La incertidumbre del pianista

Día Sexto

Letra de la canción

Día sexto:

Anclados en un tierno devenir,
gestionando la esperanza en el compás de tu latir.
Mientras la luna plateaba tu espalda desnuda
me aferraba a tu locura y evitaba huir.

La paradoja de existir,
nuestros miedos camuflaban nuestras ganas de vivir
convencidos de que aquel amor
volvería si apretabas estas cuerdas evitando el fin.

pero todo se deforma,
no encontrarás la luz eterna, siempre te aguarda la sombra.
Deja que entre el aire y que recorra
estos recuerdos congelados, este presente que ahoga.

En la espuma del café
he dibujado una clave de fa, sabes que te esperaré.
o desesperarás, en el intento de volver a ser
el niño que busca la lluvia en soledad.

Si vives para ver amanecer,
si encuentras en tus manos la razón para volar,
si aún me echas de menos y puedes alzar la vista
verás que sigo vivo entre la incertidumbre del pianista.

Hace tanto que perdí mi rumbo.
este nostálgico pianista taciturno me entretuvo;
hoy resisto aunque me duela el mundo
como los hielos que crujen por alcohol en tu vaso de tubo;

el vértigo del infinito me devora
refugiándome entre estrellas nebulosas,
por tu boca caen las horas más hermosas,
por mi cielo pasan nubes que al llorar te añoran.

Me encantaría que supieses lo que pienso
pero solo tengo música en mis venas, corcheas de aliento,
dueña del tiempo que aquí hábito, cruel delito,
vengo de chillarle al infinito que te necesito.

Otro cristal que se confunde y quiere ser espejo,
otro cuerpo sembrado de dudas se hace viejo,
otra revolución ahogada en el desánimo,
otro chupito cálido de tu sudor añejo.

El tiempo no perdona, y me recuerda
que intente no caer a ese vacío en los pasos de cebra,
esta mirada inquieta quiebra, esquiva el daño
antes muerto que sumiso en el rebaño;

ciego de desengaño acudo a limpiar mis heridas
al hospital de tu regazo en lagrimas perdidas
que caen por tu contorno decididas,
quedarse a vivir en tu epidermis de calma suicida.

Vivo en el remanso de tu tierna euforia
en el Mediterráneo de mi triste historia,
dueño de un latido que no encuentra alternativa,
esas tardes en tu cuarto son un cuarto de mi vida.

Esos llantos, esas birras, esas duchas tibias.
tanta envidia, tu sonrisa, la aventura de ser insumisa.
esa mezquita a la que rezo que es tu cuerpo.
esa bendita carga que me amarga con el tiempo así que.

Volaré, no importa donde vayas te recordaré,
en los pliegues de mis sábanas dibujaré
el contorno de tu cuerpo y así soñaré
que existe un futuro donde sale bien.

Y volarás, serás testigo de la eternidad,
vivirás, entre las notas de mi soledad
Este piano te protegerá… Volaré, volarás.

Marta Espinosa:

Este delirio emocional ya no envenena,
me he convertido en ser humano las noches de luna llena.

Y no soy quien para juzgarte,
sólo quiero hacer contigo verbos que acaben en -arte.

Escribo porque vivo, siento y soy consciente
que sumergirse entre las letras duele menos que el presente;

Y no te apures, sobreviviré a esta despedida,
mi corazón es un experto en tierras abatidas.

Antes de irte déjame tu incertidumbre,
prefiero vestirme de dudas a pisar tropezando la cumbre.

Acuérdate que yo maté al olvido
a base de crecer con cada golpe de latido.

El pasado nunca vuelve, sólo pisa, pasa y pesa,
y pensar en el futuro es apostar a ciegas.

Encarnemos el deseo como rayo que no cesa,
juguemos con imposibles, seamos cazador y presa.

Échame en la copa un par de hielo,
vamos a surcar juntos los cielos,
agárrate fuerte de mi mano,
no te canto yo, te reinventa el piano.

He mezclado las excusas con tequila,
he fumado y he bebido desde tus pupilas,
he corrido por callejones desiertos,
he tenido más intentos fallidos que aciertos.

Y es que vivir en el suelo me ha hecho darme cuenta
que cualquier momento es bueno pa’ encender la mecha
que me lleve a las alturas, que haga disparar la flecha
de Cupido, que cese ya esta tormenta.

Me retiraré del campo con una sonrisa,
si me pisan tus fantasmas yo iré más deprisa.
Juego mis cartas al todo o nada, fiel destino,
tú que nunca me has abandonado en el camino.

Volaré, no tengo claro el rumbo pero allí estaré,
haciendo eco a tus huellas, te recordaré
en cada trago de vino y así soñaré,
que existe un futuro donde sale bien.

