J.s Homero

La Divina Comedia: Infierno

J.s Homero

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[Capitulo 2]

Me encontraba en un círculo del purgatorio, me encontraba en el círculo de la lujuria.

Cuerpos con sus partes oscuras, por no haber tenido la dicha y fortuna, de gozar del placentero exceso del sexo.

Entonces rápidamente seguí por el camino de la paz, no había nadie en este lugar, todo estaban asustados porque la guerra no para de estallar.

Caminé, pero aún escuchaba el sonido estremecedor de ángeles y serafines en agonía, entonces entendí que entre inmortales se pueden quitar la vida.

Me encontré con un alto árbol, con ramas secas muy debajo, y frutos enigmáticos en lo más alto,

A su alrededor, varias almas en pena, pagando su eterna condena.

Había llegado al círculo de la gula.
Las almas que penaban, se encontraban, desesperadas, por la guerra, temían que iban a quedarse perpetuas, buscan comida en una condena.

Temía que en su búsqueda por saciarse, intenten de mi carne satisfacerse.

Rápido y con sigilo, escondido de su vista proseguí con mi camino.

Llego donde los pecadores se siente deprimidos, porque su dinero no comprará su castigo.

Entre en el circulo de los avaros.

Hugo el grande se me presenta, pero de su codicia también se lamenta.

Me muestra como varias almas quieren pagar su condena, luchando en la guerra.

Entonces le pregunto a Hugo, por qué no va el también a la guerra.

Pero me contesta, que el avaro en el círculo de fuego se quema. No resisten el calor, porque como billete de avaro, de todas sus almas así se hayan transformado, sería imposible traspasarlo.

Hugo se aleja, me indica en donde se encuentra la pereza. El siguiente circulo después de los avaros en el purgatorio.

Al entrar todas las almas que penan allí, son ágiles, no descasan, y veo como preparan armas y protección, porque creen que ellos acabarán con la guerra y Dios les dará su bendición.

Se empiezan a formar en pelotones y uno de ellos lleva consigo viento de Zega a montones.

Todos los millares de almas van en marcha a servirle a Dios.

Al disiparse la gran ola de almas, veo uno grieta que continúa al siguiente círculo.

Antes de salir de la pereza, el cielo se empieza a oscurecer más de lo normal, parece que Dios se acaba de enfadar, pero en realidad es que los ángeles caídos empiezan el cielo a dominar.

Avanzo y me adentro al círculo de la ira.

En Fumarolas de Acre, estaban los iracundos también dispuestos a servirle a Dios para que él, perdone su pena.

Con piedras en mano, gritando y blasfemando el nombre del diablo, iban a la casa de lo extraño.

Todo lo observaba desde una distancia prudente, no estoy aun tan demente para saber que si me atrapan me quedare aquí perpetuamente.

Hasta que uno me alcanza a ver y blasfema;

Oh, ¡mortal! oh mortal¡ mirad el ser mortal que se escabrosa entre nosotros.

Matadlo, matadlo, que el viene de la guerra.

Matadlo, matadlo con toda la ira sin pena.

Que Dios te salve, de las manos de los iracundos.

Entonces, no me queda más que correr, no queda más que pedir a mi destino que no me deje caer.

Entonces logro entrar en el círculo de la envidia.

En ese lugar solo existían almas de generosidad, por lo que me ven perseguido y me van a resguardar.

Los iracundos, arremeten a los envidiosos, mientras por un lado, del lugar, se encuentras los cetros poderosos.

Pero es la entrada al último círculo del purgatorio, al de los soberbios.

Llenos de humildad veo a varias almas rezando por todas las almas caídas en la guerra.

Rezan para que la masacre se detenga,
Rezan para que Dios los lave de su pena.

El cielo se iba haciendo cada vez más oscuro, no sé si era porque estaba llegando al infierno o porque los demonios dominaron este mundo.

Camino un poco más, ya quiero terminar, quiero descansar.

Pero ha llegado la hora, resbalo por el camino negro con, grietas en formas de cruz.

