre, como el delirante soplo del viento que raspaba suavemente sus mejillas. Libre, como la vehemencia dormida en su cabeza. Libre como el dolor exhausto del amor, que latía lentamente en las entrañas del alma. El paso del tiempo, cada vez más lento, más inquietante, se quedaba arraigado en las cuencas del olvido. Luego de una historia metaversal del amor, se encausaba en un nuevo inicio, debajo de todo el tiempo que bajo su prez, hacia las profanas alucinaciones de la vida en el resplandor de una sonrisa. El espacio para los sentimientos fue arrojado en la brumosa niebla de una mañana, cuando el torrente del rio azotaba ferozmente el cuerpo de las rocas, como si el agua fuera el bálsamo de la aurora. Delirante nostalgia venia hacia el poeta, dejando para siempre lo que marco su vida de escritor. El dolor ya no lo sentía, era algo imposible para él, era como si quisieras despintar el arcoíris, como querer secar el llanto del mar, era como querer sostener todas las gotas de la lluvia en un vaso, para luego tomarlo como el último trago doliente del cielo, que calmaría un sentimiento. Después de eso continúo como si nada, sin la confianza de nadie, separándose de todos, para seguir solo, en lo poco que le queda de vida. Paso desapercibido el cambio enfrente de sus allegados, amigos y familia del poeta, nadie en lo absoluto se dio cuenta de la muerte del poeta enamorado. El renacer, con el nacimiento de un malvado loco del pensamiento, ha despertado, querían ver al diácono de las palabras; el patriarca del tiempo en su melancolía sumido, pues al viejo poeta ha consumido, será lo que el destino dicto y en el nuevo escritor en que lo convirtió. Gasta papel para escribir una nueva historia, en el silencio de esas ganas incontenibles de volver a escribir poesía. Paso mucho tiempo meditando de su trabajo y su esfuerzo, el logro que hasta ese entonces había conseguido. Pero aun no podía volver a escribir nada, a cabalidad de sus pensamientos. Quizás por un lapso de 1 mes luego de haber concluido su último libro, el poeta se proponía próximas metas para la escritura, pero los pensamientos no fluían, aquella inspiración que culminó con la muerte del poeta enamorado por fin desapareció, ni siquiera la melancolía se presentaba. Al diacono de las palabras le hacía falta la simple inspiración. Pero instantáneamente sin saberlo, el destino procrearía, el comienzo de una nueva historia.

El poeta había leía su último libro escrito para ver si la inspiración volvía. Había calmado para siempre al demonio que llevaba dentro. Y hasta ahora no tiene bien definido cuál fue la causa de esa vehemencia interna de esas voces en su cabeza, si quizás fue el desamor y la muerte del poeta enamorado o talvez en realidad fueron los psicoactivos erróneos e innecesarios que ingirió por un tiempo, y quizás lo último tiene más lógica. Lo cierto es que el demonio se durmió. Todas las cosas del mundo ya las miraba con una sutil belleza, viendo la estética de la racionalidad y sintiendo el aroma de la realidad. Cada mañana ya era un mismo mundo, ya no cambiaba, seguía igual hasta el anochecer. Pero las ansias por seguir escribiendo desesperaban al poeta. Sin fronteras pensaba, ideas aglomeradas como estrellas que revoloteaban en su cabeza. Pero no lograba hacer algo conciso con alguna de ellas. Versos había, sonetos había, historias sin fin había, lo que no había era inspiración, para todo lo que escribía. La noche conspiro contra los sentimientos del poeta, lo encerró en un meditar profundo que lo atormentaba cada vez, y se preguntaba - que será del futuro, que será del tiempo, que será del porvenir-.
Los días pasaron, y todo se iba enmarcando en el olvido, todo perdía sentido, el poeta renacido, estaba dormido, y en el cuerpo del escritor habitaba alguien común y corriente. Y así pasó el tiempo, con las ostentosas lluvias de abril y mayo. En el inicio de un nuevo mes sin darse cuenta, el poeta estaba en compañía fraterna de una dama, quizás pequeños minutos, pero en cada corto segundo el poeta tenía su compañía. Esos pequeños minutos se fueron haciendo más agradables para el poeta, la cercanía con aquella dama era un balance que mantenía equilibrado el espíritu del poeta, y relajaba el cuerpo con un simple mirar, puesto la belleza de aquella dama, entraba por los ojos del poeta directo al interior más sensible que el alma, hacia su corazón.
