J.s Homero

ALBARICOQUE

J.s Homero

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Un albaricoque de cristal, un chopo de agua
Un alto surtidor que el viento arquea
Un árbol bien plantado más danzante
Un caminar de río que se curva
Avanza, retrocede, da un rodeo
Y llega siempre:
Un caminar tranquilo
De estrella o primavera sin premura
Agua que con los párpados cerrados
Emana toda la noche profecías
Unánime presencia en sus frutos
Flor tras flor hasta cubrirlo todo
Verde soberanía sin ocaso
Como el deslumbramiento de las alas
Cuando se abren en mitad del cielo

Un caminar entre las espesuras
De los días futuros y el aciago
Fulgor de la desdicha como un ave
Petrificando el bosque con su canto
Y las felicidades inminentes
Entre las ramas que se desvanecen
Horas de luz que pican ya los pájaros
Presagios que se escapan de la mano

Una presencia como un canto súbito
Como el viento cantando en el incendio
Una mirada que sostiene en vilo
Al mundo con sus mares y sus montes
Cuerpo de luz filtrado por un ágata
Piernas de luz, vientre de luz, bahías
Roca solar, cuerpo color de nube
Color de día rápido que salta
La hora centellea y tiene cuerpo
El mundo ya es visible por tu cuerpo
Es transparente por tu transparencia

Voy entre galerías de sonidos
Fluyo entre las presencias resonantes
Voy por las transparencias como un ciego
Un reflejo me borra, nazco en otro
Oh bosque de albaricoques encantados
Bajo los arcos de la luz penetro
Los corredores de un otoño diáfano

Voy por tu cuerpo como por el mundo
Tu vientre es una plaza soleada
Tus pechos dos iglesias donde oficia
La sangre sus misterios paralelos
Mis miradas te cubren como yedra
Eres una ciudad que el mar asedia
Una muralla que la luz divide
En dos mitades de color durazno
Un paraje de sal, rocas y pájaros
Bajo la ley del mediodía absorto

Vestida del color de mis deseos
Como mi pensamiento vas desnuda
Voy por tus ojos como por el agua
Los tigres beben sueño de esos ojos
El colibrí se quema en esas llamas
Voy por tu frente como por la luna
Como la nube por tu pensamiento
Voy por tu vientre como por tus sueños

Tu falda de maíz ondula y canta
Tu falda de cristal, tu falda de agua
Tus labios, tus cabellos, tus miradas
Toda la noche llueves, todo el día
Abres mi pecho con tus dedos de agua
Cierras mis ojos con tu boca de agua
Sobre mis huesos llueves, en mi pecho
Hunde raíces de agua un árbol líquido
Siembras en mi alma un árbol prohibido de albaricoque
Voy por tus raíces como por un río
Voy por tu cuerpo como por un bosque
Como por un sendero en la montaña
Que en un abismo brusco se termina
Voy por tus pensamientos afilados
Y a la salida de tu blanca frente
Mi sombra despeñada se destroza
Recojo mis fragmentos uno a uno
Y prosigo sin cuerpo, busco a tientas

Corredores sin fin de la memoria
Puertas abiertas a un salón vacío
Donde se pudren todos lo veranos
Las joyas de la sed arden al fondo
Rostro desvanecido al recordarlo
Mano que se deshace si la toco
Cabelleras de arañas en tumulto
Sobre sonrisas de hace muchos años

A la salida de mi frente busco
Busco sin encontrar, busco un instante
Un rostro de relámpago y tormenta
Corriendo entre los árboles nocturnos
Rostro de lluvia en un jardín a obscuras
Agua tenaz que fluye a mi costado

Busco sin encontrar, escribo a solas
No hay nadie, cae el día, cae el año
Caigo en el instante, caigo al fondo
Invisible camino sobre espejos
Que repiten mi imagen destrozada
Piso días, instantes caminados
Piso los pensamientos de mi sombra
Piso mi sombra en busca de un instante

Busco una fecha viva como un pájaro
Busco el sol de las cuatro de la tarde
Templado por los muros de tezontle:
La hora maduraba sus racimos
Y al abrirse salían las muchachas
De su entraña rosada y se esparcían
Por los patios de piedra del colegio
Alta como el otoño caminaba
Envuelta por la luz bajo la arcada
Y el espacio al ceñirla la vestía
De un piel más dorada y transparente

Tigre color de luz, pardo venado
Por los alrededores de la noche
Entrevista muchacha reclinada
En los balcones verdes de la lluvia
Adolescente rostro innumerable
Tienes todos los rostros y ninguno
Eres todas las horas y ninguna
Te pareces al árbol y a la nube
Eres todos los pájaros y un astro
Te pareces al filo de la espada
Y a la copa de sangre del verdugo
Yedra que avanza, envuelve y desarraiga
Al alma y la divide de sí misma

Escritura de fuego sobre el jade
Grieta en la roca, reina de serpientes
Columna de vapor, fuente en la peña
Circo lunar, peñasco de las águilas
Grano de anís, espina diminuta
Y mortal que da penas inmortales
Pastora de los valles submarinos
Y guardiana del valle de los muertos
Liana que cuelga del cantil del vértigo
Enredadera, planta venenosa
Flor de resurrección, uva de vida
Señora de la flauta y del relámpago
Terraza del jazmín, sal en la herida
Ramo de rosas para el fusilado
Nieve en agosto, luna del patíbulo
Escritura del mar sobre el basalto
Escritura del viento en el desierto
Testamento del sol, granada, espiga