Y volarás, serás el argumento de mi soledad,
vivirás, en la utopía de la libertad,
este piano te protegerá... Volaré, volarás.

Día sexto & Marta Espinosa:

Volaré, no importa donde vayas te recordaré,
en los pliegues de mis sábanas dibujaré
el contorno de tu cuerpo y así soñaré
que existe un futuro donde sale bien.
Y volarás, serás testigo de la eternidad,
vivirás, entre las notas de mi soledad,
síguelas, este piano te protegerá... Volaré, volarás.

Día Sexto:

Tejeré una red donde poder soñar
en las noches que no acaben y yo acabe solo frente al mar;
tanto divagar y esfuerzo para nada,
tantas sabanas mojadas del sudor de estas espaldas.

No quedan calles que te olviden, tus ojos me piden
que me suicide para que puedan ser libres,
yo sigo a la sombra del ciprés como Miguel Delibes,
rimando la revolución contigo si decides.

Seguir a este Quijote por caminos
llenos de molinos con olivos por los bosques.
poder mirar al lado sabiendo que estás conmigo,
juntos en la lucha y en la cama ser tu postre.

Tus ojos color cielo
aún inspiran a este loco, tocan las cuerdas del cello,
ya no creo en nadie pero creo que en tu pelo,
podemos dormir al sol o acurrucándolo a tu fuego lento.

Aún recuerdo aquella noche que nos conocimos,
los te quiero que a escondidas nos dijimos,
esa noche en la que decidimos que todo acabaría,
bifurcando los caminos de nuestra alegría.

Como íntimos desconocidos, privada guerra
el cuarto movimiento me acerca a tu primavera,
huele a otoño que se desespera si no te desnudas,
la vida es una burla que inocula mi esperanza ciega.

En aras de acabar con mi desastre,
me visto con piezas de adaggio, el caos será mi sastre,
que me ilumine el fuego de las calles
y refugiados de las barricadas pueda chillar que te ame.

Convertir en molotov las botellas de whisky,
que la lluvia de piedras invoque al arco iris,
que llegue ya el ansiado apocalipsis,
quedarme orbitando en el contorno de tu bella elipsis.

Marta Espinosa:

Notas la mentira en la garganta,
mis versos se te atragantan,
sólo puedes escupir.

Rabia, recuerdos de madrugada,
noches en las que la almohada
supo más que yo de ti.

Callas para no seguir perdiendo,
mientras yo vaya escribiendo
creerás que todo va bien.

¡Grita! Échale sal a la vida,
y si escuecen las heridas
cuenta de cero hasta cien.

Antes de verme caer.

Día sexto & Marta espinosa:

Versos en vasos con besos,
tus pasos son esos ocasos,
intenso repaso mi caso,
y no pienso en el falso
consenso que manso
me quiere, contento y callado.

Basta de engaños
sinceros, de baños,
de miedos, de estaño
en cerebro, del año del daño,
el rebaño está inquieto,
falta la chispa el amor entre pueblos.

Olvida mi nombre y olvidaré el tuyo,
mi cara, tu orgullo, mi calma destruyo,
la fe entre tu y yo, la foto en que huyo,
mi cama la calma se empalma lo absurdo,
estudio la forma, tus ojos las normas,

minutos que ahogan, apuestas de póker,
barajo la soga a la sombra del roble,
esperando, buscando otro enfoque.

Caprichos en verso,
nostalgia que lanzo buscando tus besos,
te lo cuenta el oboe,
yo lo acompaño, él sujeta mi peso.

El violín me recuerda que nunca estoy solo,
que es miedo barato,
parece sensato, lo escucho llorando,
eclipsando y dagato.

El compás por bandera,
sentir la madera de aquel contrabajo,
esa noche que espera,
eterna que vuelvas desde las estrellas,
a contarme tus penas,
a forjar tu alegría a olvidar las cadenas,
a evitar la condena,
a dejar la pasión y a olvidar este.

Marta Espinosa:

Freno con cadenas mis impulsos,
pasé de quererte mucho a
"Marta, tienes que olvidar."

Pido no encontrarnos mientras sueñas,
que te busques otra dueña
que se te saque a pasear.

Callas, para no seguir perdiendo,
mientras yo vaya escribiendo
creerás que todo va bien.

¡Grita! Échale sal a la vida,
y si escuecen las heridas
cuenta de cero hasta cien.

Día Sexto & Marta Espinosa:

Diez, veinte, treinta, cuarenta
canciones que tengo en la mente
que llevan tu nombre
y que no debo cantar.

Cincuenta, sesenta, setenta, ochenta y noventa
motivos escritos para seguir vivos,
y que me pienso callar,
cuando pares de contar.
fuente: musica.com

Letra añadida por: María Bentrón Carbia

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