La oportunidad de mi renacimiento está cada vez más cerca. A pesar de que la guerra no cesa, eso no va a impedir que renazca.

Finalmente llego a las orilla del purgatorio, me esperaba Cantón con el corazón mortuorio.

La guerra no cesa, y Dios hace su último intento en busca de me certeza.

Los riachuelos crecen como olas, como si Poseidón hablara con Pandora.

Cantón me grita; que confíe, porque se ha otorgado el báculo de Moisés.

Camina, libre y traspasa las olas, este acto más de que lo valoras.

Que sea el sacrificio para que la guerra pare, mi hijo va a morir porque él es un ángel.

Corre antes de que el poder de Dios te cargue, e impida ver como tu valor renace.

Me condeno por la paz de mis prójimos.

Anonadado, cruzo las olas, sabiendo que dejo un alma sincera sola.

El calor poco a poco se iba haciendo cada vez más emergente, el alquitrán en mis pies era más caliente.

Si, por fin lo había logrado, este por los hombros de lucifer bajando.

Miles de pecadores en fila tratan de ascender al cielo, no para ser salvados sino para ayudar a la guerra que yo he creado.

Pero los príncipes y monarcas del infierno, se presenta delante de todos los pecadores del destierro.

Lucifer se levanta, estaba tras su espalda, resbalo, pero me toma de la garganta.

Creador de armagedones, poeta humilde que quiere vestigones.

Respeto tu gallardía para provocar una guerra en el mismísimo cielo, era un plan que por muchos años trataba de hacerlo.

Pero en apenas días desde que llegaste, en un parpadeo lo lograste.

Me suelta y me deja caer al piso.

Porque esta insignificante travesía tuya para llegar hasta aquí, muchas almas estando aquí solo quieres salir.

- Señor de las tinieblas vengo, con el valor que me merezco a pedirle la reencarnación.
Pero de que hablas si yo no soy Dios.
- Lo sé. Pero yo pido un demonio, en mi interior, quiero el secreto del dolor.
Eso no es algo que yo te lo pueda dar, sin embargo haz llegado al mejor indicado lugar.
No haré que tu viaje haya sido en vano, pero déjame decirte que tu travesía recién ha empezado.
- Haré todo lo que tenga que hacer
Vas a reencarnar el demonio desde tu interior, vas a tener que asesinar a todos los príncipes de tu señor.
- Que lograré con eso
Hacerme saber que no existe otro demonio en mi constelación más poderoso y despiadado que tú.

Te obsequiaré tu renacer, sabrás el secreto del dolor, porque si lo logras me iré contigo en tu interior.

Fue el trato de buscar la respuesta por mi cuenta, y al final de día no servirá de nada lo que haya conseguido si no lo hago.

Porque de eso depende para que lucifer se vaya conmigo.

Me encamine a la búsqueda de mi renacer, y ni en pocos pasos me encontré con Set.

Este era el monarca de la muerte en el infierno, miraba sus ojos y miraba un cetro.

Así como Uriel pudo asesinar a Rafael, la guadaña que me dio Catrina aun podía serme fiel.

Con ella podía asesinar a todo demonio existente en el infierno.

Set, tenía un cayado con una punta de lanza y en la otra una cruz invertida, no debía dejar que me toce con ella, sino como arenas movedizas en el magma me sumergiría.

Set, atraviesa su cayado por mi pecho, me arrodillo, pero no muero. Él se ríe estrepitosamente, cuando me doy cuenta que mi corazón sigue latente.

Luego entendí que aún traía puesto el manto de catrina, yo era la muerte, no era un dios ni un monarca, era el sentido y la ley suprema de esa comarca.

Mientras de espalda Set en su falsa vanagloria se reía, con la guadaña de catrina, oscuro humo de la herida se veía.
Al matarlo obtuve su deidad de fuerza brutal.

A lo lejos parecía que un elefante se acercaba al lugar, segundos después note que era Balam.
Una cabeza de humano, una de toro y carnero, montado en su ojo, me veía a lo lejos.