Rostro de llamas, rostro devorado
Adolescente rostro perseguido
Años fantasmas, días circulares
Que dan al mismo patio, al mismo muro
Arde el instante y son un solo rostro
Los sucesivos rostros de la llama
Todos los nombres son un solo nombre
Todos los rostros son un solo rostro
Todos los siglos son un solo instante
Y por todos los siglos de los siglos
Cierra el paso al futuro un par de ojos

No hay nada frente a mí, sólo un instante
Rescatado esta noche, contra un sueño
De ayuntadas imágenes soñado
Duramente esculpido contra el sueño
Arrancado a la nada de esta noche
A pulso levantado letra a letra
Mientras afuera el tiempo se desboca
Y golpea las puertas de mi alma
El mundo con su horario carnicero

Sólo un instante mientras las ciudades
Los nombres, lo sabores, lo vivido
Se desmoronan en mi frente ciega
Mientras la pesadumbre de la noche
Mi pensamiento humilla y mi esqueleto
Y mi sangre camina más despacio
Y mis dientes se aflojan y mis ojos
Se nublan y los días y los años
Sus horrores vacíos acumulan

Mientras el tiempo cierra su abanico
Y no hay nada detrás de sus imágenes
El instante se abisma y sobrenada
Rodeado de muerte, amenazado
Por la noche y su lúgubre bostezo
Amenazado por la algarabía
De la muerte vivaz y enmascarada
El instante se abisma y se penetra
Como un puño se cierra, como un fruto
Que madura hacia dentro de sí mismo
Y a sí mismo se bebe y se derrama
El instante translúcido se cierra
Y madura hacia dentro, echa raíces
Crece dentro de mí, me ocupa todo
Me expulsa su follaje delirante
Mis pensamientos sólo son su pájaros
Su mercurio circula por mis venas
Árbol mental, frutos sabor de tiempo

Oh vida por vivir y ya vivida
Tiempo que vuelve en una marejada
Y se retira sin volver el rostro
Lo que pasó no fue pero está siendo
Y silenciosamente desemboca
En otro instante que se desvanece:

Frente a la tarde de salitre y piedra
Armada de navajas invisibles
Una roja escritura indescifrable
Escribes en mi piel y esas heridas
Como un traje de llamas me recubren
Ardo sin consumirme, busco el agua
Y en tus ojos no hay agua, son de piedra
Y tus pechos, tu vientre, tus caderas
Son de piedra, tu boca sabe a polvo
Tu boca sabe a tiempo emponzoñado
Tu cuerpo sabe a pozo sin salida
Pasadizo de espejos que repiten
Los ojos del sediento, pasadizo
Que vuelve siempre al punto de partida
Y tú me llevas ciego de la mano
Por esas galerías obstinadas
Hacia el centro del círculo y te yergues
Como un fulgor que se congela en hacha
Como luz que desuella, fascinante
Como el cadalso para el condenado
Flexible como el látigo y esbelta
Como un arma gemela de la luna
Y tus palabras afiladas cavan
Mi pecho y me despueblan y vacían
Uno a uno me arrancas los recuerdos
He olvidado mi nombre, mis amigos
Gruñen entre los cerdos o se pudren
Comidos por el sol en un barranco

No hay nada en mí sino una larga herida
Una oquedad que ya nadie recorre
Presente sin ventanas, pensamiento
Que vuelve, se repite, se refleja
Y se pierde en su misma transparencia
Conciencia traspasada por un ojo
Que se mira mirarse hasta anegarse
De claridad:
Yo vi tu atroz escama
Brillar verdosa al alba
Dormías enroscada entre las sábanas
Y al despertar gritaste como un pájaro
Y caíste sin fin, quebrada y blanca
Nada quedó de ti sino tu grito
Y al cabo de los siglos me descubro
Con tos y mala vista, barajando
Viejas fotos:
No hay nadie, no eres nadie
Un montón de ceniza y una escoba
Un cuchillo mellado y un plumero
Un pellejo colgado de unos huesos
Un racimo ya seco, un hoyo negro
Y en el fondo del hoyo los dos ojos
De una niña ahogada hace mil años
Miradas enterradas en un pozo
Miradas que nos ven desde el principio
Mirada niña de la madre vieja
Que ve en el hijo grande un padre joven
Mirada madre de la niña sola
Que ve en el padre grande un hijo niño
Miradas que nos miran desde el fondo
De la vida y son trampas de la muerte
¿o es al revés: caer en esos ojos
Es volver a la vida verdadera?

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
Otros ojos futuros, otra vida
Otras nubes, morirme de otra muerte!
Esta noche me basta, y este instante
Que no acaba de abrirse y revelarme
Dónde estuve, quién fui, cómo te llamas
Que simplemente eres fruto prohibido, de un árbol de albaricoque de cristal

fuente: musica.com disquito - musica.com

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