Una mañana el demonio que dormía tranquilo en la mente del poeta, de la nada se levantó, empezó a blasfemar penas sin sentido, aparentaba estar encerrado en el bosque de su vida, el escritor quería apaciguar el tormento que el demonio hacía en su cabeza, y aquel demonio blasfemaba que empezaría la batalla.
Quizás el estrés del escritor, lo despertó, porque por varios días el demonio trataba de levantarse por completo, porque cuando lo intentaba, al escritor hacia que pase en silencio y te hacia aparentar que te odiaba, el demonio cuando despertaba, trataba de consolidarse por completo con la mente del poeta, y si lo veías con otros ojos parecía que estaba enfadado y algo le pasaba. En realidad era que batallaba para dormir a esa bestia mental.
La mañana continúo, la batalla del escritor contra el demonio aun no terminaba, luchaba para que no se apodere de su mente, hasta que llego un fragmento en aquel día, cuando de la nada aparecía a aquella dama. Y solo basto con verla, su pelo bronceado de Carmelo junto a ese aroma dulce de caramelo, hipnotiza al demonio vehemente y de la nada como tranquilizante lo duerme. Tan solo basto con verla. Para que esa bella dama dome por completo a ese demonio interno…
Aquel demonio en una simple lira desahogaba sus penas en una rima, en un simple momento su vehemencia se detiene para siempre.
Y algo inexplicable sucede, ya que más solamente aquella belleza de la dama, fue impregnada en el vivo interior del escritor.
El demonio de la furia y gallardía con un simple suspirar desaparecía, cada suspirar provocados por una hermosa rubia, los rizos pequeños de aquella dama ataban al demonio, y cada vez inhalación de su aroma, deshabilitaban su fuerza y cada vez más estaba perdiendo la razón.
Y es natural que tenga miedo y siga peleando puesto aún tiene recuerdos de su tormentoso pasado. El escritor empezaba a vencer por completo a aquel demonio, este que ya no puede aferrarse más a la vehemencia, le tiemblan las manos cada vez que tiene cerca a aquella dama de cabellera dorada, tiembla cada vez, un poco más, tiembla en la noche y en el día, tiembla suavemente un corazón.
Aquella dama es la versión más explícita de la belleza y el poeta así lo demostraba:
Eres el iris del sol, cuando la mañana comienza
Eres el reflejo de la luz en la arena
Eres el brotar de los pétalos de un girasol
Eres la entonación brillante de una canción
No es su diáfana belleza, la que mi alma acelera.
Es el sentir, el éxtasis de volver a la vida, que hace que mi inspiración venga.
Mi pequeña inspiración, se refleja en el gran sentimiento de un corazón.
Solo le pido al tiempo que te pueda tener más cerca,
Solo le pido al libre albedrío que haga que te merezca,
Porque del tiempo aprendí que si logro tenerte, debo aprovecharlo hasta la muerte.
Porque no sé si este humilde poeta esta en tu libre albedrío, pero a mí me encantara que tú me dijeras: mío.
Luego todo comenzó, el poeta enamorado, si bien yacía muerto en una esquina de la oscuridad del olvido del escritor, podemos recordar, que al momento del renacer, lo único que puede devolverlo a la vida podía ser un sentimiento más fuerte del que lo mato. Pero lo inimaginable sucedió, el poeta enamorado se empezaba a despertar, quería seguir el camino de la luz de aquella dama, que estaba haciendo que vuelva a la vida, empezaba a apercibir el aroma del día, que luego de mucho tiempo hizo que vuelva a escribir poesía.
Pero la mente del escritor es alucinante, el poeta renacido “el demonio” entra en la lucha para que el poeta enamorado no despierte.