Salta y deprisa corre hacia mí, piensa que con su cola de serpiente me detendría.

Corto su cola, mientras su halcón, vuela sobre mí, monta su oso, para embestirme lejos de aquí.

Pasa encima de mí, como su yo fuera sombra, mientras se acerca, la guadaña distancia acorta.

Se avienta hacia mí, pero solo pongo la punta para lo sienta cuando está a punto de morir, por ser un demonio estrepitoso.
Al matarlo obtuve su Don de ser ingenioso.

Me adentro un poco más en la divinidad del infierno y llego a pensar que todo esto es solo un sueño.

Pero el sonido de unas trompetas acercándose, hacen que mi latidos e incrementase.
Purson a pocos metros de distancia, con su trompeta blanca, me esperaba. El sin palabras toma su lanza y como Set, piensa que gracias a eso todo acaba.

Y veo eso a mi favor, tomo la lanza en mi mano, y finjo que me traspaso, Purson se acerca para cerciorarse de que este muerto, pero al agachar la mirada, al infierno lo mando preso.

Al asesinarlo se me concedió el poder de responder con la verdad sobre todos los secretos y cosas divinas de la Tierra y la creación del mundo.

De los cielos veo que algo se acerca, siento la presencia de algo que detenga.

Beleth, con sus alas desprende de mi cuerpo el manto de Catrina, me quedo invulnerable a que por sus espinas se me inyecte el mal.

Su hórrido y frío relincho, me asórdese, cuando me eleva por los cielos, para dejarme caer hacia el suelo.

Me aferro a sus alas, intentado que ninguna de sus espinas en mi cuerpo sean clavadas. Tomo la guadaña y le corto las alas.

Caemos en picada hacia el Aqueronte, poco antes de sumergirnos al río de la pena, tomo impulso para que solo el cuerpo de Beleth se sumerja.

Al morir se me otorga el don de ser protegido en cada guerra en la que el corazón es él que pelea.

Pero veo como lentamente se me acercan, Paimon y Belial, el uno en su camello y el otro baja desprendiendo sus alas. Mientras del Aqueronte sale Leviatán devorando a Beleth.

Sentí en ese momento, que no iba a poder sobrevivir, tres demonios que debía asesinar, pero sin el manto de catrina, mi boleto hacia la muerte de mi alma estaba por asegurar.

Entonces el oráculo de Delfos con la ayuda de Apolo, encargan a Aquiles y Ulises para enfrentarse a los demonios, ya que por el don de Beleth, el oráculos de Delfos vendría en mi socorro.
Aquiles enfrenta a Paimon y Ulises a Belial, mientras yo trataba de sobrevivir al Leviatán.

Su boca roza la tierra, y como si fuera toro me subo a su cien.

Estanco la guadaña en su cabeza, hasta que fallezca. Pero sin pensarlo, parece una iguana cuando sale del Aqueronte.

Me deslizo por su cuello a corto la cabeza a Paimon, Aquiles me agradece y va en ayuda de Ulises.

Al asesinarlo se me enseña todas las artes, las filosofías, las ciencias y las cosas secretas.

Puedo revelar todos los misterios de la tierra, el viento y el agua, lo que es la mente y todo lo que el conjurador quiera saber.

Se me atribuye el poder de provocar visiones, resucitar pensamientos muertos, y convocar a espíritus de diversas formas.
Ulises y Aquiles asesinan a Belial, por lo que no se me es concedido nada, pero entonces unimos nuestras armas dos espadas y una guadaña, y con un malformado tridente, traspasamos el corazón pestilente de Leviatán.

En es justo instante, todo se oscurece, todo desparece y me encuentro en frente de Lucifer.

Has logrado matar a los sietes principies del infierno.
Hoy yo reencarnaré en tu cuerpo.
Hoy sabrás lo que es morir por dentro.
Un demonio a un poeta va hacerle el destierro.

fuente: musica.com disquito - musica.com

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