Biografía de Nubla

’Nada se olvida/ todo se guarda en paquetitos de memoria/ todo es historia /lo que recuerdas y lo que tienes oculto’. Así reza uno de los temas de la barcelonesa, Luciana Carlevaro, la identidad que se oculta tras el sugerente nombre de Nubla. Paquetitos de memoria que, en su caso, dan para ocupar un sinnúmero de baúles a buen seguro repletos de vivencias y experiencias que Nubla más que acumular, atesora; dándole a lo vivido el mismo trato cuidadoso y repleto de mimo que aplica a su música, delicadas miniaturas sonoras confeccionadas con seda y color, viveza y sensualidad, scratches y terciopelo jazzístico.

Hija de un músico que llegó a España como exiliado político, Nubla nació y creció en el ambiente de tierna locura y fraternidad de diversas comunas, siempre rodeada de artistas y con los oídos abiertos a las improvisadas jams que se desarrollaban a su alrededor. Llegaron después los años de formación y unos estudios de solfeo, piano y canto que nunca acababan de llegar a buen puerto. ‘Era un desastre con la disciplina -admite Nubla- aunque ahora lo llevo bastante mejor’.

Tras años de estudio, llegó el interés por el teatro y, ahora sí, de nuevo el cante y la vocación de crear una propuesta en la que estas disciplinas queden imbricadas con naturalidad, sin que se aprecien dónde están las puntadas de la costura.
Al tiempo que Nubla daba brillo a su talento, con apenas dieciocho años, la joven barcelonesa se independizaba (‘era una loca, una kamikaze sin miedo a nada. Pasé unos años de vida bastante loca y bohemia”) y empezaba una carrera artística que ha conocido episodios muy diversos. Teatro infantil, coros para ópera, actuaciones como bailarina en televisión, recitales poéticos, cabaret en el Arnau de la capital catalana, colaboraciones con La Fura dels Baus e interminables giras con varios grupos. Muchas experiencias (atesoradas, nunca simplemente acumuladas) y poco tiempo vivido. Quizás el momento ideal de presionar suavemente el pedal de freno y alzar la cabeza para contemplar lo pasado y el porvenir con un poco de esa perspectiva tan necesaria para ver con claridad. Y así es como surge la idea de dejar de estar al servicio de sueños ajenos para perseguir los propios.

Tras finalizaresta etapa, primera parada: Voayeur (2005). Una excepcional puesta de largo que, además de en España, ha sido publicada en Japón, Grecia, Escandinavia, Alemania y Holanda, entre otros muchos territorios. En este álbum la voz de timbres cálidos y dulzura de miel de Nubla se tendía sobre las turgentes músicas creadas por Toni Saigí y Roger Rodes creando una suerte de trip-hop que quisiera cambiar las brumas de Bristol y los cielos plomizos por el horizonte turquesa del Mediterráneo. Quizás por primera vez se podía admitir el uso que la crítica internacional hizo del término ‘Latin Trip-Hop’. Voayeur evidenciaba que convenía ir haciendo un hueco para Nubla en el imaginario musical español del nuevo milenio.

Así es como empezó a cobrar forma “Una maleta y un perro”, una obra cincelada con cuidado extremo y pulida con esmero de artesano hasta en sus más mínimos detalles en el que la implicación de Nubla abarca desde la composición de todos los temas hasta la producción, la instrumentación e, incluso, el diseño gráfico. El único aspecto en el que Nubla ha delegado ha sido el de la masterización, que en este caso corre a cargo todo un peso pesado de estos menesteres, el neoyorquino Chris Athens, quien tiene en su haber trabajos para una selecta nómina de artistas que incluye los nombres de Beastie Boys, Johnny Cash, Tego Calderón o el mismísimo Michael Jackson. Y siendo tan elevado su grado de implicación en el proyecto, no tiene nada de extraño que el disco funcione como carta de navegación para orientarse por la vida de Nubla en estos últimos años. ‘El disco lo he creado en una época de cambios fuertes en mi vida –explica la barcelonesa- y todo tiene un color positivo. Hasta en los tramos más oscuros se filtra un rayito de luz y color”. Rayito que a menudo se convierte en tumultuoso torrente, impregnando cada pasaje de “Una maleta y un perro” de diáfana luminosidad. ¿Alguien había hablado de brumas y cielos plomizos? ¿De apuntes de tragedia porteña con alma de tango? No sin dejar rastro, el pasado se diluye dejando paso a una Nubla convertida en cronista de la joie de vivre y en escultora de unas canciones de tacto suave y sensual que casi siempre consiguen obrar el mayor de los milagros: dibujar una sonrisa.

Fuente: ...Z!... a través de Musica.com

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