Pero el demonio ya estaba frágil y dominado por la dama que solo venia para dormirlo cada vez más. Porque cada diminuto instante que pasaba el escritor con ella, lentamente el poeta enamorado despertaba y lentamente el poeta renacido moría.
Entonces comenzó una batalla, el escritor sentía el retumbo en su cabeza, cada vez más fuerte, cada vez más cerca de rendirse, el resurgir de las voces tomaba forma en una guerra mental.
Pero para toda batalla hay un ganador, el poeta renacido, ese demonio que se creía invencible, desmayo para siempre, la pelea se congelo, y aquel motivo fue gracias a la divinidad pura de esa pequeña domadora, porque finalmente lo durmió.
El poeta enamorado aun no llega a la cacumen de la mente del escritor, está muy debilitado y dolido en cierta forma por el pasado, para él es una sorpresa que haya vuelto a la vida, y en su nueva vida sería agradecida por siempre a la belleza pura de una hermosa dama, una pequeña domadora que domino a un demonio y que al final de la noche...
El poeta enamorado resurgió…
Por fin se apodero por completo de la mente y cuerpo del escritor, los momentos junto a esa dama era cada vez más cercanos, era algo que cada vez iba creciendo en el alma del poeta, sin dar marcha atrás pasaba junto a ella, y los pocos minutos que le ofrecía el destino eran los mejores de una vida entera.
Pero en inevitablemente siempre habrá algo que repercutirá a los buenos momentos de la vida.
Allí es donde el poeta enamorado se le presenta, un camino de sombras.
Comenzando desde cero, mental, espiritual, física e internamente el poeta enamorado proseguía con el paso de los días, dejando vicios, haciendo referencia a esos que dañan su salud, manteniendo en forma la mente y el cuerpo. Todo iba bien, como si nada en el mundo existiera.
Luego mientras el camino de las sombras se le presentaba al poeta, la dama junto sus damiselas, interpretaban mal las cosas que el poeta enamorado hacía en ese camino.
Lo único que hacia el poeta era ver, porque lo buscaba ese camino, el tiempo pasó y le hacía ver inofensivo, bueno, hasta ese entonces.
Y si, pensó en esos momentos que todo eso algún momento tendría un mal final, si seguía como romano llevándose con dos reinos destinos, que si llegaran a juntar lo único que hicieran es querer matarse, por poner un simple ejemplo.
Así pasaron varias ocasiones, denominándolo como falso a aquel poeta por parte de la dama y sus damiselas.
El poeta hablo con la dama sobre aquel tema, sacando solo una pequeña conclusión y fue lo que ella le dijo- cuando no estas con esa tipa, te quiero más-.
Pero el poeta enamorado estaba dispuesto a desmentir, ese concepto de “Falsedad” que le otorgaban, si bien en parte lo hacían sentir mal, el solo quería dejar en claro una sola cosa, que todo es una confusión, y que en verdad, él solo quiere a esa dama.
Y así en cuestión de días, el poeta se centró el pasar junto a aquella dama siempre, deleitándose de su belleza, desde su cabellera color sol con aroma de diafanidad, hasta unos botines negros con interior de lana, que el poeta alguna vez le comento que le encantan. Ella tiene una constelación en su cuerpo, desde el sol que entorna su cabellera, los satélites naturales más hermosos y brillantes de sus ojos, los cometas que giran en su cintura, el destello sonrojado de sus mejillas que se presentan en el titileo de la noche, es la estrella fugaz que enloquece el corazón del poeta, y el solo espera que sienta los latidos de su universo, para que sean un infinito uniendo lo que llevan dentro.
Aun no existe un final para esta historia, el poeta enamorado ha olvidado para siempre el camino de la sombra, el escritor no se arrepiente en lo absoluto de haber revivido al poeta enamorado, ya que solo espera que el destino no lo separe de esa dama, su pequeña domadora, que apaciguo a sus demonios, ya que en verdad la ama, la ama con todo lo que tiene para bridarle, amor y vida y desea que las riendas del destino le indiquen el tiempo adecuado, para que el poeta suelte de su corazón lo que aguarda en silencio, como su más sincero amor… porque el poeta soy yo.

fuente: musica.com disquito - musica.com

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